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Leo Messi, el niño con el pijama de oro

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¿Otra vez al gol te vas? Sí hijo, otra vez al gol, Thiago. Es anecdótico lo que ocurre en la intimidad de Leo pero creo que logra explicar a la perfección la magnitud del personaje. Histórico. Leo Messi consigue su quinto Balón de Oro en los últimos siete años y ya no alcanza…supera la cima mundial. Un hombre bañado en oro.

Esta vez no hubo dudas, ni debates, ni cuadros comparativos. La recta razón actuó por encima de todos sin objeción. Leo Messi es universal; todo ser humano le puede y debe conocer. Su autoridad se extiende por encima de todos. El campo es un libro, el balón es la pluma y Messi es el mejor escritor. Con Leo hemos vuelto a nacer, hemos visto estrellas fugaces y hemos vivido historias de todos los colores y casi siempre con buen final.

Leo Messi es inmutable y eterno; nadie le puede cambiar, no varía. A sus 28 años y en plena madurez futbolística se vuelve a superar a sí mismo. Impone las diferencias, las pautas de juego. Cómo y cuándo atacar. En definitiva, maneja el tiempo.

La edad media del ganador del Balón de Oro está establecida en 27 años, con una excepción destacable como el primero en alzarlo: el inglés Stanley Matthews, que lo hizo con 41 como homenaje a su carrera deportiva. Messi está en disposición de obtener el quinto a sus 28 años. Misma edad con la que, por ejemplo, ganó Platini el primero de sus tres galardones. Barrera que han superado otros futbolistas, como el propio Cristiano (que se llevó su tercero ya con 29 años cumplidos), Pavel Nedved (31), Lothar Matthäus (29), Franz Beckenbauer (logró su segundo a los 31), Bobby Charlton (29), el portero Lev Yashin (34), Josef Masopust (31) o Alfredo di Stéfano (ganó el primero a los 31 y el segundo a los 33).”  Fuente: El Mundo

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Una tanda de penaltis desafortunada y el rugido de un león dormido le dejaron sin su pleno de títulos en el 2015. Solo la Copa América y la Supercopa de España le faltaron. Su mejor historia del pasado año, dudo entre la cadera de Boateng o el eslalon frente al Athletic. La magnitud del evento, de su historia, la del rival y la del animal al que se enfrentaba me hace quedarme con la cadera de Boateng. Una exhibición de Manuel Neuer durante algo más de una hora en un Camp Nou abarrotado. El billete para Berlín al alcance de la mano. Y tan simple, Messi, otra vez al gol.

No dio tiempo casi para pensar. Messi se internaba en el área otra vez por la derecha, le dislocó la cadera a Boateng con la izquierda y terminó de romper el muro con un golpe suave con la derecha. Solo los genios pueden hacerlo. La suavidad cobra más importancia que de costumbre por el oponente. Limpio, suave, con frescura. Es necesario descubrir la grandeza que nos ocultan las cosas pequeñas. La capacidad de hacer sencillo lo complicado, de solucionar ecuaciones algebraicas con una simple suma y de hacer temblar el globo terráqueo con un sencillo giro de cadera, esta vez, Jerome acabó sentado, le faltaban las palomitas viendo el desenlace de una tragicomedia con tintes románticos. Guardiola volvió a cerrar los ojos, esta vez dolió más. Era la muerte que llamaba a la puerta. Aquella mujer que el Pep le enseñó a vivir, marchaba de la mano con otro. El creador se quedaba sin su invento. Leo Messi, otra vez al gol.

 

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