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El Milan vuelve a ser un equipo

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Una sola derrota liguera en las últimas doce jornadas y siete resultados útiles consecutivos en Serie A han permitido al Milan mantener con holgura el ritmo de puntuación de Fiorentina, Roma e Inter, afianzarse en la sexta posición y tener a tiro la tercera plaza, la última de las que dan acceso a la Champions League. Semejante racha invicta no se veía por la parte rossonera de Milán desde la temporada 2012/13. Hace ya muchos, muchos meses. Y como bonus, tienen pie y medio en la final de Coppa.

Mihajlovic ha dejado de lado los vaivenes propios del primer tercio de la temporada en los que ni el 4-3-1-2 ni el 4-3-3 llegaron nunca a resultar convincentes y a través de un plan sencillo pero bien ejecutado y de un 4-4-2 como dibujo, ha asentado una idea de juego que le ha permitido encontrar la vía adecuada para consolidar con ella los resultados y recuperar la esencia propia de un equipo con sus seis letras tras dos campañas en las que el Milan se había instalado en la penumbra de forma irremediable y se había quedado fuera de Europa. La solidaridad, la continuidad y la intensidad han tardado en regresar pero por fin han vuelto.

La idea de prescindir de la intención iniciática de jugar con trequartista (aunque el técnico pretende recuperar como recurso el 4-3-1-2 con Ménez al 100%) y la apuesta por un esquema con dos alas abiertas en el centro del campo ha hecho que el Milan haya ganado un mayor control, sea más coligado entre sus piezas, pueda cubrir mejor el ancho del campo en fase defensiva sin grandes esfuerzos y logre ejecutar un plan de ataque efectivo que pasa por la luz creativa de Bonaventura, por las conducciones enérgicas de un Niang encargado principal de sacar al equipo de su mitad de campo y, obviamente, por los desmarques clase mundial, la pegada y el acierto de Carlos Bacca. El hombre más efectivo del Calcio gracias a una media marciana de un gol cada dos disparos a puerta.

Las dos líneas de cuatro han hecho que los centrocampistas vivan con menos hiperactividad los encuentros y que el equipo se coloque mucho más sólidamente sobre el césped, hasta el punto de que Montolivo, vital en las entregas cortas iniciales pero lejos de ser un pivote capaz de sostener por sí mismo la estructura grupal, es el jugador de las cinco grandes ligas europeas que más balones recupera por partido y es que, pese a que el Milan sufre cuando tiene que correr hacia atrás, el notable repliegue defensivo ante ataques posicionales del rival ha pasado a ser uno de los grandes puntos fuertes que están reconvirtiendo al Milan en un bloque robusto, concentrado, equilibrado y, lo más importante, competitivo.

 

El trabajo en equipo es el elemento prioritario que entrevera ahora el fútbol rossonero, hasta el punto de que han dejado de autoimponerse en sus alineaciones dosis innecesarias de glamour en declive (Kevin Prince Boateng, Balotelli…) para que el bloque sea el protagonista y las piezas encajen primero, funcionen después y una vez conseguido eso, sí puedan surgir desde ese caldo de cultivo las personalizaciones, los nombres propios que lo hacen posible. Y no al revés.

El instinto de Bacca a los espacios, la visión periférica y los cambios de ritmo de Bonaventura, un Donnarumma que va ganando sobriedad y demostrando a cada día que pasa que va camino de ser un portero inmenso, los esfuerzos de Antonelli, un Álex muy útil para defender por alto el área, la batalla que ofrece Kucka en los dos sentidos del juego, la reactivación de Honda o el nivel de un Niang sorprendentemente comprometido, cuya venta al Leicester el pasado enero hubiese sido un serio problema táctico, ya que es primordial por su zancada para ganar profundidad sin que el equipo tenga que descolocarse ni verse obligado a construir acciones ofensivas en estático para las que no está programado ni preparado.

Roles muy determinados con tareas específicas bien ejecutadas que van añadiendo riqueza a los automatismos en crecimiento del Milan, pese a que en su estilo ortodoxo y clásico no haya demasiados atisbos de brillo ni de precisión y brío en circulación de pelota, al menos de momento. Sin embargo, sí se ve una mejor presión, sin ser ésta demasiado elevada, un mayor número de centros laterales y de pases filtrados en la frontal del área, más remates, más verticalidad, más fases de control en el inicio de las posesiones desde atrás, un mejor retorno y una ocupación de los espacios más pragmática, compensada e inteligente.

 

Claros síntomas de una mejoría patente para un Milan condenado a una constante marejada deportiva e institucional y que, por el contrario, ha conseguido serenarse, estabilizarse y ha empezado a creer y a mirar hacia arriba con pequeñas dosis de autoestima y buenos resultados que le alejado de equipos como Empoli, Lazio o Sassuolo que parecían destinados, un año más, a ser los de su liga y le han situado en el vagón de cola del lugar europeo que le corresponde. Quizá todavía no es suficiente y con toda seguridad el crecimiento esgrimido resulta ínfimo para todo un heptacampeón de Europa pero semejante recuperación de sensaciones sí tiene un mérito loable en el seno de un conjunto deportivamente en ruinas durante los dos últimos años, que viene de enlazar una octava y una décima posición en Serie A y que casi llega a olvidar su propio estatus histórico.

La mentalidad de Sinisa va calando con esfuerzo, tiempo y con golpes de timón tales como prescindir totalmente de De Jong en su medular, otorgar la titularidad sin ambages a Donnarumma bajo palos, optar por Niang como dinámico, productivo y enérgico acompañante de Bacca y haber mantenido la calma necesaria para cambiar sobre la marcha de esquema hasta acertar de pleno con los elementos de los que dispone y desarrollar una actitud grupal menos inocente, que aprovecha más los contragolpes y se muestra más cínica. Hechos que el entrenador serbio pareció comenzar a aprender tras la dura derrota en el derby della Madonnina de la primera vuelta en el que fue mucho mejor con balón pero perdió el partido y cuyo proceso de asentamiento terminó de gestarse una vuelta completa después con el 3-0 al Inter que evidenció la contundencia y solidez de su renovada propuesta.

“Somos los que estamos mejor de todos los que peleamos por la tercera plaza. Tanto a nivel mental como físico. Demostramos intensidad en cada partido y tenemos todos los elementos en mejores condiciones que nuestros rivales tanto a nivel mentalmente como físico aunque aún nos falta completar el salto de calidad mental tras haberlo realizado en el ámbito deportivo. Los grandes equipos ganan también gracias a su consciencia de serlo. Sé que ahora mismo no podremos enlazar ocho victorias como hacen Napoli y Juve pero estoy convencido de que al final del campeonato seremos nosotros los que estaremos justo por detrás de ellos dos. Mihajlovic tiene muy nítidos los pasos a seguir en su cabeza y está convencido de que su Milan regresará a la Champions League gracias, sobre todo, a la fortaleza táctica que le ha imprimido a su equipo en las últimas semanas. “Ahora somos duros, muy duros de batir”.

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