Se habla de:

Valencia

article title

El guardián infravalorado e imbatible de Mestalla

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Tenía que superar 549 minutos. Como si de una prueba de ‘Guinness’ se tratara. Finalmente llegó a los 594 custodiando la portería del Valencia en su territorio. Diego Alves superó el récord de imbatibilidad que hasta el pasado lunes era propiedad de Pep Balaguer. Cuarenta años (desde la temporada 1974-75) llevaba vigente la marca del guardameta de la Pobla de Vallbona. Y tuvo que ser el brasileño, acompañado por el trabajo colectivo, quien lo consiguió. Una nueva demostración de influencia y autoridad del mejor portero de la Liga. Y, aunque parezca un delirio, infravalorado cuando se hace hincapié en trono de porteros. Los focos se los llevan otros, unos por su historial y otros por crecimiento en esta parte de la temporada, pero de lo que no hay duda es que el bueno de verdad defiende la portería del Valencia semana tras semana.

A su agilidad gatuna y sagaz le ha añadido un componente de mejora terrible en los balones aéreos. Por no hablar de su ‘momento chapuzón’. Dícese cuando uno se lanza al agua con total liberación e independencia. Siendo consciente que al jefe se le ha perdido de vista durante una temporadita. Disfrutando del momento como en unas vacaciones en Mojácar. Sereno, templado, sintiéndose dominador, sin temblores de ningún tipo. Así es Diego Alves cuando le pitan un penalti en contra. Un hombre liberado de cualquier tiesura. Como si fuese a nadar a crol en una piscina limpia y cristalina. Sabe que tiene la corona. Que el porcentaje de acierto supera el 50% y que el rival lo va a tener crudo para derrumbar dos muros, el de su habilidad técnica individual y el psicológico.

Antes del descanso ante el Granada ya dejó en el olvido el récord de Eizaguirre (514 minutos) y Pesudo (521 y 535) pero fue con el final de la primera mitad cuando empezó a observar a Pep Balaguer desde el retrovisor. Acabó el encuentro impoluto, casi sin sudar, deseando un taburete para disfrutar del espectáculo en primera fila. El Granada no enseñó las zarpas en ningún momento y el brasileño comenzó a soñar con agrandar su leyenda el próximo domingo ante el Eibar.

Su madurez es armónica e integral y ha encontrado con Nuno Espirito Santo la regularidad que siempre solicita el guardián de llaves de cada portería. La formalidad ante la rotación es clave, como también lo es una disciplina defensiva casi inmaculada. Antes de llegar a Diego Alves los rivales han de rebasar dos trincheras fatigosas y jadeantes. Javi Fuego y Mustafi vociferan al brasileño desde la distancia para que inhale tranquilo. Y por si no eran suficientes, los contrarios han de atravesar un terraplén cargado de minas. Un parapeto con cañoneras y merlones. Una bóveda a prueba de bombas. Otamendi pone la raya y quien no la respete, sale por los aires. Aunque un sistema defensivo no esté formado exclusivamente por individualidades, qué duda cabe que los tres amigos caciques de Diego son de un nivel tremendamente superior a los que tuvo en años anteriores.

Pero esos auxilios no han de entumecer la irrupción de un portero como la copa de un pino. Olvidado por momentos pero que sigue haciendo camino para situarse en la calle paralela de Santi Cañizares en el corazón valencianista. El lunes ya destronó a Balaguer. Y no sabemos qué será lo próximo. Lo que sí tenemos claro es que el Valencia está defendido por los mejores guantes del campeonato. Déjense de otras gaitas.

 

 

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados