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El gol que desencadenó la agonía en Loftus Road

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Los mejores cubiertos, las mejores copas, las cortinas lavadas y el mejor de los trajes. Todo debía ser perfecto, nada debía salir mal. Ni siquiera el sol se perdió la cita en un Londres, normalmente nublado, para recibir al líder.

Loftus Road acogía el primer encuentro dominical de la 32ª jornada de la Premier League. Uno de los equipos implicados en la siempre agónica pelea por no descender recibía al líder del torneo. Un duelo, a priori, desigualado, que presentaba al Chelsea como claro favorito a la victoria. Las cifras de los Hoops eran claras, a su pesar. El equipo que más goles y más ocasiones en contra recibe, frente al primer clasificado, que ya encara su título.

Se cumplieron las expectativas con el 0-1 final, obra de Cesc Fàbregas. Sin embargo, el guión no fue el esperado, los planes creados por el equipo de producción quedaron en fuera de juego y el panorama visto en el estadio londinense sorprendió a conocidos y extraños del lugar.

El Queens Park Rangers no mereció perder. Una oración simple, pero rotunda, que resume sin tapujos lo visto en el partido. El Chelsea volvió a firmar una nueva actuación sin personalidad, lejos de la versión rotunda que enamoraba y convencía en los primeros meses de torneo. Parece que ganarán la Premier League, son favoritos, pero las sensaciones están muy lejos y parece que acabarán ganando gracias a las rentas iniciales, por el buen trabajo pasado.

El duro día a día para salir del descenso ya es un hándicap importante con el que tiene que convivir la plantilla del QPR, pero derrotas como la vivida frente al Chelsea, acaban haciendo mella en lo psicológico. Un duro gol el sufrido en la recta final. Era el primer disparo del Chelsea, del líder autoritario del torneo. Los pupilos de Chris Ramsey cayeron sobre la bocina, cuando incluso el empate parecía injusto visto lo visto durante el partido. Pero fue peor, en el minuto 88, en el primer disparo y ocasión clara del líder.

Frío, congelados. Sensaciones desagradables que helaron la grada local de Loftus Road. Incluso Mourinho aplaudía de forma espontánea, fuera de sí, como si ni siquiera él se creyese lo que estaba pasando. Y la imagen de la jornada, el gesto más feo que podía ocurrir. Rui Faria, miembro del staff técnico del Chelsea, celebrando por todo lo alto (algo lógico), gritando hacia la figura de Chris Ramsey, técnico rival, cuando éste estaba arrodillado, asimilando el duro golpe que suponía ese gol. Una imagen que dolía como propia. Un equipo que pelea por sobrevivir, siendo asestado por una potencia infinitamente superior a nivel institucional, y ademas con un gesto tan humillante como el protagonizado por la mano derecha de Mourinho.

El Chelsea seguirá líder, con 73 puntos, con un partido menos, que de ganar podría marchar la distancia respecto al segundo hasta los 10 puntos casi sentenciando de forma matemática el título. Pero nada que ver la situación de sus vecinos, que asistían atónitos ante una de esas injustícias del fútbol que, esta vez, les cedió el amargo sabor de la derrota. La derrota en casa hace que el QPR siga en descenso, siga en problemas, siga una semana más con la pesadilla de la incerteza, de saber que no dependen de ellos mismos para permanecer en la élite. 26 puntos en su casillero, a 2 de la salvación, que rige el Hull City.

Dicen, los campeonatos se ganan en encuentros como el vivido en Loftus Road. Un partido en el que no estuvo a la altura, que se presentaba asequible, acabó en efusiva celebración de los Blues. Un gol, el de Fàbregas, que permitía sumar 3 puntos de cara al títulos para los del Bridge, pero que mantiene al QPR en un temido descenso.

La imagen de Chris Ramsey siendo humillado por Rui Faria ha dolido mucho, y sólo hace que intensificar la delicada situación, pese a buenos partidos como frente al Chelsea, pese a tener a uno de los mejores delanteros del campeonato, como Charlie Austin. Una semana más, deberán pelear contra el aspecto psicológico, aunque muy seguramente, pese a la delicada situación, pocos aficionados del QPR se cambiarían por otros. Fidelidad inglesa, una vez más. Recta final con dudas, incerteza, pero con la única de esperanza de seguir mostrando la misma versión que frente a sus vecinos, frente al potente líder, para aspirar a seguir un año más en la élite.

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