Copa Confederaciones

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El futbolista con cara de niño que ya es todo un hombre

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Hay gente que aunque pasen los años parece como si el tiempo no hiciera mella en sus expresiones faciales. Conservan su mirada tierna, bondadosa, sin malicia. Se convierten en personas adultas que siempre piensas que pueden pecar de inexperiencia. Dicen que la veteranía es un grado, y es verdad. Es importante en todos los aspectos de la vida. Los deportes no son una excepción, así que en el fútbol tampoco.

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Durante la vida se aprende a madurar a base de superar obstáculos que se te ponen en el camino. Normalmente es un proceso largo, de muchos años. De hecho se aprende desde el momento que naces hasta el instante que mueres. En el caso de los futbolistas, como su trayectoria deportiva es mucho más corta que una vida entera, han de madurar de forma más rápida. Hay casos que ese aprendizaje se realiza a pasos agigantados, más veloz de lo normal. Uno de estos ejemplos es el alemán Julian Draxler.

Quién le diría a este chico, nacido en la localidad de Gladbeck hace 23 años, que se convertiría en el futbolista germano más joven en capitanear la selección absoluta alemana durante todo un torneo oficial desde 1912.

Draxler ha liderado a la Mannschaft a ganar la Copa Confederaciones 2017. Además el joven futbolista ha sido designado como el mejor jugador del torneo. Toda una efeméride para un chico de tan solo 23 años que aún conserva la mirada de un niño. Un jugador que se ha hecho todo un adulto, futbolísticamente hablando, a una pronta edad.

Se ha rodeado de los mayores y hoy por hoy ya les puede mirar a los ojos. Desde su irrupción en el Schalke 04 ha ido mejorando a medida que han pasado los años. Pasó por el Wolfsburgo y ahora es ya uno de los pilares del PSG. El niño se ha hecho mayor. Ya tiene la picardía necesaria aprendida a base de golpes de los defensores rivales. Asume la responsabilidad como un veterano de este oficio. No se esconde en soportar la presión que la mayoría de futbolistas de su edad aún no están preparados para sufrir.

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Y todo eso con la mirada angelical de un infante. Con la que piensas que es incapaz de hacerle daño a un rival. Con la sensación que debe tener un contrario que defender a este joven jugador va a ser pan comido. Pero las apariencias engañan. Draxler ya no es un niño, es todo un hombre.

 

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