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El muro amarillo saca billete a San Siro

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A Milán, según el GPS de Simeone, se llega pasando por Lisboa, Astaná, Estambul, Eindhoven, Barcelona y Múnich. Al menos, así ha llegado el Atlético a la finalísima de San Siro. Una Champions League, que seguramente haya sido la más irregular de Simeone como entrenador rojiblanco con sobresaltos como la derrota en casa ante el Benfica en la ‘noche de las bengalas’, los empates de Astaná y Eindhoven, la agónica y eterna tanda de penaltis en el Calderón ante el PSV, la noche de Barcelona con 10 jugadores más de una hora de encuentro, etc. Piedras y obstáculos en un camino tortuoso para soñar llegar el 28 de mayo a Milán, a jugar la segunda final de Champions League en tres temporadas.

A Milán se llega sufriendo, defendiendo, muriendo por el compañero de al lado y parando las embestidas de 11 fieros alemanes que pusieron el modo rodillo desde el minuto uno y que no pararon su asedio en toda la primera mitad donde el Atlético salió vivo gracias al guardián del muro, Jan Oblak. El esloveno tuvo una noche mágica en una competición en la que debutó desafortunadamente una tarde de septiembre de 2014 en El Pireo, ¡cómo ha cambiado el cuento!. Donde no pudo actuar fue en el lanzamiento de falta de Alonso que desvió Giménez y que ponía las tablas en la eliminatoria, 1-0 y un partido nuevo de 60 minutos que bien pudo ponerse de cara bávara cuando Giménez, torpemente, cometía penalti sobre Javi Martínez y Cakir pitó la pena máxima. Müller lanzó a su lado natural pero ahí se topó con el gigante amarillo que despejó el lanzamiento y el posterior rechazo de Xabi Alonso. Contra el PSV no pudo atajar ninguno de los 8 penaltis y en el punto de inflexión de la eliminatoria emergió su gigante figura para dar vida y aire al Atlético.

Tras la reanudación, Simeone entendió que la eliminatoria pasaba por hacer un gol y realizó un cambio ofensivo quitando a un desacertado Augusto para dar entrada a Yannick Carrasco. El Atlético pasó a un 4-5-1 con Carrasco en banda izquierda tapando las subidas de Philipp Lahm y Antoine Griezmann por banda derecha sobre Alaba. En una rápida jugada entre Griezmann y Torres, este último asistió con un pase preciso sobre la carrera del francés que definió perfectamente por el palo corto la salida de Manuel Neuer. Empate, 1-1 y objetivo cumplido, marcar fuera de casa. Con más de media hora por delante, era mala idea encerrarse, pero el Bayern siguió con su martillo pilón atacando las defensas rojiblancas por medio de Lewandowski, Javi Martínez, Müller… hasta que cuando más controlado parecía el partido, llegó un fallo defensivo que permitió dos cabezazos en el área pequeña y el gol del implacable Lewandowski, 8 goles en semifinales de Liga de Campeones.

A 7 minutos del final pudo llegar el gol final de la eliminatoria y ahorrar unas taquicardias a los seguidores rojiblancos, pero no, el penalti, que no fue tal, sobre Torres fue ejecutado por el ‘9’ rojiblanco que lo lanzó igual que Müller, fuerte, sin colocación y al lado natural de la pierna derecha con idéntico resultado, parada de Neuer. Los últimos minutos lo intentó el Bayern de manera más directa buscando la superioridad física por alto y cerca estuvo de conseguir el tercer gol con un disparo de Alaba que se coló entre una maraña de piernas dificultando la visión de Oblak, pero no era la noche en la que el Atlético caería, el esloveno tiró de nuevo de reflejos para despejar un balón que se colaba con veneno en la portería. Como ya prometió Juanfran hace dos años, este grupo volverá a una final de la máxima competición de clubes. Final feliz para el Atlético de Madrid que luchará en San Siro por alzar en su tercera oportunidad la Champions League.

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