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El penalti indirecto realmente nació en España

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Como ya vaticinaba Luis Enrique en la rueda de prensa posterior al Barça-Celta, y no se equivocaba el hombre, el penalti indirecto iniciado por Messi y finalizado por Luis Suárez iba a dar que hablar. Rápidamente se comenzó a cuestionar su intención; homenaje, falta de respeto, vacile o simple divertimento. Cuando la insurgente duda quedó resuelta, no mucho más lejos de la realidad de que si lo realiza tu equipo es poco menos que una obra de arte, pero si es el rival quien lo lleva a cabo es una ofensa intolerable a la deportividad, el respeto y el ‘fair play’, comenzamos a buscar precedentes.

Lo primero que se nos viene a casi todos a la cabeza es el magnífico penalti en los tiempos de Johan Cruyff con el Ajax del 82’ y en contraposición, la desastrosa imitación ejecutada por Pires y Henry en 2005. Los futboleros más longevos, y cualquiera que investigue un poco por internet se habrá percatado ya de que este invento no es nada novedoso. Para la FIFA trascendió por vez primera vez en el año 1957, hasta en dos ocasiones se pudo presenciar ese año, y otra más en 1964 también fue utilizado este maravilloso recurso. (Recomiendo leer el post ‘La historia del penalti indirecto’). Lo que quizá muy pocos afortunados sepan es que su origen se remonta varios años atrás. Nació en la noble región española de Cantabria.

El periódico regional cántabro El Diario Montañés y un periodista, Raúl Gómez Samperio, han sido los encargados de investigar y sacar a la luz esta curiosa historia. El relato comienza con un catalán, sí precisamente un catalán, así de caprichoso es el destino, que fue el osado entrenador empeñado en reinventar el fútbol. Samuel Lamarca Bartolomé (1921-2002), natural de Tarragona, se desplazó a Cantabria de vacaciones y por culpa de la Guerra Civil se asentó allí definitivamente. Comenzó su carrera como técnico en Madrid, donde fue destinado al servicio militar, y dirigió algunos equipos más a su vuelta a Cantabria. Uno de ellos, el Kotska, un conjunto de chavales de 16 y 17 años, es el pionero en este arte de las penas máximas. Ganó dos torneos de barrio en 1947 y 1948, antes que el primer penalti indirecto reconocido por la FIFA.

Lamarca, calificado como estudioso, innovador e incluso ‘friki’ por quienes lo trataron, se dice que fue el introductor en Cantabria (hasta en España, se dice) de un sistema con cuatro centrocampistas, ya que por aquel entonces lo habitual era el esquema de portero, dos defensas, tres mediocampistas y cinco delanteros. No contento con esto, analizó y revisó el reglamento hasta la extenuación con afán de encontrar un resquicio de mejora y originalidad. El reglamento del fútbol escrito por Pedro Escartín en 1941, en su regla número 19 sobre los penaltis, dictaba así: “El jugador que ejecuta el castigo deberá lanzar el balón hacia adelante y no podrá volverlo a jugar hasta después que haya sido tocado o jugado por otro jugador”. Fue en este punto donde Lamarca sorprendió a propios y extraños.

Dos de sus jugadores, Zalo y Manuel Fernández Mora, fueron los artífices. El penalti terminó en gol ante el asombro de rivales, espectadores y árbitro, quien decidió anularlo al considerarlo ilegal sin dejarse influir por las explicaciones y protestas de Lamarca. El entrenador catalán se puso en contacto con las altas esferas del periodismo, como por ejemplo José María Mateos, periodista vasco y ex seleccionador nacional de fútbol. Los alegatos de Samuel Lamarca fueron considerados válidos y el Colegio Cántabro de Árbitros se vio obligado a rectificar y considerar los tantos conseguidos de aquella extravagante forma como legales.

Continúo su carrera como técnico de equipos menores en Cantabria y Venezuela y consiguió un puesto en la gerencia del Racing de Santander en los años 80. No saldrá en la televisión, nadie lo legitimará como su creador dado la inexistencia de pruebas materiales. Solo la fe y la confianza en la palabra de quienes pudieron vivirlo elevarían a Samuel Lamarca Bartolomé como inventor del penalti indirecto. El fútbol abarca mucho más de lo que conocemos y conoceremos jamás. Creer o no creer, he ahí la cuestión.

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