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El pase de Messi

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Todos sabemos de lo que es capaz Leo Messi. Lo conocemos porque lo ha demostrado en el terreno de juego una y otra vez. Sin cansarse. Sin pararse. Como si cada gesto fuera el primero, el original. Con esa delicadeza como cuando te acabas de comprar un móvil nuevo y no quieres que se dé un golpe.

Como cualquier futbolista Messi ha ido evolucionando su juego a lo largo de los años. Sus inicios fueron de extremo puro, enganchado a la línea de banda. Poco a poco desplazó su posición. Con Guardiola se mudó al centro del ataque. Ahora vemos a un Messi libre por el campo, que parte hipotéticamente en el once inicial por banda derecha pero que deambula por el verde por dónde él quiere y el equipo necesita.

Sus funciones no han ido variando con el paso de las temporadas. Han ido aumentando. Cada vez toca más registros. Goles, asistencias, creación de juego en el medio campo, desborde por banda, etc. Un futbolista total. Messi es el mejor y hace mejores a los que le rodean.

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Cuando el argentino recibe el balón en la zona de 3/4 de campo contrario la defensa y el portero rival empiezan a temblar. El abanico de posibilidades que se le abren a Messi es proporcional a su calidad técnica. En los últimos años el chico nacido en Rosario ha ido mostrándonos con reiteración una faceta de su juego, que ya puede llevar su nombre y que todos conocemos. El pase de Messi.

Es esa acción en la cual el argentino, des del carril central del campo, envía un pase, ya sea raso o elevado, al extremo o lateral izquierdo de su equipo. Cuando un equipo se enfrenta al Barça de Messi, el central y lateral derecho contrarios saben que sus espaldas van a ser bombardeadas con el pase certero del diminuto futbolista. Lo saben de antemano, y aún así sufren y sufren. Saben que lo va a hacer, pero lo sigue haciendo.

Estos últimos años los jugadores que más se han beneficiado de esta acción han sido, por un lado el lateral izquierdo del Barça, Jordi Alba, y por otro lado, el extremo, Neymar.

Cuantas y cuantas asistencias y/o ocasiones de peligro ha generado el pase de Messi para sus dos compañeros culés. Me centro en especial en Neymar. El brasileño se ha ido del Barça. Su marcha al PSG, aunque él lo haya desmentido, se presupone que es porque quiere liderar un proyecto y intentar ser así el mejor futbolista del mundo.

Todo parecía indicar que Neymar era el heredero del trono de Messi. Más que un escudero, era un amigo. Cómo él mismo dijo, fue al Barça porque quería jugar al lado del argentino. Los dos se entendieron a la perfección, de forma sorprendente, des del primer momento. Pero el brasileño se cansó de esta situación y se ha ido del Barça en busca de un protagonismo que no conseguiría estando en el mismo equipo que Messi.

Ahora, el chico nacido en Mogi das Cruzes, emprende su camino solo. A partir de hoy él es el mejor del PSG y el que va a tener toda la responsabilidad en los momentos difíciles. Pero, ¿quién le va a dar los pases en el conjunto francés?, ¿quién le va a dar esa asistencia que lo deja solo delante del portero? Messi sólo hay uno y está en el Barça. Neymar no ha comprendido que jugando al lado del argentino, lo hace ser mejor al brasileño. Querer usurpar el trono de Messi, nadie lo podrá hacer hasta cuando la pulga abdique. Con esta decisión Neymar ha desperdiciado seguir creciendo al lado del rosarino, seguir aprendiendo al lado del mejor, y contar así con el beneplácito del rey a la hora de designar su sucesor. El pase de Messi para Neymar se ha acabado y quién sabe, si en el futuro, lo va a sufrir como rival.

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