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El jugador de la semana: Stevan Jovetic y el sueño que vivió dos veces

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No hay nada en el mundo como un dulce sueño. Uno de esos en los que los ojos se van recogiendo lentamente, como una persiana bajada suavemente, hasta llegar a estar completamente cerrados. Es entonces cuando todo lo que te envuelve se vuelve más oscuro, y te vas, te vas al mágico mundo de los sueños, donde todo es posible, donde cada respiración es más dulce, suave y agradable, donde recogemos esperanzas e ilusiones. Hay sueños más especiales que otros, sueños que no suelen aparecer dos veces, que llegan para irse, para dejarnos el mágico sabor de la felicidad en la boca, e ir retirándolo lentamente a la vez que vamos abriendo lentamente los ojos, y volvemos a la vida real, donde habitamos y ponemos los pies en la tierra de nuevo.

Stevan Jovetic ha llegado ilusionado al Sevilla en este mercado invernal, procedente del Inter de Milán, ya hablando español porque según él “yo sé español porque veía ‘Los serrano’”, ilusionantes declaraciones de un fichaje que difícilmente saldrá mal, dada la buena mano de Monchi y la capacidad futbolística del Montenegrino.
Cualquier jugador que llega a un club como el Sevilla, ya vive un sueño, uno de esos satisfactorios que quieres que sean largos, y que no terminan nunca. Pero Stevan iba a vivir 2 sueños nada más llegar al Sanchez Pizjuán, dos sueños de esos especiales, de los que suelen llegar tan solo una vez.

Jovetic iba a debutar en Copa del Rey, frente un club de la talla del Real Madrid. Los miles de sevillistas que aquel día acudían al estadio le acogían como uno más, una cálida bienvenida que seguro que le iba a armar de coraje y ganas.

El montenegrino entró en el minuto 45, con 1-1 en el marcador, dispuesto a cambiar las cosas, y vaya si lo hizo. En el minuto 53, todo tan rápido, le llego un balón dentro del área, los ojos de Jovetic comenzaban a cerrarse, lentamente, saliendo de nuestra realidad para entrar en un sueño, era uno de esos especiales, de esos que te dejan probar la felicidad. Jovetic soñaba que anotaba en su debut, nada más y nada menos que al Real Madrid, en su nuevo estadio, con su nueva familia. Solo le despertaron los gritos a pulmón de todas las butacas del Sánchez Pizjuan, lo había hecho, ese sueño no solo le había dejado probar la felicidad, se la había entregado, Jovetic acababa de vivir su sueño más especial, su sueño más real.

El partido terminó 3-3, y aunque el Sevilla quedó eliminado de la Copa del Rey, esa había sido una noche especial para un joven que había llegado hacía unos días desde Milán.

Un gol que vale mas que tres puntos | Getty

Jovetic iba a debutar en liga solo unos días más tarde, un domingo por la noche, curiosamente otra vez contra el Real Madrid, toda una aventura. También en Sevilla, también en la nueva casa que le acogía.

Stevan fue otra vez ese cambio revulsivo que fue en Copa, pero durante 90 minutos de gran fútbol. El partido comenzó mal con un gol de penalti de Cristiano Ronaldo en el 66, pero todo iba a mejorar con un autogol de Ramos que incendió el estadio en el 84. Era el momento de Jovetic, le llegaba el balón en el minuto 90, el montenegrino volvía a tener la misma sensación que hacía unos días, curiosamente cuando tenía que tirar en la misma portería, esta vez más alejado, y en un momento del partido totalmente decisivo, le volvían a pesar los ojos, que se recogían muy poquito a poco, cuando entraba en un profundo sueño, volvía ser especial, volvía a ser el mismo sueño: debutaba, esta vez en liga contra el Real Madrid, y anotaba gol. Esta vez no le despertaron solo los gritos de la afición Sevillista, también la de sus propios compañeros, que no se podían creer que ese nuevo chico de Milán les diera la importante victoria anotando en su segundo partido consecutivo. Si, era real, el sueño era real, el mundo de los sueños había hecho una excepción con Stevan, y le había vuelto a repetir su sueño especial, que le volvía a dejar probar la felicidad, y terminaba regalándosela.

Dos debuts soñados, dos mágicas actuaciones, dos momentos de ensueño.

La afición se marchaba feliz y esperanzada, sabiendo que su directiva había vuelto a hacer un fichaje increíble.
Llega un chico a Sevilla que tiene una misión, repartir ahora él sueños en el mismo lugar donde soñó dos veces seguidas, reglaras pruebas de felicidad, regalar sueños en forma de gol.

Qué bonito es soñar, qué bonito es el fútbol.

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