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Sacramento Kings, el equipo ye-ye

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Hoy están muy de moda los Warriors. Es comprensible. Se trata de un equipo con un descaro monumental. Son una máquina perfecta de anotar (aunque también de defender, cuidado con este detalle), nutren nuestras retinas de highlights en cada partido y nos sacan sonrisas incluso en los días más grises. Son el baloncesto de discoteca, y a todos nos gusta bailar, ya sea en público o a escondidas; además estoy seguro de que quienes en cuerpo presente dicen odiar a Curry, Thompson y compañía, a solas reconocen su talento y disfrutan.

Definitivamente sí, están muy de moda los chicos de la bahía y a día de hoy solo el juego coral de los Spurs rivaliza en brillantez. Aunque antes de ellos hubo otros valientes que marcaron el camino, a los que no les salieron las cosas igual de bien cuando apostaron tan fuerte como estos muchachos. Golden State está cambiando la manera de entender el baloncesto, pero yo me hago una pregunta. ¿Existiría este fenómeno tal y como los conocemos sin los Suns de Nash? El caos ordenado de Stephen Curry recuerda mucho al del canadiense, también MVP de la liga por entonces. Adivináis las similitudes, ¿verdad? Pues entrados en materia, veréis que si nos vamos un poco más atrás, topamos con un conjunto al que el mismo Steve Kerr comparó con sus pupilos en diciembre de 2014*: los Sacramento Kings de principios de siglo. Los Kings que existieron antes que aquel equipo de Arizona que hace de puente entre ellos. Cada vez que los Warriors alcanzan un nuevo hito recuerdo a los californianos. En cierto modo, el éxito de los de Oakland es el triunfo de su estilo.

Talento y clase. El front court de Adelman en la capital de CA | Getty Images

Talento y clase. El front court de Adelman en la capital de CA | Getty Images

A mis añorados Sacramento Kings, el equipo ye-ye de principios de siglo:
Rick (Adelman), ¿has visto? Han honrado a Steve Kerr premiándole como entrenador del año. A él y un poco a Luke Walton, que tiene buena parte de culpa. Tú también mereciste ese galardón, porque con Pete Carril a tu lado, como asistente principal, remasteis contra corriente en unos tiempos en los que estaban de moda los marcadores bajos, el juego subterráneo. Apostaste por la alegría y nos regalaste una mochila llena de momentos grandiosos. Viniendo de otro método, supiste reciclarte. Y caerme bien. Jamás creí en algo así tratándose de la persona que no reconoció el talento en Drazen Petrovic. Cambiaste la cara de un conjunto perdedor y llevabas el carnaval a nuestras casas las noches en las que jugaban tus pupilos. Steve y los suyos han logrado el mejor record de la historia y él no esconde que disfrutó con vosotros aquel lustro. Deberías sentirte orgulloso, ¿no crees?

Chicos, ¿qué os parece? Estos californianos son serios candidatos al back to back. Imagino que no os perdisteis los playoffs del año pasado, cuando ganaron el anillo. Ese anillo que se os escapó en 2002, después de haber firmado el mejor récord de la liga, como han hecho ellos ahora.

Recuerdo cuando empezó todo: Geoff Petrie hizo magia en los despachos y de pronto rebosaba el entusiasmo. Jason Williams dirigía una nave cuyo nuevo capitán sería Chris Webber, acompañados por los balcánicos Vlade Divac y Peja Stojakovic. Os convertiríais en protagonistas habituales de las post temporadas. Fueron tiempos de trucos y chistera, y de casi monopolizar el top ten semanal de las mejores jugadas. Solo faltaba una última vuelta de tuerca: ya con Doug Christie asentado como escolta titular, hubo que despedir y dar las gracias por sus servicios a Williams para obtener al base que cerraría el círculo. En aquel momento, Mike Bibby aportaba todo lo necesario. No se iba a cambiar de estilo, pues era el sello del grupo, se mantendría la alegría, solo que pensando cuando la situación lo requiriese. Estabais listos para manteneros un lustro en la pomada. Cierto que la lesión de Webber cerró la puerta de la gloria antes de lo esperado, pero eso en ese instante no lo sabíais (ni lo sabíamos).

Orden, mando y ejecución. Letales en la larga distancia, Mike y Pedja | Getty Images

Orden, mando y ejecución. Letales en la larga distancia, Mike y Pedja | Getty Images

Definitivamente 2002 era el año. Pero aquella maldita serie ante Los Ángeles Lakers os privó de la gloria. Durante esos 7 partidos todos los aficionados al buen baloncesto reímos y lloramos con vosotros. Sudamos y sangramos con vosotros. Ganamos y perdimos vida con vosotros. Con Stojakovic lesionado (solo jugó los últimos 3 choques, siendo Hedo Turkoglu titular en toda la eliminatoria) pero con un Webber en el cénit de su carrera y un Bibby excelso enfrentabais la final de conferencia. Con ganas, con rabia. Y sabiendo que se trataba de la verdadera final NBA, pues por entonces la Conferencia Este carecía de un rival a la altura de la mayoría de equipos de la costa del Pacífico.

¡Qué serie! ¡Cuánto dio que hablar! Empezando por un Mitch Richmond relegado a lo más profundo del banquillo angelino por parte de Phil Jackson, un jugador que hoy tiene su camiseta colgada en el techo de vuestro pabellón, anécdota para el recuerdo. ¡Qué serie! Un triple inverosímil de Robert Horry (maestro en esas lides) en el último segundo llevaría las tablas en el cuarto partido cuando ya saboreabais el 3-1. Sin embargo, disteis la réplica, y tras una asistencia de C-Webb, Mike robaría de nuevo la ventaja de campo en el quinto con una canasta agónica. Luego, en el sexto, pasaron cosas muy extrañas; tanto es así que el mismo Tim Donaghy, uno de los árbitros de ese duelo, reconocería más tarde que en las jugadas controvertidas los angelinos salieron favorecidos. Y para finalizar, una séptima batalla con prórroga en la que claudicar. ¡Qué serie! ¡Qué tragedia! Aun os veo las caras cuando expiró el tiempo. Cabizbajos, destrozados… Yo miraba a mi hermano, que veía conmigo aquel encuentro: nuestra estampa también evidenciaba abatimiento. Parecía que nos habían derrotado igualmente a nosotros. En cierto sentido, había sido así. Todos los aficionados imparciales perdimos esa madrugada. Después nos consolaríamos auto convenciéndonos de que habría revancha pasados doce meses… Solo que nunca se daría. Porque el viento empezó a soplar en contra desde entonces. Y esa ventana se cerraría para siempre pese a que por sus ranuras todavía se filtrasen esporádicamente ráfagas de aire con aroma a gran baloncesto. Sí, ahí acabó todo.

Y es que mejor nos ahorramos hablar de lo que vino después. De la rodilla de Chris, de la apatía de Mike, del agotamiento mental de Peja, del desmantelamiento del equipo, de la salida de Rick… Olvidemos todo eso, que nos sobra.

Hoy mi mensaje es otro. A pesar de la nostalgia no alberga tristeza. Si os sirve de algo, os diré que cuando veo jugar a Golden State Warriors pienso en vosotros, en que en parte sois responsables, porque mostrasteis el camino. Pienso en que en cierto modo lo habéis logrado. Y seguro que como yo hay muchos fans de este deporte que os ven como espejo de lo que vivimos estos días con el equipo que hoy encandila al mundo. Así que os doy las gracias por lo que entonces hicisteis y os doy las gracias por vuestro legado. Fuisteis muy grandes.

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