FC Barcelona

article title

El jugador de la semana: Leo Messi, el dueño del balón

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Y es entonces cuando todo se para. El clásico recibe la atención de todos los ojos inquietos e impacientes, llenos de vida y entusiasmo. Se para lo imparable, el mundo se divide en dos partes, y los corazones se encuentran más frágiles que nunca, protegidos únicamente por capas de piel, que no pueden evitar que las emociones jueguen con él, el motor vital. Las emociones fluyen y florecen de una forma tan natural como espontanea.

Todo sabe diferente aquel mágico día. El aire es más puro, los refrescos más refrescantes, la comida más sabrosa y el tiempo más valioso. Absolutamente todo es mejor, antes y durante el partido.

Finalmente nos juntamos con los nuestros y nos preparamos para desaparecer durante 90 minutos, por completo.
Salen los jugadores y el tempo ya empieza a variar, todo se vuelve más lento y épico, el himno suena más fuerte que nunca, el césped nunca ha estado más verde y los jugadores, alabados como Dioses, amados como héroes, empiezan a introducirse en la burbuja que les aísla de todo.

LEER MÁS: Messi: renovar la ambición

Este domingo, 23 de abril, era uno más de aquellos a los que el mundo se les había parado. Pero hubo alguien que me transporto a un lugar. Recordé perfectamente cuando era pequeño, y jugaba en la calle. Sin arbitro, con las únicas reglas impuestas por el fútbol callejero. Y precisamente recordé que el dueño del balón decidía cuando, como y donde se jugaba, y por supuesto decidía cuando terminaba el partido. Porque, ¿Qué éramos nosotros sin aquel balón?
Es fácil comprender que fue lo que llevo a ese momento. Leo Messi tiene una relación muy especial con la pelota.

Convive con ella desde que sabe caminar, un día la conoció, y decidió no separarse de ella, jamás. Ella vio como Leo lo pasaba mal con su crecimiento, vio incluso como River le rechazaba. Pero el tiempo haría que la pelota también viera como Leo se convertía en el más grande de la historia de aquel deporte. Leo le fue fiel, y ella a él, así que se convirtió en el amo del balón, para siempre.

Las consecuencias de aquello son claras: Se juega cuando Leo dice, como Leo dice, y todo acaba cuando Leo dice.

Aquel clásico empezó muy fuerte para él, provocando la amarilla (y posterior cambio) de Casemiro, que le cazaba por detrás desquiciado tras un eslalon del Argentino. Recibiría también un codazo de Marcelo que le haría sangrar, solo para asegurarse de que Messi era humano y también sangraba.

En el minuto 28, tras un rechace del palo, Casemiro anotaría el primero. Fue entonces cuando Messi, que ya dominaba el partido, recordó que se estaba jugando con su balón, y que no podía permitir que su equipo perdiera, así que simplemente decidió arreglarlo. Solo 5 minutos después, Leo observaba a su pelota, estaba allí, perdida en el área. Messi arrancó y la acarició, una vez más, con sus pies. Con dos toques se desharía de 3 defensas, y definiría una vez más de una forma infalible. Leo empataba el encuentro, y así se iría al descanso.

El partido se movió un poco más tras el medio tiempo: Rakitic anotaba un tremendo gol. Messi recibiría una terrible entrada de Ramos, y este sería expulsado. Y James, a 5 minutos del final, empataría el partido.
El Barça necesitaba una victoria para tener esperanzas en La Liga, y Leo lo sabía.

Ya en el último minuto del añadido, Sergi Roberto se desharía de Marcelo y del centro del campo del Madrid con una tremenda carrera y se la daría a André, el portugués la abriría a la banda para Alba, que levantaba la cabeza, ya sabiendo lo que iba a ver. Leo se encontraba solo en el borde del área. La pelota acudía a sus pies, porque en ningún lugar del mundo estaba mejor.

Y como el partido acaba cuando Leo dice, anotaría un tremendo gol. Abajo, rasa y colocada. Justo en ese momento en el que el marcador reflejaba el 2-3, a Leo le había llamado su madre y se tenía que ir a cenar, como suele ser en la calle, y como no, en ese preciso momento terminaba el partido.

La imagen de Leo mostrando su camiseta al Bernabéu quedara grabada muchos años, en todas las retinas que miraban en aquel momento.

Aquel día, una de las partes del mundo que se había quedado paralizada por el partido que todo lo para, sonreía más feliz que nunca, porque Leo lo había vuelto a hacer.

Como Leo dice.
Cuando Leo dice.
Sigue siendo el dueño del balón, muchos años más.


Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados