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El legado de un evento deportivo

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Los genios no solo trascienden en el tiempo con galardones o premios, lo hacen a través del legado que dejan en la historia.

Nelson Mandela supo hacerlo mejor que nadie. No solo acabo con un régimen racial en Sudáfrica, sino que supo utilizar métodos magníficos para lograrlo. En la década de los noventa, durante el mundial de rugby, expresó que “El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas”. Estaba viendo más allá de una simple política de estado, veía un cambio real para la población sudafricana y mundial.

A través de estos eventos puedes cambiar el rumbo de una sociedad impulsando el desarrollo económico, deportivo y cultural, optimizando estrategias para lograr reales beneficios a sus ciudadanos, esto es más o tan importante como la misma competición.

Nelson Mandela, Copa del Mundo de Rugby (1995) | Getty

 

En 2004 los griegos recibieron a la cita olímpica con mucha ilusión y ganas de demostrar al mundo que eran capaces de recibir un evento de tal capacidad con éxito.

Hoy un 70% los coliseos se han dejado al olvido, convirtiéndose en elefantes blancos. Siendo una realidad para los griegos el haber perdido gran parte de la inversión en infraestructura por la falta de planificación para su utilización, la cúpula del estadio olímpico que llegó a costar 130 millones de euros, necesita una inversión de 9,5 millones de euros anuales para manteamiento. Esto sumado a la crisis económica que atravesaban en el momento, aumentando la deuda estatal de 182 millones a 201 millones de euros entre 2002 y 2004.

EFE

Alemania fue la antítesis en 2006, cuando aún su economía se beneficia del mundial de fútbol. Muchos turista italianos aún viajan al país bávaro solo a conocer el estadio y la ciudad donde se coronaron campeones hace 11 años. Esto sin mencionar que en el resto de las ciudades han incrementado los visitantes del 7% al 10% desde el campeonato mundial.

Esto se generó a través de una campaña de imagen y posicionamiento de país que lideró el estado para estimular la inversión extranjera y reducir la tasa de desempleo posterior al mundial, valor añadido al acontecimiento deportivo

Sucesivamente los avances de la economía alemana a raíz del mundial iniciaron de está manera, durante el certamen se llegó a obtener ingresos por 2,000 millones de euros solo en alimentos y bebidas, en 2007 y 2008 la tasa de desempleo se redujo progresivamente gracias a la buena imagen dada por el país durante la cita mundialista, llegando a crear 100.000 plazas laborales. Alemania dictó cátedra en la manera convertir un evento deportivo en la inyección económica para un país, durante un momento de crisis para el resto de Europa.

Otra gran muestra de recibir un mundial de fútbol en medio de una crisis, fue Brasil 2014. Cuando en medio de escándalos políticos y dificultades económicas se atrevieron a ser sede del deporte que han dominado durante años.

Doce sedes fueron las protagonistas, de las cuales hoy en día solo seis son utilizados por clubes de primera división. El más emblemático, el estadio Maracaná sede de la final y al que se le da más uso. Generó perdidas en apenas un año de 25 millones de euros, está pronosticado que su coste de mantenimiento superará la inversión en entradas cada año. Cada partido que recibe apenas promedia el 35% de su capacidad total, que son 80.000 asientos.

 

 

En el caso del estadio de Brasilia, el Mane Garrincha tendrán que pasar 100 años para poder pagar la inversión de remodelación, según el Tribunal de Cuentas del Distrito Federal.

Brasil generó muchas emociones y deportivamente no desilusionó, pero su población está empezando a sentir los problemas económico de invertir en infraestructuras sin planificación, corriendo el riesgo que dentro de poco tiempo se convierta en elefantes blancos similares a los que hoy en día se observan en Atenas.

Durante la historia se han visto casos de éxitos a nivel deportivo como en Brasil 2014 cuando veíamos a cada selección desplegando un fútbol competitivo, pero hay casos que van más allá del espectáculo deportivo en el momento y saben utilizar la oportunidad de ser sede para lograr un alto nivel deportivo sostenible en el tiempo.

Cuando Londres recibió los Juegos Olímpicos, no solo estaban preparados para dar un espectáculo como sede con los 11,000 millones de euros invertidos, sino que su delegación con la capacidad para luchar por los primeros lugares en el medallero.

