Fútbol alemán

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El Dr. Peter Krohn y las camisetas rosa

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Resulta fácil imaginar que el título de este artículo, más allá de cierta curiosidad por lo que la imaginación del lector pueda entrever, no les conducirá a ninguna realidad concreta relacionada con el fútbol. Ni tan siquiera vagamente, y más si el que lee no está familiarizado con la realidad del fútbol alemán de los años 70. Incluso aún estándolo, tampoco parece probable que le fuera a sugerir gran cosa. Sin embargo, si han decidido darle una oportunidad a este texto y seguir adelante, les garantizo que van a viajar al momento en el que un equipo de fútbol alemán, y puede que hasta europeo, dejó de ser solo un equipo de fútbol para dar un paso hacia adelante y convertirse también en un verdadero espectáculo, en un show al más puro estilo americano.

Y el artífice de esta estrategia no fue otro que Peter Krohn, un economista nacido en 1932 en Hamburgo y cuyo doctorado se había centrado en una brillante disertación sobre Karl Schiller, el influyente ministro federal de Economía entre 1966 y 1972 que está considerado como uno de los artífices del milagro alemán de la posguerra. El a partir de entonces Dr. Krohn empezó trabajando como director de la empresa Axel Springer AG, editora –entre otras publicaciones- del Diario BILD, antes de crear su propia agencia de publicidad.

Presidente del HSV

El 26 de noviembre de 1973 el Dr. Peter Krohn resultó elegido presidente del Hamburger SV en sustitución de Horst Barrelet, quien había llevado las riendas de la entidad desde 1968 y que no tuvo reparos en apoyar abiertamente la candidatura de propio Krohn. Su padre, Hans Krohn, había jugado en el HSV en sus albores, incluso formó parte del legendario equipo que en 1923 se proclamó por primera vez campeón de Alemania. Por su parte, Peter también había jugado como portero en las categorías inferiores del HSV. En su discurso previo a las votaciones, se ganó a todos los sectores del club con sus innovadoras propuestas económicas y sus modernos métodos de gestión empresarial. Una vez proclamado presidente por la asamblea de socios, sus primeras palabras fueron: “¡Llevaré de nuevo al HSV a la cima de Europa!”.

En esos momentos, el Bayern de Munich amenazaba con asentarse como la gran fuerza del fútbol alemán gracias, entre otras cosas, a las posibilidades financieras que le ofrecía el recientemente inaugurado Estadio Olímpico: “Me ha maravillado todo lo que el Bayern oferta a sus invitados, que disponen de lo necesario para sentirse a gusto y en un ambiente relajado mientras disfrutan del juego, pero también durante el descanso y al finalizar el partido. Disponen de comida y bebida, de pantallas de televisión en color…”. Y es que Peter Krohn se fijaba siempre en todos aquellos detalles que fueran novedosos y pudieran suponer un incremento de los ingresos económicos. Además, era una manera de atraer al fútbol a sectores de la sociedad que habitualmente no se sentían interesados por el mismo.

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También descubrió el poder de los medios de comunicación. Y lo hizo apenas cinco días después de haber sido elegido presidente y de la forma más casual posible. Tras una eliminatoria de la Copa alemana en la que el HSV se había impuesto al Darmstadt por 3-1, el Diario BILD publicaba la noticia de que, durante el choque, el Dr. Peter Krohn había perdido su cartera y ofrecía una recompensa de 500 marcos por su devolución. A partir de entonces, apenas pasaba un día sin que su nombre apareciese en la prensa. Krohn se encargaba de ello. En las redacciones de los diarios cada mañana la pregunta era la misma: ¿Tenemos algún titular para hoy o llamamos al Dr. Krohn? En poco tiempo terminó convirtiéndose en el gran showman del fútbol alemán.

La Bundesliga es el gran circo de nuestro siglo”, llegó a comentar con absoluta naturalidad. Esa consideración que tiene el fútbol en nuestros días, él la supo ver como pocos hace ya 40 años. Su nuevo concepto de lo que debía ser un club de fútbol le llevó a suscribir en 1973 un acuerdo por 2 años con la empresa italiana Davide Campari-Milano para que el HSV luciese en sus camisetas la publicidad de “CAMPARI” a cambio de 400.000 marcos por temporada, siendo el segundo equipo alemán en hacerlo tras el pionero Eintracht Braunschweig. Curiosamente, hemos de decir que las televisiones trataron de boicotear esta iniciativa, si bien la publicidad terminó por ser prohibida únicamente en competiciones europeas, donde el equipo jugaba con las siglas “HSV” en el pecho.

Pero la cosa no se quedó ahí, ni mucho menos. Krohn era una fuente inagotable de nuevas ideas. Para poder configurar una plantilla más competitiva puso en marcha la iniciativa “Los seguidores compran jugadores”, encaminada a recaudar fondos para realizar fichajes para el equipo. Los precios de las entradas subieron y el Hamburgo obtuvo los beneficios necesarios para afrontar los fichajes del centrocampista Horst Bertl (100.000 marcos pagados al Borussia Dortmund) y, sobre todo, del delantero Willi Reimann, por el que el HSV abonó 700.000 marcos al Hannover 96, la mayor cifra pagada hasta entonces por un futbolista en la Bundesliga.

De la misma manera, los entrenamientos del HSV pasaron a formar parte del show y se convirtieron en todo un espectáculo. Por ejemplo, en ocasiones se montaba un pequeño escenario en el círculo central del campo con una charanga que amenizaba la sesión durante el entreno de los jugadores; en otras, el famoso actor cómico Mike Krüger ejercía de juez de línea en los partidillos, e incluso se llegaron a poner elefantes junto al terreno de juego. También se repartía cerveza, se soltaban globos y hasta se permitía sugerir por medio de papeletas cuáles eran las posiciones en las que el equipo debía reforzarse. A cambio, cada aficionado pagaba 2 marcos, y en ocasiones podían congregarse hasta 20.000. ¡Una locura!

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A este respecto, Manfred Kaltz, mítico lateral derecho y el jugador que en más ocasiones ha vestido la camiseta del HSV, comentaba no hace mucho tiempo que “está claro que a los jugadores no nos hacía demasiada gracia el show que se montaba en algunos entrenamientos, o que de repente apareciesen elefantes en el campo”, añadiendo que “con Krohn hubo problemas en varias ocasiones, especialmente con los más veteranos del equipo, que no veían bien que entrara al vestuario para hablar sobre la táctica. En ese aspecto, siempre nos mantuvimos unidos”. En tal sentido, cabe decir que fueron frecuentes las veces en las que Krohn, que lo controlaba todo, se inmiscuyó en la labor del técnico Kuno Klötzer, quien a pesar de todo fue un entrenador exitoso y con el cual la plantilla siempre se sintió cómoda.

¿Piensan ya que eso fue todo? Les diré entonces que en una ocasión Peter Krohn trajo a la mismísima Tina Turner a comer con la plantilla, y que bajo su presidencia, la noche antes de cada partido el equipo ya no pernoctaba en las instalaciones del club en Ochsenzoll o en Norderstedt, sino que lo hacía en el lujoso Hotel Plaza (hoy Hotel SAS Radisson). Además, desterró de los carteles propagandísticos el concepto de “partido amistoso”, ya que consideraba que “ese es un calificativo del siglo pasado, y al espectador que paga por una entrada hay que ofrecerle algo más”, al tiempo que transformó la grada de pie de uno de los fondos del Volksparkstadion en plazas de asiento: “Un estadio colorista y acogedor transmite positividad y aleja la posibilidad de posibles agresiones entre los espectadores”. Todo un visionario en este sentido, sin duda.

