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EURO 2016

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El gran salto de Álvaro Morata

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Cuando Morata abandonó el Real Madrid para firmar por la Juventus, el escenario de un club de semejante magnitud y plenamente instalado en el triunfo se antojaba demasiado vasto para que el joven delantero español alcanzase la ansiada continuidad y asentase una notable proyección que era aún demasiado inestable.

Álvaro Morata aterrizó en Turín con el aval que supone proceder del equipo blanco pero sin que su fichaje convenciese casi nada para un contexto tan elitista, ya que era un punta al que todavía se le antojaba un largo periodo de formación al máximo nivel y cuyo rendimiento solamente había cuajado como mero revulsivo en un equipo plagado de las mejores estrellas donde siempre iba a tener la oportunidad de cazar algún que otro gol.

Sin embargo, Morata ya había ido enseñando lo que le ha elevado a ser el actual gran delantero español: su asombrosa capacidad para decidir en los grandes días. Lo hizo en las semifinales del Europeo sub-19 en 2011, en el ascenso a Segunda del Castilla en 2012 contra el Cádiz y volvió a repetirlo en 2013 en la Eurocopa sub-21 con otro tanto en semifinales y siendo nuevamente el pichichi del torneo. Cinco meses más tarde marcaba su primer gol oficial con el Madrid para darle los tres puntos en su visita al Levante. Cómo si no.

No se entendería la dimensión actual de Morata sin su impresionante don para erigirse en determinante en los momentos en los que más tiemblan las piernas. Sus minutos de oro en la final de Lisboa precedieron a su traspaso a la Juventus, donde 12 de los 27 goles que ha marcado como bianconero han llegado en partidos de Champions League y en eliminatorias a vida o muerte de Coppa Italia. Sus dos pares de tantos en los octavos y en los cuartos de final ante el Borussia Dortmund y el propio Real Madrid, el gol con el que la Juventus empató momentáneamente ante el Barça en la finalísima de aquella misma edición o el que decidió la pasada Coppa Italia en la prórroga ante el Milan son sus mejores ejemplos.

Pese a que sus cifras goleadoras no serían propias de cualquier otro delantero de talla mundial, su virtud para aparecer en momentos clave y su increíble crecimiento como futbolista en la Juventus sí le empiezan a situar por méritos propios en el segundo escalafón de los grandes puntas continentales. En Turín y en una liga tan táctica como la italiana, Morata ha aprendido su verdadero oficio y a su innato oportunismo ha incoporado un amplio catálogo de movimientos y aptitudes al tiempo que iba mejorando muchísimo otros tantos aspectos que su juego ya poseía gracias, en gran medida, a su actitud humilde repleta de amor propio, siempre positiva, dispuesta al aprendizaje y con los dientes apretados para pedalear sin cesar. Sin importar si el firme era llano o escarpado.

Desde las conducciones verticales desde atrás, a saber explotar su cuerpo en el choque para aguantar o llevarse el balón sin perder su talento para ser igualmente escurridizo, pasando por la doma y canalización de su nervio para convertirlo en agresividad incisiva, su trabajo defensivo y en la presión, sus apoyos, desmarques y caídas profundas a los costados, hasta llegar a su aprovechamiento de los espacios, su capacidad para adelantarse a la marca y acolchar el juego directo, su mejor tino a la hora de definir y sus casi imparables giros cuando recibe de espaldas que tan bien hablan de su potencia en la aceleración. Solamente le ha quedado como asignatura pendiente de mejorar su sapiencia para estar en el área y no sólo para llegar de forma implacable y hambrienta a ella.

Morata ha completado un prestigioso máster con Massimiliano Allegri, que incluso lo ha obligado a actuar puntualmente como hombre abierto fijo que tiene que bajar a ayudar por debajo de la medular, y lo ha superado con una nota de sobresaliente cum laude. Sin ser un habitual –solamente jugó 37 de los 76 encuentros totales que suman las dos Serie A que disputó con la Juventus- se ha adaptado a casi cualquier sistema táctico y ha superado con creces el rol de mero agitador con el que había llegado.

Ha alcanzado, por tanto, el momento idóneo para dejar de ser el becario de la oficina e instalarse con pies de plomo como un titular habitual para fijar así sus fantásticas y decisivas características con plena continuidad y hacer de su don un arma cotidiana, lista para ser desenvainada todos los días. Ya sea en el Real Madrid o en el club grande que, con buen tino, vaya a apostar por él este mismo verano.

Y es que, a sus 23 años, Morata ha sumado a su fútbol elementos y ha decidido partidos que otros delanteros de nivel no soñarían con adquirir ni completar a lo largo de toda una amplia trayectoria. Ha demostrado ser una alternativa inmejorable pero, al mismo tiempo, también ha dejado patente que quiere dejar de ser un futbolista de los que entra y sale del once titular para dar el siguiente paso de forma natural y seguir creciendo de la mano de su innata estrella para adueñarse de los mejores escenarios.

A la espera de que Pogba demuestre ser desequilibrante también en los días clave y que Dybala se instale como el crack absoluto que ya se adivina sin esfuerzo que será, la Juventus pierde con la salida de ‘Alvarone’ el hado que Morata tiene, cuida y aprovecha para, al fin y al cabo, ganar títulos y responder como nadie en las situaciones más críticas y acuciantes y también se le escapa un perfecto delantero de momentos que se ha convertido con trabajo, trabajo y más trabajo en un atacante muy completo en vías de serlo todavía más.

El nueve de España es una de las mejores decisiones que tomó Vicente Del Bosque en los últimos años, tal y como reveló la EURO 2016, y está preparado para realizar el paso hacia delante definitivo en su carrera que confirme toda su dimensión. Tiene absolutamente todo a su favor además de lo más difícil pues aquello que cualquiera anhelaría atesorar a Morata ya le viene incorporado de forma innata.

La Juventus ha forjado al niño oportunista que salió del Real Madrid y lo ha transformado en el hombre temible de las grandes citas que hoy es y que ni siquiera se conforma con serlo. Ni con eso ni con nada. Morata es mucho más y, aquí o allá, en Francia, en España o en Inglaterra, le ha llegado la ocasión de demostrarlo tras su condicionada salida de la Juventus. Escribía Borges en ‘El Aleph’ que “cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Morata ya sabe realmente quién es como sabe que su momento es exactamente el que a partir de ahora vendrá: el momento del gran salto de Álvaro Morata.

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