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El jugador de la semana: Rossi, no estás solo

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Muchísimos de los sucesos que se dan en la vida, son atribuidos a la casualidad, el destino o la suerte por nosotros mismos. Es una costumbre que se acomoda en nosotros, y fluye sobre nuestras almas, de una forma prácticamente inconsciente.

El fútbol, una vez más comparado con la vida, también es víctima de esta costumbre que deja todo a manos de una fuerza superior que nos guía. De esta forma, muchos jugadores y equipos están considerados suertudos, o antónimamente, gafes.

Sin lugar a dudas, si hay algo de real en estas dichas, Giussepe Rossi lleva unos cuantos años sufriéndolas. El italiano nos enamoró en Villarreal, donde ocupó el sitio que había dejado Forlan. Allí no solo cumplió, también fue uno de los jugadores revelación de la temporada. Su zurda era pura magia y vivía felicidad plena.

LEER MÁS: Rossi se vuelve a romper la rodilla por quinta vez

Pero el 26 de Octubre del 2011, Giussepe jugaba en el Bernabéu, y todo se torcería. La magia se empezaba a apagar y llegaban susurros que le anunciaban la llegada de la mala fortuna. Rossi caía abatido. Su rodilla derecha había fallado, y se rompía. Lagrimas se deslizaban en sus mejillas, y toda la luz que le había acompañado hasta el momento empezaba a apagarse.

Desde ese momento la fuerza que controla la suerte no fue muy buena con él. La mala fortuna se ató al cuerpo de Rossi. Al año siguiente, en el tramo final de su recuperación, recaía. Unos años más tarde, ya en Florencia, volvía a lesionarse.

Como si esa primera lesión se hubiera llevado toda la calidad de su cuerpo, el italiano no volvió a ser el mismo.

Esta temporada, de vuelta en España de la mano del Celta, Rossi no disponía prácticamente de oportunidades, y cuando las tenía, no las aprovechaba. 675 minutos en 28 partidos y tan solo 1 gol.
Pero las cosas siempre pueden cambiar. El lunes, el Celta se enfrentaba a Las Palmas, y Giussepe salía de inicio. La suerte iba a ser aun más malvada, y le iba a dar esperanzas aquel día.

Rossi tardó únicamente 13 minutos en anotar el primer gol, el italiano robaba un balón en la defensa, con una picardía deliciosa, y no fallaba. Su zurda, aún limpia e intocable conservaba algo de magia, y se encargaría de fluir.

Giussepe anotaría 2 goles más que mataban al conjunto canario y se llevaba el balón a casa. Parecía que la suerte y el fútbol le daban una segunda oportunidad, Rossi era feliz. Se disipaban los susurros y olvidaba aquel día en el que todo empezó, aquel día donde las lágrimas invadían sus ojos y sus mejillas. Rossi intentaba descoser de su alma la mala fortuna, y parecía que todo estaba hecho.

Pero llegaba el fin de semana, y Rossi pisaba el verde césped de Vigo, otra vez como titular. En pleno partido la luz volvía a apagarse, y, entonces, Rossi escuchaba unos susurros que ya le eran familiares. Se dio cuenta en ese momento de que la suerte le había dado esperanzas solo para atacar de nuevo con más fuerza. Su rodilla izquierda, hasta ese momento impoluta, caía con él, de forma simultánea.

El Celta informa de que Rossi estará de 6 a 7 meses de baja, Giussepe se pierde toda la temporada restante.

Lo que no sabe y tiene que saber Rossi es que estamos con él. Quizás la suerte es tan cobarde de atacar a uno solo, pero tenemos que hacerle saber que él no está solo, y que si ataca a Rossi, ataca al fútbol.
Que lleguen susurros pero de buena suerte que te llenen de luz Rossi, no estás solo.

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