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El Este resiste, Boston crece y LeBron vive en Belice

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De la ilusión al llanto. De llanto a la resignación. De la resignación a la fe. De la fe al camino correcto. Apenas un mes y un puñado de días han pasado desde la opening night ante los Cavaliers en The Q. Sin entrar, otra vez, en la lesión de Hayward que cambió por completo la temporada de los verdes en cinco minutos, Brad Stevens se encerró en su despacho en el Garden durante un día entero para asimilar todo y tratar de buscar una solución a aquella dramática situación que se había presentado por sorpresa.

El remedio no fue instantáneo, de hecho perdieron el partido contra los Bucks en casa la noche siguiente al estreno contra los Cavs. Pero la esperanza volvió a florecer. Sabían que Gordon no estaría en toda temporada, ojalá vuelva la que viene igual que se marchó, es decir, en el mejor momento de su carrera, pero hay que tener paciencia. Esta ausencia modificó ciertas partes del plan trazado por Brad Stevens, lo que no quiere decir que los Celtics que estamos viendo sean producto de una improvisación maravillosa de técnico. No, el plan era el que estamos viendo, sólo que ha tenido que adelantar algunas de las fases que tenía prevista más a largo plazo.

Las 16 victorias seguidas (el día que escribo esta pieza son el número que llevan) son reales, que duda cabe, pero es una racha que enseña verdades y oculta ciertas realidades. Enseña que Kyrie Irving sí es un líder, además de un anotador sobrehumano. El base ya no siente la presión de servir a un bien mayor, lo que antes hacía en los Cavs con LeBron, y esto le está llevando a mostrar un nivel organizativo y defensivo que sabíamos que estaba ahí, pero que nunca habíamos visto en su máximo esplendor. Esta racha enseña que Baynes está siendo una sorpresa muy positiva y que Marcus Morris sigue siendo el gran jugador que pescaron de Detroit.

También vemos la brutal mejora en la que vive inmerso Jaylen Brown, candidato al MIP sin lugar a dudas. Así como las buenas sensaciones que dejan Tatum y Rozier cuando están en cancha. Pero, para mí, el mayor logro de Stevens (COY indiscutible de esta temporada y estamos en noviembre) en lo que va de campaña es haber devuelto a Al Horford a la élite de estrellas a la que pertenece. Ha aumentado su versatilidad defensiva, esa que tiene que poseer un interior tan móvil como él para defender lejos y cerca del aro. No importa el rival que tenga a su lado, Horford baja sus números de forma asombrosa. Su aportación queda fuera de toda duda. Un impacto tan grande que ha otorgado a los Celtics un salto de calidad tremendo. A años luz del Hordford del curso anterior.

Sin embargo, esta racha miente un poquito. Miente porque mantener esta mentalidad defensiva en toda la regular season es poco menos que una obscenidad, un gasto ingente de energía que deben guardar para cuando llegue abril. Las derrotas llegarán, posiblemente encadenadas, y esto nos hará valorar a los Celtics de otra forma, de una, quizá, más justa, todo sea dicho. A los Celtics con Hayward sí se les debía exigir las Finales, a estos, creo yo, no debemos. Y no debemos por una razón muy sencilla: con lo que tienen y están haciendo, que es absolutamente maravilloso y encomiable, no les va a valer para ganar a los Cavs en el Este. No en 2018.

Pero los datos están ahí, siempre gracias a ESPN Datos y Elias Sports. Son el 23 equipo en la historia de la NBA en encadenar en una sola temporada 16 triunfos seguidos en fase regular. 12 de los 22 equipos que lo consiguieron con anterioridad llegaron a las Finales, siendo capaz 10 de ellos de llevarse el Larry O’Brien. Mirando en la historia verde, igualan la cuarta mejor marca de la franquicia. De llegar a las 17 seguidas, empatarán con el mejor registro de la era Russell. Si hacen 18, con la era Bird. Y, si llegan a las 19, subirían al cielo junto a los últimos Celtics campeones, los de 2008. Las 20 seguidas serían un nuevo hito en el Garden. Aún con todo esto que cuento, las Finales las verán por la TV.

Que no suene a un intento de ser gurú ni a un excesivo ejercicio de sabiduría hueca, es que el de siempre está empezando a abrir los ojos. Los Cavaliers, una entrañable banda que tiene por hobby jugar a baloncesto, empiezan a dar síntomas de querer despertar del coma. Tras empezar la temporada con dos victorias ante Boston y Bucks, los campeones de 2016 han llegado a tener balance negativo en varios tramos de la temporada (3-4; 3-5; 4-6; 5-7), dando bastante vergüenza ajena.

Ahora, tras humillar a los Pistons en el Little Caesars Arena, marchan 10-7, cuartos del Este y en una serie de cinco victorias seguidas, seis en los últimos siete partidos. Es de sobra conocido cómo gestiona LeBron a sus equipos y a él mismo a lo largo de la temporada. Una fase regular a medio gas (a veces a un octavo de gas) para llegar a playoffs fresco, donde domina a placer, mostrando al mundo el escalón de leyenda que es. Sí, los 57 puntos a los Wizards están muy bien, igual que sus numerazos el resto del año, pero los que vemos la temporada completa sabemos los grados de dominio que es capaz de ejercer en base a las necesidades.

Estos Cavs no sé aún si son peores o no que los Cavs del año pasado, lo que sí sé es que están más lejos de los Warriors. Pero esa batalla ya llegará en su momento. Están sin Thomas, con el cual no es que vayan a defender mejor, todo lo contrario, pero tendrán más arsenal ofensivo. Rose no acaba de encajar en el equipo por culpa del tobillo, aunque ha sido de los mejores en los encuentros que ha podido disputar. Jugadores como Tristan, J.R. o Shumpert se encuentran en una fase de declive, esperemos que recuperables para la segunda mitad de la temporada. El rol de Wade está lejos de aclararse. Con todo esto que leéis, los Cavs empiezan a carburar. El sistema de LeBron como motor y tiradores a su lado vuelve a ponerse en marcha. Esto nos está dejando a un Korver que vive su segunda edad de oro. ¡Qué final de carrera tan maravilloso está teniendo!

Perderán muchos partidos más en regular season, algunos dejando sensaciones de dejadez preocupantes, pero apostar en el Este contra LeBron es absurdo hasta que desde Boston demuestren lo contrario (diría desde los 76ers pero, para cuando estos estén listos para batallas mayores, LeBron será un californiano más). Long live the King.

Por último, quería hacer hincapié en la dignidad que está teniendo la Conferencia Este. De verdad, qué ejercicio de supervivencia. Con el trasvase tan gigante de estrellas al Oeste y la diferencia tan abismal que reina entre ambas conferencias, el Este se niega a morir inmerso en rumores de una posible reforma a medio plazo del sistema clasificatorio para los playoffs. Toronto sigue haciendo las cosas muy bien, teniendo en Lowry y DeRozan sus activos más importantes. Detroit parece haberse acoplado al sistema Van Gundy al fin, gracias en buena parte a la adquisición de un jugador tan determinante defensivamente como Avery Bradley. Los Wizards siguen siendo equipo del TOP5 de franquicias más divertidas de ver.

Knicks, Pacers, Magic, Hornets, Nets y Heat luchan contra sí mismos por no morir. Bucks y 76ers miran al futuro desde el presente. Sólo Bulls (plantilla muy pobre) y Atlanta desentonan en un ramillete de equipos con más corazón que talento. La NBA siempre tiene sorpresas maravillosas.

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