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El hooligan que debutó con el West Ham

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El hooligan, un nivel superior de aficionado. Capaz de dar la propia vida por su equipo, sí, la vida, premio altamente cotizado por el movimiento hooligan. Tristemente, en el fútbol hay que recordar tragedias como la de Heysel (Bruselas), más de 600 heridos y 39 muertos en violentos altercados provocados por aficionados de Liverpool y Juventus. Sus consecuencias tuvo, y los clubes ingleses vivieron cinco años sancionados de disputar competiciones europeas. Hechos que no deben olvidarse nunca para recordar los errores del pasado que no tendrían que volver a producirse jamás.

Pero no generalicemos, no todos los hooligans son agresivos. La inmensa mayoría va al fútbol a disfrutar y alentar a su equipo; gane o pierda, ya sea una final de Champions o un amistoso de pretemporada. Y precisamente en un partido de esta naturaleza nació la leyenda de Steve Davies. Era una agradable tarde estival de 1994. El West Ham se desplazó hasta Marston, cerca de Oxford, para disputar un nimio partido amistoso contra el Oxford City. El coqueto Court Place Farm se vistió de gala para recibir a Harry Redknapp, Mike Marsh, Joey Beauchamp o Lee Chapman, inesperado antagonista de la historia, entre otros.

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Steve Davies no podía perderse ni un solo partido de los hammers y aquella tarde no iba a ser menos. La primera parte del West Ham no fue muy brillante y Steve, como buen hooligan, se encargó de recordárselo a los jugadores y a uno de ellos en especial. Lee Chapman fue objeto de burlas durante toda la primera mitad. Lindezas tales como: “Chapman burro, levanta el culo” cada vez que éste perdía el equilibrio. Victoria por la mínima de un club de Premier frente a un rival de regional y, para colmo, una plaga de lesiones provocó que Harry Redknapp ya hubiera agotado los cambios cuando su delantero, Lee Chapman, cayó lesionado.

Fue entonces cuando El mago Harry se acercó a la valla y le dijo a Steve: “¡Eh tú, el que tanto criticaba! ¿Crees que puedes hacerlo mejor que Chapman?”, a lo que nuestro héroe respondió vertiginosamente: “Por supuesto que sí”. Se enfundó la camiseta con el dorsal 3 a la espalda y obró el sueño de todo aficionado; jugar un partido junto a sus ídolos. Harry, amigos y pareja de Steve, y todo el estadio reían. Bajo el apodo de Tittyshev, jugador búlgaro que Redknapp había hecho creer a la megafonía que ingresaba al terreno de juego, Steve Davis tenía 40 minutos por delante como delantero del West Ham aunque, como él mismo ha revelado años después: “habitualmente solía jugar de defensa pero era una oportunidad única difícil de rechazar”.

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Redknapp habla con el aficionado antes de ponerlo a jugar | The Guardian

Por si no fuera suficiente hito que un aficionado juegue un partido con un club de primera división, al bueno de Steve Davies se le ocurrió marcar un gol. Corría el minuto 71 de encuentro cuando Steve, algo cansado, a quien las cervezas y los cigarrillos ya habían pasado factura, se encontró con un magnífico pase de Matty Holmes que lo dejaba solo ante el portero. Era el momento de su vida. Con la ilusión con la que todo aficionado alzamos la pierna en el bar cuando nuestro equipo se acerca a la portería y gritamos: ¡Chuta! Stevie fusiló al guardameta del Oxford City y anotó el cuarto tanto del encuentro. Al igual que su héroe, Trevor Booking, un jugador no profesional marca un gol con el West Ham.

Una historia preciosa, inolvidable, casi imposible de creer. Una historia perfecta… excepto para una persona. Dermot Gallagher, árbitro de aquel encuentro, decidió añadirle un mayor toque épico a la historia y anuló el gol de Steve por fuera de juego, quién, como buen hooligan, no pudo responder otra cosa que: “Te has cargado mi sueño, hijo de p***”. La historia finaliza con dos anécdotas; Steve Davies le pidió a Harry Redknapp la camiseta como recuerdo de aquel día inolvidable, pero la respuesta fue que no podían porque la necesitaban para el próximo partido. Y, la más importante, Steve cumplió lo que le prometió a Harry. Como el propio entrenador inglés le reconoció en la dedicatoria del ejemplar de sus memorias que le firmó a Steve: “Jugaste mejor que Chapman”.

 

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