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El elevado precio de “jugarse la vida” sobre el césped

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REDACCIÓN.– Trabajar bajo presión puede tener dos resultados, casi antagónicos. Unos rendirán a un alto nivel, casi necesitando ese grado de responsabilidad que le obligará a darlo todo, a dejarse la piel. Sin embargo, otros caen, sucumben a una presión que les supera y que les priva de conseguir sus mejores metas.

La Liga BBVA 2013/14 será recordada, pase lo que pase, como aquella en la que la bipolaridad quedó aparcada. La dinámica de la última década no entendía más allá de los dos polos. O Barcelona, o Madrid. No existía (deportivamente) otro planteamiento que tuviese un final fiable. Parecían dos ligas, dos torneos dentro de un mismo campeonato. "Los grandes" contra "el resto". Sin embargo, esta presente temporada desde orillas del Manzanares decidieron hacer acto de presencia, autoinvitarse a una fiesta que, a priori, no admitía más invitados, pero que con el paso de los meses han desencadenado una campaña más que emocionante.

Llega la última jornada de la Liga BBVA, con un duelo maravilloso, digno de haber sido preparado por todo aquel guionista que desee el mejor de los finales. Hasta el pasado fin de semana, matemáticamente, el torneo tenía a tres candidatos peleando por el título liguero, a falta de sólo dos jornadas. Una situación, un panorama impensable hace unos meses. La derrota del Real Madrid en Balaídos frente al Celta de Vigo les descarta oficialmente al título, pero presenta un partido en el Camp Nou que es una auténtica final.

Pocas veces, por no decir ninguna, se pueden ver en España una "Final" liguera. El torneo de la regularidad marca y premia a aquel que ha mantenido una línea constante durante un periodo de meses, sin embargo esta campaña finalizará con un duelo estelar entre Barcelona y Atlético de Madrid, en el que se conocerá el nuevo campeón.

Un final de liga apasionante, sin duda, pero también sorprendente. Cuando los equipos candidatos debían estar a la altura, no fallar en momentos decisivos, se ha producido un cambio de guión digno de la gran megaproducción del momento.

En las últimas dos semanas Atlético de Madrid, Barcelona y Real Madrid han encadenado resultados negativos, o al menos no excelentes y positivos. Justo cuando ninguno debe permitirse el lujo de tropezar, lo han hecho, y curiosamente todos.

En la Jornada 36 se produjo el primer fuera de juego para los aficionados. Un fin de semana que comenzaba con el tropiezo in-extremis del Barcelona. Los azulgranas veían como, sobre la bocina, el Getafe empataba 2-2 un partido que iban ganando. Explosión mediática, alegría en Madrid, y una prensa catalana crítica con ellos. Estaba todo perdido, o eso parecía. Parecía porque 24 horas después el Atlético de Madrid perdía 2-0 en el Ciutat de València ante el Levante y el Real Madrid rescataba un empate 2-2 en casa frente al Valencia, después de ir perdiendo en hasta 2 ocasiones. Sorpresa. Los tres primeros habían tropezado, no habían ganado.

Tres días después el Real Madrid viajaba hasta Pucela para disputar un partido aplazado, que de ganar les convertía en candidato serio a aspirar a la Liga BBVA, pero no, sorpresa de nuevo. El Real Valladolid lograba empatar en la recta final 1-1 y los blancos encadenaban 2 empates consecutivos que les dejaba como el tercero en discordia y sin casi opciones.

Pero la historia tenía preparado un nuevo capítulo explosivo. La Jornada 37, penúltima del campeonato, volvería a dejar tropiezos de todos. Nuevamente ningún candidato al título ganaba.

El Real Madrid decía adiós de forma matemática. Su derrota por 2-0 en Balaídos ante el Celta de Vigo le descolgaba, dejando a Atlético y Barcelona como únicos candidatos. Los barcelonistas visitaban Elche con el objetivo, y obligación, de ganar y esperar un tropiezo del Atlético de Madrid. Sin embargo, tropezaron, empataron 0-0 y dependían, entonces de la radio, de que desde el Vicente Calderón no llegaran malas noticias. Y no, no llegaron. El Atlético de Madrid, con el empate en el Martínez Valero, debía ganar, ya que un triunfo les permitiría ganar la Liga. Sin embargo, todo estaba predestinado a un nuevo tropiezo. Empate 1-1 ante un Málaga que dio una auténtica sorpresa en el Vicente Calderón.

En resumidas cuentas. En las dos últimas semanas de Liga BBVA ninguno de los candidatos al título ha ganado, haciendo que sus opciones sigan intactas, pero no por méritos propios, sino por deméritos del resto de protagonistas. Ha llegado el momento de la verdad, pero la tensión está inundando todo, y los rendimientos de los equipos, quizás por nervios, por poco cansancio mental, por desgaste físico característico de estas fechas de temporada, está decayendo.

El próximo fin de semana la Liga BBVA 2013/14 echará el cierre, bajará la persiana, y todo acabará con un duelo estratosférico entre los 2 primeros clasificados, separados por una diferencia mínima y que dejará sobre el césped al nuevo campeón. Evidentemente, uno ganará y otro perderá, o en su defecto empatarán, dejando nuevamente otro tropiezo para uno de ellos, y privándole del triunfo en las tres últimas jornadas del campeonato. Un final de temporada digno de ovación.

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