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El Jueves: Las culpas, siempre al portero

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El Fútbol Club Barcelona ha cerrado su semana más complicada en lo que llevamos de temporada con solvencia, buen juego y una sensación inmejorable de que el equipo sigue hambriento de triunfos. Las visitas a dos equipos muy bien organizados como Atlético de Madrid y Roma no solo eran una prueba de nivel para el conjunto catalán, sino que incluso más lo eran de ambición. Y en ambas el Barça ha aprobado con muy buena nota. Dos defensas bien arboladas, la romana y la madrileña, de esas que solo se rompen con paciencia, precisión y asumiendo algún riesgo atrás. Y aquí llegaron las críticas al que viste la casaca número 1 del equipo, Marc-André ter Stegen, un tipo que hace nada levantó una Champions y hace menos recibió el premio a la mejor parada que dicha competición. Los que hace tres días lamentaban que nuestro elástico alemán estuviese demasiado cerca de su portería propiciando la galopada de Fernando Torres que concluyó con el gol que adelantó al Atlético de Madrid en el Vicente Calderón hoy critican con inquina su avanzada posición, que permitió que el romano Florenzi empatase un partido que de ninguna forma merecieron los locales.

Uno no sabe qué fue antes, si los “errores” de Marc-André o las ganas de algún plumilla de quitarle a Luis Enrique de la cabeza la idea que se barruntaba en verano de dejar a Claudio Bravo únicamente para la devaluada Copa del Rey. Lo cierto es que Ter Stegen parece acusar cierta falta de confianza, y quizá debajo de su serio rostro alemán no comprenda por qué, después de una temporada magistral en la que salvó al equipo en momentos clave, su importancia dentro del equipo no solo se ha mantenido, sino que además amenaza con disminuir. Sería un error destruir a un portero tan talentoso que solventó con una nota de 10 el momento más delicado de su adaptación, la primera temporada. Esperemos que la impasibilidad que refleja el rostro de Marc se corresponda con lo que por dentro recorre su ser. Es cierto, quizá en el Calderón falló, nunca en el Olímpico de Roma, o al menos pudo hacer más. Pero no es menos cierto que la presión a la que se empieza a someter a nuestro portero desde una parte de la prensa y la afición es desproporcionada e injusta teniendo en cuenta que hablamos del segundo portero que más Champions le ha dado a este club.

En cuanto al resto, este inicio de temporada está consistiendo en reclutar jugadores para la causa. Con una plantilla corta, y más aún hasta la incorporación de Arda Turan y Aleix Vidal en Enero, las apariciones a un gran nivel de Sergi Roberto y Thomas Vermaelen han supuesto una inyección vital al equipo. Rafinha poco a poco iba entrando, y hasta amenazaba la titularidad de un desenchufado Rakitic, pero un leñero belga de cresta amarilla ha terminado con su temporada y quizá cortado su progresión, siempre ante la atenta permisividad de un árbitro cobarde que se lo consintió. Otra baja dura, muy dura, que deja a la media al descubierto hasta que puedan reincorporarse Sergi Roberto, si es que lo hace, y Arda Turan. Mientras Mascherano ayudará como pueda en esa zona del campo, y la recuperación del buen nivel de Mathieu y Bartra se antoja imprescindible para el buen funcionamiento del equipo las próximas semanas.

Esta semana el Barça tendrá un partido a priori simple en casa frente al Levante en el que el conjunto culé no debería sufrir demasiado si consigue abrir pronto el marcador. Sería bueno hacerlo para poder dosificar de cara a una de esas visitas peligrosas, una cuesta de las que no parece muy empinada pero termina siendo el Tourmalet. Será en Balaídos, en una de esas fastidiosas jornadas entre semana que tan proclives son a dejarse puntos tontos. Allí ya el año pasado nos salvó Mathieu, en un estado de forma diametralmente opuesto al actual, y allí el Barça tendrá que estar concentrado para que no le sorprenda uno de los equipos que más le puso en apuros (ganó en el Camp Nou) la pasada temporada. Jugando como en Roma o como en el Vicente Calderón, sobre todo con la misma ambición, parece difícil que al Barcelona se le escapen tres puntos importantes. El calendario arrecia, y más que va a arreciar, y la plaga de lesiones no ayuda. Hasta que el temporal amaine toca seguir siendo eficientes, sumando puntos, sea como sea, y manteniendo la ambición y buen juego que deben llevar al Barça a volver a florecer en primavera. Porque este equipo tiene ganas de más.

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