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El Perugia “dei miracoli”

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En Italia, la ciudad de Perugia es más conocida por el chocolate o por la marea de estudiantes que cada curso inunda sus empinadas calles que por el fútbol. Pero en la década de los setenta, los grifoni dieron que hablar en la máxima categoría del calcio italiano.

Si alguna vez viajan a la capital umbra, corazón verde del Belpaese, descubrirán que no solo existe el monorraíl en Springfield, sino que la versión perugina hace su última parada en la estación de Pian di Massiano, a pocos metros del estadio municipal de fútbol. Precisamente, así se llamó este recinto hasta noviembre de 1977: Comunale di Pian di Massiano. En este campo hicieron su debut europeo jugadores tan dispares como el nipón Hidetoshi Nakata que, desencantado con el fútbol profesional, hoy recorre el país del sol naciente con una mochila a la espalda; Al-Saadi el Gadafi, hijo del defenestrado líder libio Muamar el Gadafi; o el ecuatoriano Iván Kaviedes, ex de Celta y Valladolid.

Llovía intensamente sobre este terreno de juego en la sexta fecha de la temporada 77-78. Los locales se enfrentaban a la Vecchia Signora de Trapattoni cuando, a los pocos minutos de comenzar el segundo tiempo, Renato Curi, el número 8 del Perugia, caía desplomado sobre el círculo central. Un ataque cardíaco había fulminado a un jugador clave en el ascenso del equipo a la Serie A tres años atrás, a un luchador incansable y a uno de los preferidos de la afición. Si La Gazzeta dello Sport de la época hablaba del fútbol total, del “modelo Ajax” desplegado por el conjunto de Ilario Castagner, está claro que su Neeskens particular fue un Renato Curi elevado ya a la categoría de mito. Aproximadamente tres semanas después del luctuoso suceso, el Comunale toma el nombre del calciatore nacido en Montefiore dell’Aso para lucirlo orgulloso hasta el día de hoy.

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Renato Curi


En esa temporada el Perugia logra el sexto puesto repitiendo así el resultado obtenido en el curso anterior. Con Franco D’Attoma como presidente y Silvano Ramaccioni en la dirección deportiva, el club del grifo poco a poco se consolida en la zona alta de la tabla y se convierte en el equipo de moda del fútbol italiano. Eran años en los que también vistió la camiseta
rossa Paolo Sollier, que llegó a militar en la organización comunista Avanguardia operaia. Mucho antes de que Cristiano Lucarelli mostrase una camiseta con el retrato del Che en un partido de la Sub 21 azzurra, il Sinistro di Dio desafiaba con el puño izquierdo en alto al palco del Comunale de Turín, en el que se encontraba su antiguo patrón en la FIAT, Umberto Agnelli, propietario también de la Juventus. Gestos como este o sus declaraciones sobre la hinchada laziale convirtieron a este grifone rosso, junto al malogrado Curi, en uno de los símbolos que mejor representan al club en esta etapa anterior a la temporada 78-79.

Otra muerte sorprendería a los aficionados del equipo. El 29 de agosto del pasado año fallecía, tras luchar contra una larga enfermedad, Antonio Ceccarini. Il Tigre de Perugia, como lo apodaban, fue el auténtico héroe en el último encuentro de la temporada 78-79, en la que el cuadro umbro consiguió la mejor clasificación de su historia, segundo (solo por detrás de aquel Milan della Stella), estableciendo además un récord hasta aquel momento: disputar un campeonato entero de Serie A sin perder al menos un partido. Dicen que fue el Perugia dei miracoli y milagroso fue también el gol de Ceccarini que significaba el empate a dos contra el Inter: lateral zurdo, único tanto en 139 participaciones en la máxima categoría, de cabeza tras una prolongación, con Vannini y Bagni expulsados y segnando in zona Cesarini, es decir, in extremis, en los últimos minutos de un encuentro que está ya en los anales del fútbol italiano.

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Antonio Ceccarini

En el curso siguiente se produce un hecho histórico que marca el inicio de un nuevo modo de hacer las cosas en el mundo del fútbol: el Perugia se convierte en el primer equipo italiano en llevar publicidad en sus camisetas. La Federación, que había dictaminado que solo se podía lucir el logo de la marca deportiva, multa al club. Pero D’Attoma no se rinde y se saca de la manga la línea “Ponte” dentro de su propia y exitosa empresa de material deportivo para, de esta forma, justificar la entrada del patrocinador y fabricante de pasta “Ponte”. Una treta que lleva dinero fresco a las arcas del Perugia y permite la llegada del que luego sería máximo goleador del mundial de España y Balón de Oro, Paolo Rossi.

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Paolo Rossi

Era el principio del fin de la etapa dorada de un club humilde del centro de Italia. Una época en la que el fútbol moderno empezaba a dar sus primeros pasos antes de convertirse en el monstruo que es hoy. Un tiempo en el cual el calcio aún se construía a base de pequeñas historias, de anécdotas, de sorpresas.

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[Historia publicada originalmente en Kaiser Football]

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