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El fútbol sufre de amnesia

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Hace dos años, Courtois asentaba las bases de lo que se avecinaba, un Atleti estratosférico. Miranda en la prórroga azotaba bruscamente a un Madrid desquiciado y el Atlético ganaba la Copa del Rey en el Santiago Bernabéu, alguien mandaba en la capital y no eran los blancos. Hace uno, el testigo lo recogía Godin, Simeone y los suyos ante la adversidad y un Costa lesionado, no les tembló el pulso y tras la reanudación, Godín se internaba entre la marabunta y dieciocho años después, el Atleti lucía corona en España. Ayer, el Barça de Luis Enrique visitaba Madrid con la posibilidad de tomarse su propia revancha ante un Atleti y así fue. Un solitario gol de Leo Messi en la segunda parte certificaba el vigésimo tercero titulo liguero en la historia blaugrana. El mismo día, mismos equipos y mismo en juego -al menos para uno- el destino les invitaba a una nueva partida. El Barça no falló, ojo por ojo, el fútbol es caprichoso y siempre brinda una segunda oportunidad. Del año pasado, el Barça prefiere no acordarse, se quedó en blanco viendo al eterno rival levantando la Décima, un año más tarde, con total seguridad será el eterno rival, el que estampe el color de su camiseta en su mente y vitrinas.

 

 

Por el norte de España, en Eibar, donde el oficio es un arte, tras firmar una primera vuelta para el recuerdo, a falta de una jornada para el cierre del campeonato, se encuentran en la marea, casi ahogados, peleando por la salvación tras una segunda vuelta no tan buena. De héroe a villano en cuestión de meses, quién lo diría. En el sur, en Córdoba, ya no pueden decir lo mismo. La fortuna evitó que la tragedia fuera una realidad aquella tarde en Las Palmas. Algunos que ya lo celebraban, todavía siguen dando palmas sin llegar a creerse lo que realmente pasó tras las reanudación. Los otros, casi sin tiempo para el disfrute, sin llegar a cumplirse un año de lo sucedido, vuelven al infierno, tras su paso en Primera División sin pena ni gloria.

 

 

En Italia, el Frosinone, recién ascendido a la Serie A, cumple un sueño. Se estrenará por primera vez el curso que viene en la máxima competición italiana. Hace dos años, ubicado en la Serie C ha realizado una escalada sin descanso hasta la cima. Orgullosos pueden estar tanto en Frosinone como en Carpi, después de tanto trabajo, aquello de vírgenes en la competición sonará bonito pero no real.

En el pico de la cima, la Juve. “De Berlín a la B y de la B a Berlín…esto es la vida”. Tras eliminar al Madrid y no a Ancelotti se quedaron a las puertas de alcanzar la gloria europea. Doce años después, con una alianza entre los enemigos y con Buffon como único superviviente de la tragedia, la alcanzaron y lo hicieron con un madridista matando al Real en Madrid. De ese madridista, se dice que desde bien pequeñito se enfundó la zamarra blanca y soñó con ser algún día el nueve de aquel equipo. Llegó a ser jugador del primer equipo pero ante la falta de oportunidades, decidió marchar a Italia. El destino, siempre caprichoso le deparó una vuelta a Madrid.

 

 

Morata siempre tuvo un ídolo, yo también y el madridismo que creció conmigo casi que también tuvo el mismo. No era el más alto, ni el más rápido, tampoco el más técnico, pero sí el más listo. Raúl, el que nunca hace nada. Se convirtió máximo goleador histórico del club por encima de Di Stéfano y explicó al mundo lo que era el Real Madrid por aquel entonces; esfuerzo, sudor y lágrimas y por encima de todo, jamás existió la palabra rendición. Aquel niño recogepelotas, fue jugador, capitán y corazón del Real Madrid, después de ser el último superviviente de los galácticos, años más tarde fue leyenda. Anunció su marcha y el mundo se paró, hasta el mismísimo rey le envió un mensaje agradeciendo el servicio prestado pero Madrid continuó tranquilo. Tras ganarse el frío corazón de los alemanes en menos de lo que canta un gallo, quizás se tambalearon los cimientos del Santiago Bernabéu, de la poca vergüenza que habían tenido con el jugador más emblemático de la última década. En un partido veraniego sin trascendencia, intentaron arreglarlo. Fue una felicitación pasados los días, se agradece pero nunca con la misma ilusión, se te queda sabor amargo. Eso mismo sintió Raúl. En Alemania, en todo momento supieron cuando era su cumpleaños y en que momento debían de felicitarle.