Sus declaraciones a la prensa tampoco se caracterizaban precisamente por su mesura. Al contrario. Eran el fiel reflejo de una mente que pensaba a lo grande: “Si alguna vez ganamos la Bundesliga o la DFB Pokal prometo organizar un gran desfile con elefantes por la Avenida Jungfernstieg”. O como también dijo por aquel entonces, “Hollywood ha muerto y hace falta encontrarle un sustituto, por ejemplo el fútbol”. Y en ese sentido tenía claro que el Hamburger SV debía ser un equipo atractivo para todo el mundo: “Las abuelas también deben interesarse por el HSV. Está claro que no van a venir al estadio, pero si que pueden conversar sobre el equipo con sus nietos…”.

En el otoño de 1975, en una eliminatoria de la Copa de la UEFA disputada ante el conjunto suizo del Young Boys, Krohn volvió a hacer gala de sus peculiares ideas: “Voy a bañar en vino espumoso a todos los jugadores que logren marcar un gol en el partido de hoy. Habrá tanto champagne que podrán llenar la bañera y nadar en ella con sus mujeres o sus novias. Eso es erótico”. A sus jugadores la propuesta no debió motivarles lo suficiente, puesto que el choque acabó 0-0. Pero como buen economista, tampoco descuidaba las finanzas de la entidad: en la temporada 1973/74, en una eliminatoria copera ante el Borussia Mönchengladbach, ofreció a sus jugadores una prima de 1.200 marcos por cabeza, pero no por ganar, sino por empatar, ya que en ese caso habría de jugarse un partido de desempate en Hamburgo con el consiguiente incremento de la recaudación. Y la insólita propuesta no le pudo salir mejor: el HSV empató 2-2 a domicilio y en la vuelta resolvió la eliminatoria en la tanda de penaltis ante 50.000 espectadores.

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El HSV y sus camisetas rosa

En junio de 1975 Peter Krohn dejó de ser presidente del Hamburger SV, pero a principios de 1976 pasó a desempeñar la función de Manager Deportivo del mismo, por lo que su influencia dentro del club apenas se vio mermada. Más bien al contrario. Siguió implantando sin inmutarse muchas de las ideas que bullían por su cabeza, algunas quizá algo adelantadas para la época, con la finalidad de generar nuevos y mayores ingresos.

Y tal vez la más conocida de todas ellas, aquella por la que la mayor parte de los aficionados del HSV le siguen recordando, tuvo lugar de cara a la temporada 1976/77, y fue la de cambiar la tradicional camiseta blanca del equipo cuando actuaba de local por una de color “rosa bombón” que no dejó absolutamente a nadie indiferente. Poco se ha hablado de la camiseta usada por el equipo lejos de casa desde un año antes, una de color “azul cielo” que también seguía el mismo diseño con voluptuosas solapas blancas en el cuello. Y es que las famosas “rosa trikots” taparon todo lo demás. Según Krohn, se trataba de una novedosa estrategia de marketing para incrementar la cantidad de mujeres que se interesaban por el fútbol. “Esas camisetas rosa nos convierten en un equipo diferente y especial. Si jugando con ellas fuésemos el colista de la Bundesliga, seguro que no las volveríamos a usar”.

¿Pero cómo empezó todo? El propio Peter Krohn explicaba no hace mucho en una entrevista cuál había sido el origen de su idea sobre las controvertidas camisetas: “En aquel momento los clubes aún no se habían planteado el captar aficionados entre otros grupos de la sociedad, y por lo que había experimentado en mi labor profesional como publicista, sabía que las mujeres eran un sector interesante, así que se me ocurrió la idea de diseñar una camiseta que fuera afín con los gustos femeninos. Para ello organizamos un concurso a través de un periódico, y luego hicimos un desfile de moda en el que se votó el color que debía tener la nueva camiseta del HSV. El resultado de todas estas actividades se tradujo en las camisetas rosa y en que un 10% de los espectadores que acudían al Volksparkstadion eran mujeres, más que en ningún otro estadio de la Bundesliga”.

