Fútbol femenino

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El futuro también es de ellas

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No es ningún secreto que la desigualdad por cuestiones de género es especialmente significativa en el mundo del fútbol (y del deporte en general). Y la indiferencia de los grandes medios de comunicación hacia el fútbol femenino con respecto al masculino no ayuda a solventarlo. A día de hoy vende más la crisis sentimental entre Piqué y Shakira que el histórico arranque de curso del Barça Femenino. Cabe recordar que son los medios quienes determinan qué aspectos de la actualidad tienen más relevancia (teoría del agenda-setting), pero eso es meterse en temas de ética periodística, así que mejor dejarlo.

Si hay algo que el fútbol femenino lleva reclamando desde hace tiempo no es tanto la publicidad o la visibilización, puesto que poco a poco se va avanzando con partidos emitidos en abierto, o con proyectos como MARCA en Femenino. Actualmente la guerra viene por conseguir una situación laboral digna. No deja de sorprender que en España no exista un convenio colectivo para el fútbol femenino y sí para el masculino. Algo impensable en cualquier otro sector. Esto se traduce en la inexistencia de salarios mínimos, falta de contratos profesionales, trato desigual por parte de los clubs… Llevado a los números, podemos apreciar que, cuando con la Selección Española los hombres cobran primas estratosféricas por ganar un partido, las jugadoras sólo perciben 150€.

Esta injusticia no es única de nuestro país, sino que afecta al mundo entero. Tal y como refleja un informe elaborado el año pasado por la Equal Employment Opportunity Commission, en Estados Unidos los hombres ganan 5.000 dólares por partido más 8.000 por victoria, mientras que las mujeres sólo ingresan 3.600 dólares más un bonus de 1.350 por ganar. Esto se traduce en que un hombre que pierda 20 partidos gana más que una mujer que los haya ganado todos. Una situación cuanto menos asombrosa, ya que la selección femenina de Estados Unidos es posiblemente la mejor del mundo desde hace varios años, mientras que la masculina no se encuentra ni entre las principales potencias. Aunque, tras el paso por la vía judicial, el Senado aprobó una moción por la equiparación de salarios, las jugadoras de la selección americana prosiguen con su particular batalla.

(Getty)

Es cierto que en gran medida el salario de unos y otros se regula por el mercado económico. Griezmann genera más dinero al Atlético de Madrid que Marta Corredera, y por tanto gana más.  La igualdad salarial tardará mucho en llegar, al menos en un país como el nuestro, con una liga masculina tan potente frente a una liga femenina que aún necesita asentarse. Pero hay que luchar por ello.

VER MÁS: La historia del fútbol femenino

Hace unos días se conocía la noticia de que en la Selección Noruega los hombres han decidido donar parte de su sueldo para que las mujeres no cobren menos por defender la misma camiseta. Los noruegos no son el primer país que lleva una medida así a cabo. En septiembre los jugadores de la selección masculina de Dinamarca comunicaban a la Federación de Fútbol Danesa su intención de rebajarse el salario para igualarlo al de sus compatriotas femeninas, y que así pudiesen vivir de su pasión de la misma manera que ellos.

En España también se han dado algunos pasos en la buena dirección. La entrada de Iberdrola el pasado año como patrocinador de la liga femenina ha supuesto no sólo un mayor beneficio económico para los clubs, sino una mejora en las condiciones de trabajo de las jugadoras, que incluso han llegado a disputar algunos partidos en los grandes estadios del país. También se ha acrecentado el interés por parte de la sociedad y medios por un deporte cada vez más pujante. Este año Loterías y Apuestas del Estado ha decidido incluir algunos partidos de la Liga Iberdrola dentro de la Quiniela, y GOL Televisión emite todas las jornadas varios partidos en abierto.

El camino que queda por recorrer es muy largo, pero se está avanzando. Son gestos de compañeros de profesión, de instituciones y de empresas, que ayudan a levantar los cimientos de la igualdad en el fútbol. Gestos que, aunque puedan parecer pequeños, son la base de un futuro más justo. Porque el fútbol femenino no es una moda, es una realidad que ha llegado para quedarse.

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