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Fútbol ex-soviético

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El legado de Dassaev en Sevilla

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Para los sevillanos, es una historia más que conocida. Una leyenda exagerada -como buenos andaluces que somos- pero con una gran dosis de realidad. Para el resto del mundo, quizás sea un relato que nunca han llegado a escuchar, o sí.

El protagonista: Rinat Dassaev.

El lugar: Rectorado de Sevilla.

El móvil: Un citroen BX.

A finales del año 88, el mítico portero de la URSS que por aquel entonces militaba en el Spartak de Moscú, llegaría a Sevilla tras complejas negociaciones con el propio Gorbachov, convirtiéndose en el primer futbolista soviético en jugar en la liga española. Meses antes, Dassaev se había proclamado subcampeón de Europa siendo testigo principal de uno de los goles más recordados de la historia, aquel de Van Basten en la final que disputaron los Países Bajos y la URSS en el Olympiastadion de Múnich.

‘Rafaé’, que así es como se le conocería en la capital andaluza a uno de los mejores porteros del mundo, sería el meta titular durante sus dos temporadas en Sevilla. Primero con Azkargorta y posteriormente con Cantatore, Dassaev sería indiscutible en el Ramón Sánchez-Pizjuán por orden de Luis Cuervas, presidente de la entidad que obligaba al técnico argentino a alinear a una de las adquisiciones más elevadas del Sevilla FC por aquellos tiempos. Pero el declive de Rinat empezaría a ser inevitable tras su lesión de rodilla, el rumor extendido sobre el gusto del guardameta soviético por los bares más conocidos de Sevilla, la llegada de Unzué a la portería nervionense y su ficha de extracomunitario -que sería ocupada por Zamorano-. Los motivos de su sentencia. Aquel año, un joven Monchi también empujaba desde la cantera en busca de ser la alternativa desde el banquillo. Dassaev pasaría al ostracismo, hasta que sucedió su actuación más recordada en la ciudad hispalense.

 

Ya sin contrato con el Sevilla FC, Dassaev seguía en la ciudad en la que había encontrado un nuevo amor, había montado un negocio de una tienda de deportes -que tuvo que cerrar- y esperaba la oferta de algún club que estuviese dispuesto a ficharle. Porto parecía interesado. Pero a principios del mes de julio del año 91, en una de la noches de ‘Rafaé’, el mítico portero tuvo un accidente con su Citroen BX -vehículo cedido por el club- en el foso que separa la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla -actual Rectorado de la Universidad- con la calle Palos de la Frontera. Sus manos, aquellas que tanta gloria le habían otorgado, acabarían con los dedos rotos y su reputada fama de trasnochador, extendida tras el suceso.

Aquel episodio acabó significando su retirada oficial del fútbol del que por entonces, estaba considerado segundo mejor portero de la historia tras Lev Yashin. Dassaev volvería a Rusia con su mujer española -con la que tuvo 4 hijos-, mientras la que fuese su esposa se quedaría en España con sus dos hijas. Elmira y Cristina desarrollarían sendas carreras como gimnastas españolas. El legado de Dassaev poco tuvo que ver con su rendimiento deportivo, aunque siempre será recordado en la capital hispalense como el protagonista de una de las historias más curiosas que se recuerdan de los futbolistas que han pasado por Sevilla.

 

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