En Barcelona, parece que más de lo mismo, gente que ha prestado su servicio de por vida, salió por la puerta de atrás tras terminar su charla con la prensa. Dos partidos, eso es lo que separa al Barça de repetir la gesta del triplete. No veremos a Puyol levantando los trofeos, seguramente sea Xavi y parece que ese será el mejor homenaje que le puede brindar el aficionado culé y se equivocan, esa es la vida fácil aunque suene raro. Ya no son jugadores que prestaron sus servicios y su vida al F.C.Barcelona, son parte de la historia, jugadores que asentaron las bases del mejor Barça de la historia.

 

 

El sábado, quien no conociera a Gerrard pensaría que construyó Anfield y fundó el Liverpool. No hizo nada de eso, “simplemente” estuvo dieciocho años al servicio del equipo que le vio nacer, hubo tiempos buenos y otros no tan buenos. Estambul, Atenas, el 4-0 al Madrid y la tarde de Demba Ba, así a brote pronto. Se acariciaba la Premier y el resbalón de aquella tarde aún perdura y nunca se ha escuchado un pito o una falta de respeto hacia su capitán. Owen, Baros, Luís García, Fowler, Alonso, Torres, Suárez, todos fueron sus compañeros, hombres que dejaron huella pero finalmente los hombres marcharon y las leyendas se quedaron. Ayer, a todos se nos puso la piel de gallina, sentimos envidia sana y no tan sana del agradecimiento de Anfield y de Inglaterra entera hacia Steven. El Liverpool perdió y no importó, el objetivo de aquella tarde era bien distinto. Para poner la guinda al pastel, Gerrard cogió el micrófono expresó su sentimiento de tristeza y agradeció el apoyo incondicional que ha recibido por parte de la que ha sido su casa durante dieciocho años y tras esto, sonó el YNWA más emotivo, fue dedicado para Steven y ahí el chico duro de Liverpool, agachó la mirada, levanto el brazo en forma de agradecimiento y los recuerdos hicieron que alguna lágrima diera el pistoletazo de salida. Acorde a lo que fue Steven, era lo mínimo que se podía hacer.

Y por si no había suficientes diferencias, Casillas. Quien tuviera ojos y cabeza vería que el Real Madrid habría muerto mucho antes que tras momento del pitido final, el pasado mércoles. Demasiadas noches ha sido Iker, el hombre que no dejó que el barco se hundiera y permaneciera a flote, entre tantas, recuerdo una de las primeras, aquella noche en Glasgow, el ingreso al campo tras la lesión de César, un niño que con el paso de los minutos se hizo hombre. Esta temporada no ha pasado por su mejor momento, evidente, pero tampoco lo hicieron Raúl o Puyol en su momento, o tampoco lo ha hecho Gerrard en su última temporada, donde gran parte de sus goles en los dos últimos años han sido a balón parado. La memoria es selectiva y la prensa y ciertas grandes influencias le han perjudicado. Se me cae la cara de vergüenza ser aficionado de este equipo incluso me pongo a temblar, cuando me imagino la despedida que le brindará -el día que llegué- el “respetado” del Santiago Bernabéu.

 

 

En el fútbol todo es raudo y veloz. Robinho nos encandiló con una tarde en el Carranza y con un par de vídeos de la red y nos defraudó durante los tres siguientes y no solo sobre el verde. Todos cayeron alguna vez, Casillas de no ser por Ramos estaría en una isla desierta despechado por el madridismo entero, Puyol se sentó ante la vertiginosidad de Di María, Gerrard se resbaló en el partido más importante del Liverpool en la Premier League en muchos años y Xavi nunca supo asentar los duros golpes que recibió el Barcelona como equipo. Todos tocaron fondo alguna vez y la gente olvida el servicio prestado. El aficionado debe recordar lo que nos brindaron, la de niños que portan sus camisetas o la de veces que hemos visto a estos capitanes levantar el trofeo hacia el cielo. Muchas han sido tardes de gloria pero ya no importa la gloria, solo el hecho de haber permanecido, respetado y amado al club de tus amores por tantos años, siendo el fiel escudero, merece mínimo una despedida acorde a la que se le brindó al gran Steven. El fútbol y en concreto el español deben aprender mucho de lo que se vivió en Anfield. Aquellos que aplaudan serán un ejemplo de salud mental porque ellos se negaron a olvidar en un tiempo de amnesia obligatoria, ya lo decía Eduardo Galeano que en paz descanse.

 

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