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El Niño de todos y lo realmente importante

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A estas horas de la madrugada debería estar ya conectándome a la NBA. Pero es que no puedo. La imagen de Fernando Torres rebotando contra el verde sigue aún en mi cabeza. En bucle. He visto cosas muy fuertes en el fútbol. Desde tobillos literalmente colgando hasta muertes repentinas. Y sin embargo, hoy me sobrepasó la escena…

No estaba viendo el partido. De hecho, no estaba viendo ni fútbol. Claro que los otros quehaceres que me tenían ocupado no me impedían tener en el navegador de mi portátil abierta la pestaña de twitter. Por aquello de seguir un poco de reojo la actualidad. Algo tan habitual en estos casos, que prestas poca atención a los mensajes que se suceden. Pero de pronto vi saltar las alarmas en la red social. “Que no sea nada lo de Torres”. “Espero que el Niño se levante cuanto antes”. “El fútbol pasa a segundo plano”. “Algunos jugadores no quieren ni mirar”

Me levanté entonces de la silla y bajé al salón. Encendí la televisión y retrocedí en la emisión del canal que retransmitía el duelo. Veo el choque en el (ya falso) directo. Bergantiños va fuerte e impacta de lleno con el 9 atlético. Una fuerza arrolladora. Pero el obstáculo, en este caso, no es inamovible. Con todo, de primeras pienso que es otro golpe más. Duro, eso sí. Durísimo. Aunque hasta ahí. Sin embargo, Torres es rodeado rápidamente por sus compañeros. Algunos parecen muy asustados. Yo no acabo de explicármelo. Hasta ver la repetición. Fernando cae a plomo. Y su cuello parece querer desprenderse del tronco. Gira… Yo también me giro.

Descubro entonces a otras personas que están en casa y han acudido a mi posición al verme pasar por su lado, sin detenerme, rumbo a la pantalla. También ellas contemplan la escena. Alguna no puede contener las lágrimas. Otra teme lo peor. La tensión es irrespirable. Gabi y Vrsaljko corren a socorrer a su compañero y actúan por instinto (tema controvertido, puesto que su intervención pudo no haber sido la correcta en estos casos). Sigo el TL en mi móvil y leo sobre cánticos miserables que desean la muerte a quien podría estar precisamente en riesgo vital. No sé si es cierto. Me entero luego tiene pinta de ser un bulo. Mal, hay cosas que no proceden. Como pretender beneficiarte de la hipersensibilidad del aficionado. Pero los abucheos sí que los escucho. Me parece que se está respetando poco el momento. Pienso que somos una especie de mierda. Un fracaso. El menos humano de todos los seres. El fútbol vuelve a sacar lo peor de nosotros. Los responsables no vacunan a los estadios de esos virus. En Riazor se esconden bajo las siglas de Riazor Blues. Círculo vicioso, la pescadilla que se muerde la cola. Asco. Mucho asco. Entonces Andone se dirige a la grada. Y la gran mayoría silencia a ese cáncer que son los Ultras. Miserables. No merecen respeto.

Las asistencias se llevan a Torres. Y el partido sigue como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, que diría el cantautor. Yo estoy en el aire. Tocado. Todos lo estamos. El corazón encogido, como un padre cuando su niño sufre un percance. Aunque este Niño es especial, es un poco de todos. De los atléticos, por supuesto. Pero del resto también. Y ya no se trata de lo que vemos dentro del rectángulo de juego. Futbolísticamente te puede gustar más o menos, todas las opiniones son respetables. No va por ahí. Es la propia persona. Uno de los tipos más coherentes y educados del panorama futbolístico español. Un hombre hecho a sí mismo. Un jugador que ya es más que eso. Es un símbolo, un icono. Una leyenda para los colchoneros.

Mientras, se suceden otras barbaridades. La mayor de ellas, que se sigue jugando… A nadie en su sano juicio le interesa ya. Hay en juego algo inmensamente más importante que los tres puntos.

Yo continúo pendiente del móvil. Al final del choque, Filipe Luis se acerca al micro del canal que emite. Su nudo en el estómago es compartido. El mío se alivia ligeramente cuando confirma que las noticias son esperanzadoras. Pero sigo sin tenerlas todas conmigo. Espero más información. No porque me guste el morbo, suelo huir de eso. Es que estoy pasándolo realmente mal. La imagen no se ha ido. Pese a las declaraciones del lateral, mi escepticismo se mantiene presente. Por fin llegan tweets que desdramatizan el momento. Son de la cuenta oficial del Atlético de Madrid. Textualmente rezan: “Buenas noticias (1/2). A Torres se le ha realizado un TAC craneal y cervical. No hay alteraciones ni lesiones traumáticas”. “Buenas noticias (2/2). Torres está consciente y orientado, pasará la noche en observación en el hospital por protocolo médico”.

Solo entonces yo también empiezo a orientarme. A despertar de un mal sueño. Poco a poco voy regresando al mundo banal. A lo habitual en las horas que son. Lo consigo únicamente a medias. Ceno la mitad que de costumbre. Vuelvo al PC donde aquello que estaba haciendo ya da lo mismo. Pongo algo de música, aunque ni reconozco qué canción suena. Da igual todo. Jet Lag anímico. Ya me iré reencontrando. Puede que mañana esté de nuevo al 100% Justo cuando vea a Fernando saliendo por su propio pie de donde ha quedado ingresado.

PD: pienso que es una inmejorable oportunidad para que todos los medios den una lección, e independientemente de sus afinidades decidan otorgar su portada a lo realmente importante: la vida.

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