Tal fue su éxito deportivo que al finalizar los juegos la aceptación ciudadana era de un 75%, viendo positiva la realización de los juegos en pro del deporte británico. Las medidas tomadas para que los juegos conservaran su legado permanente a través de los años, incluyeron iniciativas como la de convertir el estadio olímpico en la sede del West Ham United y en la sede del mundial de rugby inmediatamente.

london-stadium.com

Complementando el legado la cancha de balonmano se ha convertido en un polideportivo exitoso, utilizable para gimnasia, bádminton y baloncesto. En especial baloncesto ya que se ha convertido en la sede de London Lions de la liga local. Un año después de los juegos, los primeros residentes de la villa olímpica lograron empezar a instalarse, ya que parte de la herencia de la villa fue dar un perfil urbanístico a una zona olvidada de Londres durante años. A tal punto que Stratford cuenta hoy en día con el East End londinende, una línea internacional del ferrocarril.

Deportivamente Gran Bretaña supo canalizar la oportunidad de ser sede para incrementar su nivel competitivo, cuando en 30 años solo habían logrado ubicarse en el top ten de Juegos Olímpicos en una ocasión. Posterior a la elección como sede en 2005, en los juegos del 2008 escalaron a la cuarta posición, en 2012 llegaron a la tercera casilla y sorpresivamente en 2016 superaron a China ocupando la segunda ubicación en el medallero. Solo en las tres últimas citas olímpicas lograron 75 medallas de oro, más de lo que habían logrado en los últimos 80 años.

Precisamente como en esté caso existen los países sedes que tienen la oportunidad de crear un ambiente excepcional y generar una experiencia única a los fanáticos y competidores, pero sin grandes resultados deportivos como país sede.

Sudáfrica 2010 recibió el mundial de fútbol con la ilusión de sorprender como el primer país africano en ser la casa del fútbol por un mes. Generando pocos beneficios deportivos al país y económicos a los ciudadanos, siendo el antónimo de Gran Bretaña y Alemania en cada aspecto.

Los aportes del comité organizador a Sudáfrica fueron solo de 10 millones de dólares. Diez veces menor a los dejados en Alemania 2010. Gran parte de la inversión destinada a mejoras de infraestructuras viales, no respondían a cubrir las necesidades principales del país. Sudáfrica tiene un 30% de la población que vive bajo pobreza y tiene una tasa de desempleo que ronda entre el 30%.

(Monirul Bhuiyan/AFP/Getty Images)

Aún cuando esencialmente Sudáfrica se preocupó por mejorar su imagen durante el mundial para atraer turistas a futuro, no logró cumplir esté objetivo al finalizar la competición.

Al igual que en Grecia y Brasil la infraestructuras deportivas no rindieron frutos, el Soccer City de Johannesburgo no generó ingresos para el mantenimiento que es de 120 millones de euros al año. Desde el mundial solo ha albergado un concierto de U2 y partidos internacionales de rugby.

Está demostrado históricamente que una cita deportiva de está magnitud bien planificada, genera beneficios importantes en el aspecto deportivo, económico y cultural al país sede. Sin embargo solo ocurre cuando realmente se planifica y gestiona el entorno de manera paralela a las competiciones.

Barcelona edifica a la perfección cómo lograr que un evento de tal magnitud, deje un legado a la ciudad en un panorama completo. Inicialmente en el aspecto deportivo, antes de 1992 España solo había ganado cinco oros en Juegos Olímpicos. Luego de ser sede ese año han ganado 26 metales dorados, antes de esto solamente habían logrado cinco primeros lugares en 92 años de historia olímpica.

Sumando números al éxito deportivo también han obtenido en siete ediciones distintas más de una medalla dorada, un hito que no habían logrado hasta 1992. En lo económico, Barcelona logró reducir el índice de desempleo, entre 1986 y 1992 se generó anualmente más de 30,000 plazas de empleos anuales.

El turismo de Barcelona durante el año de los Juegos Olímpicos alcanzó a estar entre las tres primeras ciudades en el mundo con más visitas, anteriormente nunca habían estado en el top 15 en este rubro. Desde entonces 22 millones de personas visitan cada día la ciudad, convirtiendo el turismo desde 1992 en el segundo motor de la economía en la ciudad.

Aprovechando su cercanía al mar, culturalmente la ciudad fue donde más evolucionó. Abriendo espacios directos de la ciudad al mar, creando áreas verdes y construyendo viviendas de costos razonables. Todo esto hizo que Barcelona pasará a ser la trastornada ciudad industrial, a la ciudad que todo el mundo quiere imitar. La villa olímpica aportó a la transformación cultural, ya que finalizados los juegos pasó a ser un sector moderno y convirtió un área industrial en un sección urbana a la altura de la nueva cultura.

El alcalde de Barcelona en la época, Pasqual Maragall, quiso que el mundo no olvidara la verdadera oportunidad de cambio que tiene una ciudad a través de unos Juego Olímpicos, pensado siempre en el día después finalizados los juegos. Esté es el verdadero legado de las grandes competiciones, el día después de a su terminación. Es cuando realmente inicia el verdadero legado.

 

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