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El lado oscuro de la jornada 10 de La Liga

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Infierno. El Granada se ha metido en un serio problema. Los de Sandoval llevan sin ganar desde la jornada 2, empatando en las cuatro últimas jornadas, tres de ellas poniéndose por delante en el marcador. Ganaban 1-3 en Gijón y les empataron en el descuento, ganaban 1-0 al Betis y una mano de Rubén Pérez lo cambió todo… y ganaban en Cornellá en un partido donde fueron superiores al Espanyol, pero una vez más se truncó el sueño en el 94′. Felipe Caicedo marcó la igualada y los nazaríes ya no saben lo que tienen que hacer para ganar un partido. Parecen condenados a no hacerlo.

Tormenta. Llueve en el Benito Villamarín. Ante el Athletic, lo hizo a cántaros, y no sólo literalmente. Los de Pepe Mel puede que jugaran el peor partido de la temporada, y aun así pudieron empatar hasta que Raúl García sentenció casi al final del partido. Pero la imagen dada preocupa en Sevilla. Valverde y sus leones se comieron al Betis como si de una gacela se tratara. Es la tercera derrota consecutiva en casa y la afición, incansable, se impacienta.

Penumbra. El Málaga perdió en Gijón ante un rival directo, pero sobre todo demostró muchas carencias en su juego y en ataque. Charles se apagó, Tighadouni, el mejor ante el Dépor, apenas apareció, y la defensa se vio incapaz de parar a un Halilovic en estado de gracia. Los andaluces sólo pudieron inquietar a Cuéllar con arreones de fe en la segunda parte, pero sin demasiadas ocasiones claras. O este Málaga cambia el chip, o sufrirá de lo lindo para quedarse en Primera.

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El gatillazo. Extendiendo el apartado anterior, el cuadro de Javi Gracia sigue siendo el peor de la Liga en la faceta goleadora. Cinco goles, marcados en dos partidos, dieron las dos únicas victorias del conjunto malacitano. En los ocho encuentros restantes, ni un sólo tanto. Responsabilidad máxima para Charles, que es un fijo y no termina de ser el goleador que fue antaño. Ante el Sporting tuvo varias ocasiones claras, entre ellas un mano a mano con Cuéllar en el que se durmió permitiendo al defensor arrebatársela en las narices.

El ‘malo’ de la película. El Atlético practicó en Riazor su mejor plan: marcar y replegar. Lo hizo sin cometer un solo error y sin dejar que el Dépor creara una ocasión en todo el partido… hasta que llegó el sorprendente fallo de José María Giménez. El central, poco acostumbrado a formar parte de esta categoría, vio como Lucas Pérez le arrebataba el balón prácticamente en el área, para luego anotar el tanto del empate. El plan se fue al traste y los rojiblancos vieron volar dos puntos importantísimos. El responsable, un defensor que (casi) nunca erra.

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