Fútbol italiano

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Impjacable

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Se dio a conocer al mundo en su único partido como titular en la pasada Eurocopa, el que disputó contra España. Y a Marko Pjaca le bastó para demostrar su talento colmado de desequilibrantes desbordes, exteriores y entre líneas, por todo el ancho del campo en la zona de tres cuartos.

Pese a esa luz reveladora de noventa minutos de duración y a que la Juventus ha pagado por él 23 millones de euros a sus 21 años, siendo el traspaso más caro de la gran historia vendedora del Dinamo Zagreb, Marko Pjaca es seguramente el nombre más desconocido de la Vecchia Signora 2016/2017. Y, sin embargo, está destinado a ser importante en un pentacampeón que no da puntada sin hilo desde la dirección deportiva. Tan destinado como preparado.

La incorporación de Marko Pjaca -ya un verdadero y temible especialista en los uno para uno- está dirigida al mismo objetivo que la Juventus ha dibujado con pulso firme con sus operaciones en este mercado estival: controlar por completo la Serie A para arrasarla si es posible, contando con un fondo de armario envidiable para dosificar esfuerzos sin temores de ningún tipo y asaltar por fin de nuevo el preciado trono plateado de la Champions League.

A Marko Pjaca, por su parte, le define la elección de la Juventus por encima del enorme interés que tenía el Milan en hacerse con sus servicios. A priori, su preferencia puede parecer obvia y lógica de forma aplastante pero no lo es. Para el joven proyecto de crack croata hubiese sido cien veces más sencillo vestirse la rossonera y tener presencia, incidencia y brillo totales en un equipo en plena reconstrucción que le habría permitido ir cuajando sin competencia su fantástica y fácil de intuir proyección.

Recortando importancia inmediata, Marko Pjaca ha optado por insertarse en un equipo hecho, derecho y rehecho con una mentalidad cien por cien competitiva y ganadora donde crecer puede parecer más complejo e intrincado pero en el que el techo es también mucho más elevado, lo que repercutirá en el futbolista -que tiene a Ronaldinho como referente- en un futuro a medio plazo para convertirse en la figura mundial que por maneras con los pies y por metas mentales apunta a ser.

La Juventus cubre al unísono y con un solo golpe de gracia y de inteligente autoridad tres roles diferentes. Aunque Marko Pjaca normalmente actuaba como ala izquierdo a pie cambiado en el Dinamo Zagreb, es un futbolista muy líquido y malicioso en todo lo mucho que es capaz de ofrecer cerca de la frontal del área con sus apoyos de espaldas que mejoran cada acción, sus giros diabólicos y su facilidad de ambidiestro para salir de la marca y conducir hacia el gol con cualquiera de las dos piernas, aunque la derecha es todavía mejor que la otra.

Con sus virtudes y su depurada técnica puede ser el recambio directo de Dybala como segundo punta y falso o real trequartista fantasioso, escurridizo, goleador y de talento asociativo. Con su amplitud y verticalidad plagadas de swing y regates desenfrenados, secos o eléctricos; la alternativa que ofrecía con puntualidad Cuadrado queda igualmente cubierta. Y como culmen su creatividad por estallar en mayor dimensión, su visión para regalar últimos pases, la utilización de su cuerpo, sus trepidantes conducciones, el notable chut lejano que posee y sus certeras definiciones llegando desde atrás compensan asimismo varias de las más resplandecientes características que la marcha de Pogba podía haber dejado cojas o huérfanas.

No sólo tiene un ingente material para highlights en sus botas sino un fútbol fino y radiante como un bisturí que inyecta en la Juventus un nuevo y refrescante imput para darle a su estilo de juego una dimensión que le permita ganar en pegada ante el arco rival por puro talento ofensivo individual. Lo que tiene que permitir a Allegri asentar, este año sí, una línea de cuatro defensas que genere delante un intercambio de alturas y alternativas en el que no es difícil imaginar la trascendencia que puede adquirir la perla balcánica.

Pjaca puede asumir incluso un atípico rol de segundo diez titular con una clara predisposición a los costados -si Pjanic se instala como un regista alla Pirlo en un 4-3-2-1 o similares- mientras comparte altura ocasional y dinámica con Dybala en una sociedad incontenible y con recursos para aburrir y hacer sangre a la que Dani Alves y Alex Sandro doblen y apoyen por cada banda y con el hombre de los 36 goles y los 94 kilos como rematador insaciable para finalizar jugadas o atropellos al rival, según se dé el caso. Palabras mayores.

Procaz y sosegado, Marko Pjaca ha elegido la pura élite porque quiere y porque puede ser pura élite. Algo tan complicado que únicamente un talento “impjacable” e incontenible como el suyo puede convertir en una tarea sencilla desde su temporada de debut en el gigante bianconero. Allí donde la exigencia es mucho más que un mantra para pasar a ser la ineludible sagrada escritura. Allí donde el objetivo bosquejado apunta nada más y nada menos que a ser los nuevos reyes de Europa. Y allí, justo allí, estará Marko Pjaca más pronto que tarde.

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