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El muro, la roca y las avispas para solidificar un liderato

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Borja PARDO – Llegaba el Barça a Heliópolis con un once plagado de rotaciones. Tal vez Martino tenía confianza plena en que el colista de la competición no sería un mayor escollo para un equipo que sin llegar a la excelencia te mata desde el pragmatismo. El caso es que el Betis agobió y de que manera el terreno de Valdés.

Los catalanes formaron hasta con seis "suplentes" como Montoya, Puyol, Bartra, Song, Cesc y Pedro y el conjunto culé sufrió lo indecible durante más de media hora. El partido parecía complicarse cuando Lionel Messi tuvo que retirarse por el enésimo problema en el bíceps femoral de su pierna izquierda. Entró Iniesta para garantizar el control de juego y liberar en su vuelo a la dupla Neymar-Pedro, la jugada le salió bien a Martino. Tener a once hombres en la presión -Messi hace tiempo que dimitió en sus obligaciones defensivas- siempre es un plus, aunque ello suponga prescindir del Pater Nostrum.

El Betis -increíble que este equipo marche colista- le jugó al líder sin complejos y obligó a Valdés a destapar por enésima vez en este 2013 el tarro de las esencias. Los verdiblancos menearon el avispero culé con descaro y alegría, y claro, dos picotazos de las avispas Neymar-Pedro mataron el partido. Dos chispazos, dos islas de lucidez en un Barça espeso que dieron un 0-2 al descanso para los culés, lo cual era un resultado tan inmerecido como irremontable. En el primer acto Valdés ejerció de muro y Alex Song de roca. Fue el pétreo camerunés -descomunal partido- quien se tomó una licencia para disfrazarse de Laudrup en el 36' y dibujar una línea de arquitecto que Fàbregas envolvió en asistencia de gol a Neymar. 0-1. El Betis se vino arriba, enfurecido, y antes de darse cuenta, Pedro les hizo una diablura tan messiánica como eléctrica para matar el partido. 0-2 al descanso y los de Mel tratando de adivinar quien había apagado las luces en dos minutos trágicos para los intereses locales.

La segunda parte vio como el Betis lanzaba dos fugaces conatos de remontada. Dos disparos envenenados que se quedaron en una bengala en el oceáno cuando en una bella jugada de combinación entre Iniesta, Montoya y Cesc, el de Arenys ponía el 0-3. A partir de ahí el choque fue una apacible sesión de baño y masaje para los culés que se cerró con el 0-4 de un Fàbregas que deja Sevilla con un doblete y una reivindicación. El Barça vuelve a la Ciudad Condal como un líder sólido que acumula 37 puntos de 39 posibles. El Tata no tiene el glamour de Guardiola, tampoco la humanidad de Vilanova, el Tata es el Tata, y a él eso le basta y le sobra para conducir a sus hombres hacía unos registros sin parangón. Martino ni busca ni necesita el quórum de la exigente red de periodistas que aún le achacan que su juego no sea tan excelso como el de sus predecesores. Martino tiene un plan y lo sigue a pies juntillas. Ya lo dijo Luis Aragonés en su día, que para eso es sabio: "ganar, ganar, ganar, y volver a ganar". En eso anda Martino y su Barça. Sí sí, "su Barça", porque a estas alturas de la película ya no es un Barça heredado, es un Barça de autor.

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