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El éxito de la Premier y las raíces del desastre

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Paco LÓPEZ – Un aficionado medio inglés debe ir muy feliz al estadio de agosto a mayo, la competición más igualada y de mayor poderío en todos sus estratos. En la Premier aunque seas de un equipo “modesto” puedes soñar con fichajes de varios millones de libras. Eso es un incentivo para ir jornada a jornada, animar y de paso observar el espectáculo. La hegemonía económica de la Premier sustenta todo, las horas bajas en otras ligas grandes como España e Italia le permiten sentirse de rebajas todo el año. Los contratos televisivos, el capital extranjero y futbolistas de todo el mundo hacen de la Premier, sino la mejor, la más atractiva de todas las ligas de fútbol.

Esta historia feliz tiene un punto negro, el jugador autóctono joven. A medida que el dinero llega en mayor cantidad, la paciencia hacia los entrenadores disminuye. La tendencia en la Premier es que los entrenadores son cada vez más prescindibles y eso les obliga a buscar soluciones rápidas, es decir, gastar en jugadores de 26 ó 27 años es más efectivo a corto plazo que apostar por los canteranos de 18. Un dato que proporciona el CIES Football Observatory nos despeja el panorama, la 12/13 sólo 35 ingleses seleccionables por la sub-21 jugaron en la Premier League, récord negativo. Una pena, pero si el entrenador quiere asegurar el futuro no puede tener más paciencia con los canteranos de la que tendrán sus jefes en él. En este panorama el canterano tiene tres opciones: jugar en ligas de filiales que distan mucho de la realidad de la Premier League, irse cedido a equipos de segunda en adelante o, por último, salir a otros países, algo casi tabú en la cultura británica.

La solución más común son las cesiones, lo cual no es malo, únicamente retrasa en un par de años la llegada al primer nivel de los futbolistas. Los jóvenes se curten en divisiones con un fútbol mucho más físico y pueden sumar más registros a su estilo de juego. El problema llega con el verano, los torneos internacionales de categorías inferiores dejan claro que no es oro todo lo que reluce. La inexperiencia se paga y los fracasos merman la autoestima del fútbol inglés.

 

No es casualidad que el fútbol inglés sufra cada verano, el nuevo sistema que les ha catapultado a ser la mejor competición liguera del mundo les lastra en la faceta formativa, uno de los quebraderos de cabeza de la FA que espera solventar con sus últimas inversiones. En el futuro no sabemos qué pasará, lo que si conocemos es que en 2005 la Premier era la liga que más minutos daba a sus internacionales sub-21 y ahora es la que menos (Fuente BBC). El fracaso en este tipo de torneos provoca que jugadores que podrían estar en la categoría sub-21 como Walker, Wilshere u Oxlade-Chamberlain no quieran saber nada que no sea la absoluta provocando que los técnicos sean el blanco fácil asumiendo más culpas de las muchas que ya tienen, ejemplo Stuart Pearce.

El modelo inglés necesita una revisión, la tendencia es que el problema se agravará. ¿Quién quiere firmar a un gran jugador del Wolves si por ese precio se trae a dos mejores de La Liga? Por todo ello llevarse las manos a la cabeza no deja de ser anecdótico, en cierto modo es el precio que actualmente hay que pagar para reforzar a la todopoderosa Premier League.

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