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El grito de Islington: el Arsenal vuelve a ser campeón

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Javier MERCADAL.- Se llamaba Number One Sports Bar, pero podría haber sido otro pub cualquiera de los muchos que pueblan la zona. Formalmente, se publicita en el área de Liverpool Street. En la 'City', el corazón financiero de la gran ciudad. El lugar donde los rascacielos rompen el monótono 'skyline' de la capital británica, formado en su mayoría por interminables barriadas compuestas por ristras de casas adosadas de tres pisos de altura como máximo. Una zona fría, impersonal, destinada a los negocios que, normalmente, solo entiende de ocio cuando las oficinas cierran y los trajeados deciden beber la pinta de cerveza ritual que pone fin a su jornada laboral. Por ello, los fines de semana, en sus calles, la actividad, frenética de lunes a viernes, suele decrecer. Claro que, en esta ocasión, todo era diferente.

Para acceder al garito, la opción más cómoda suele ser apearse del metro en la estación de Old Street, salida número dos. A partir de ahí, un pequeño paseo a lo largo de Worship Street desemboca en la puerta del local. De camino, una señal ofrece la pista definitiva: “Welcome to Islington”. Normalmente, en un paso rutinario, se trata de un cartel a obviar por parte del viandante. No el pasado sábado 17 de mayo, día en que el Arsenal disputó, y ganó, la final de la FA Cup contra el Hull City por 3-2, tras la prórroga.

En lo futbolístico, Londres es una ciudad apasionante. Durante la temporada 2013/14, la capital británica contabilizó hasta seis equipos en la Premier League. Se trata, sin duda, de un mapa único, en el que la adscripción a un equipo de fútbol suele difuminarse en torno a las diferentes áreas de influencia donde cada club tiene su hogar. Para el Arsenal, su casa está al Norte, en Islington. Es por ello que, pese a que el choque se jugase en Wembley, a unos 15 kilómetros al oeste en línea recta, cuando el balón comenzó a rodar, un murmullo se dejó sentir en todo el barrio.

El reparto de entradas por parte de la Football Asociation (FA), con 25.000 entradas para cada uno de los finalistas, dejó a miles de aficionados siguiendo el partido por televisión. Muchos de ellos, en las pantallas gigantes instaladas en el Emirates Stadium. El resto, generalmente, reunidos en su pub de cabecera, como el Number One Sports Bar.

Desde primera hora de la mañana, la célebre camiseta roja con las mangas blancas comenzó a inundar la ciudad. No era un día normal. Se jugaba la final de la FA Cup, que en Inglaterra siempre es un evento resaltado en amarillo fluorescente sobre el calendario. Sin embargo, no se trataba de una final cualquiera. Frente a frente, se medían un debutante en tal latitud del campeonato contra un viejo gigante que llevaba nueve años dormido. Una sequía de títulos que, en las espaldas del Arsenal, pesaba demasiado. Quizá, solo a través de tal presión, se puede explicar que, en el minuto 9, los pupilos de Arsene Wenger fueran perdiendo por 0-2. Una distancia que, a tenor de las ocasiones disfrutadas por los Tigers, pudo ser incluso mayor. Quizá solo así se pueda explicar que el técnico alsaciano, que ya colecciona cinco copas en su palmarés particular (igualando así el récord de Sir Alex Ferguson) calificase la victoria como “el trofeo más importante en la historia del club”. 

Así se celebró en el Number One Sports Bar. Tanto que, en el mismo momento que Ramsey marcó el gol del triunfo Gunner en la prórroga, uno de los extasiados clientes, fruto de la alegría inmensa que bullía en su interior, golpeó el proyector que, colgado del techo, servía imágenes a la principal pantalla del local, desconectándolo para siempre. Por ello, los aficionados allí reunidos, tuvieron que ver a Thomas Vermaelen alzar la copa al cielo londinense a través de las televisiones auxiliares del pub. A nadie pareció importarle en demasía, claro. El Arsenal era de nuevo campeón y aquello era lo único que importaba.

Por fin, el Arsenal dejaba de ser esa nueva versión del eterno perdedor que Nick Hornby reflejó en su célebre 'Fiebre en las Gradas' para convertirse, otra vez, en el conjunto dominador que Arsene Wenger logró a raíz de su llegada en 1996. Aquel equipo que logró ganar una Premier sin perder ningún solo partido de Liga y que actualmente sólo resultaba un burdo recuerdo difícilmente de enlazar con el presente.

Todas las decepciones vividas, como la final de la Champions League de 2006 o la final de la Carling Cup de 2011, todas las inoportunas lesiones sufridas, todas las ventas de los diferentes jugadores emblema que se han ido sucediendo durante los últimos veranos, parecen por fin enterrados en el pasado. Sepultadas por una muchedumbre que, el domingo, en el desfile organizado por el club, inundó las calles de Islington, el mismo barrio que, el día anterior, se había convertido en una hora feliz masiva sin campanada de última ronda.

Según estimó la Policía Metropolitana, en torno a 250.000 personas acudieron a la cita con los campeones. Casi el triple de asistentes que al evento que, dos años antes, había organizado el Chelsea para celebrar su Liga de Campeones, hasta ahora el título más importante obtenido por un conjunto de la capital. Los cañoneros han recuperado su orgullo. Islington gritó, finalmente, de alegría.

[Sigue toda la actualidad del Arsenal en @ArsenalSphera]

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