¿Y qué pensaban los jugadores del HSV, improvisados protagonistas de toda esta historia? Nadie mejor que el anteriormente citado Manfred Kaltz para acercarnos al sentir del vestuario en relación con las controvertidas camisetas:

Me acuerdo bien de la temporada 1976/77, y no solo por los grandes partidos que jugamos. Creo que el HSV de aquella época será recordado por sus camisetas, o mejor dicho: por el color de las camisetas. Y es que no era el clásico blanco, azul o negro, sino rosado, o rosa, como muchos decían, que luego combinábamos con pantalones azules o blancos. Bueno, vale, nos parecían chics, aunque también debo decir que a los jugadores nos costó un poco acostumbrarnos. Era un color muy atrevido por aquel entonces. Entre nosotros hacíamos comentarios y nos reíamos del tema, pero aquella temporada acabamos ganando la Recopa de Europa, así que tan mal tampoco nos fue. Además, en cierta manera fuimos pioneros en una cuestión como la moda en el fútbol, que tanto ha evolucionado en la actualidad”.

Krohn crea la Supercopa

Como ya hemos visto, Krohn detestaba el concepto de partido amistoso, por lo que siempre debía de haber algo en juego que motivara a los aficionados a comprar una entrada. Y son muy pocos los que saben que lo que hoy es un trofeo oficial, la Supercopa de Alemania, en su momento fue una idea de Peter Krohn, quien a principios de 1977 decidió organizar un partido entre el HSV y el Borussia Mönchengladbach, vigentes campeones de la DFB Pokal y de la Bundesliga, respectivamente. El ganador se llevaría la llamada Supercopa. La Federación Alemana no quiso saber por entonces nada del asunto, pero aún así el encuentro se disputó –en Hamburgo, claro- el 1 de agosto y finalizó con la victoria gladbacher por 2-3.

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El fichaje de Kevin Keegan

El día que Kevin Keegan declaró ante las cámaras de la BBC que necesitaba “un nuevo estímulo” en su carrera, a Peter Krohn se le encendió de inmediato una bombilla en su cabeza. A sus 26 años, el delantero inglés, que acababa de proclamarse campeón de Europa con el FC Liverpool y estaba considerado como el mejor jugador del continente, era la pieza que le faltaba en el puzzle. Keegan era una innegable apuesta deportiva, pero al mismo tiempo era una estrella mediática capaz de generar pingues beneficios por sí sola. Para Krohn, eso se traducía en un HSV más competitivo en el panorama alemán y europeo, pero también en una mayor presencia en los medios y en un reclamo para incrementar los ingresos de la entidad.

La prensa de la época ya daba por hecho que Kevin Keegan acabaría en el Real Madrid cuando estalló la bomba: ¡Keegan jugaría en el HSV! Peter Krohn se había vuelto a salir con la suya, y por la entonces astronómica cifra de 2,2 millones de marcos, logró traer a orillas del Elba al genial jugador del Liverpool, quien cobraría 500.000 libras por cada una de las tres temporadas que había firmado. Y lo consiguió sin que el Club tuviese que solicitar ni un solo crédito bancario. Casi podría decirse que el fichaje se financió por sí solo.

Entre otras iniciativas, Krohn decidió presentar a Keegan ante los aficionados jugando en el Volksparkstadion el 27 de julio de 1977 ante el FC Barcelona de Rinus Michels y Johan Cruyff en lo que se dio en llamar como la “Gala de las Estrellas”. Acudieron 45.000 espectadores y se recaudaron 720.000 marcos. El HSV goleó a los catalanes por 6-0 y la euforia se disparó. Pocos días más tarde, el 4 de agosto, fue precisamente el FC Liverpool el que visitó Hamburgo con motivo de lo que Krohn denominó como la Hafenpokal o “Copa de los Puertos”, ya que se enfrentaban dos famosas ciudades portuarias. Las entradas volaron en cuestión de horas, disputándose el encuentro ante una audiencia de 61.000 espectadores, lo que le reportó al HSV nada menos que 950.000 marcos. Los hanseáticos vencieron por 3-2 y Keegan encandiló a la grada. Aparte de estos eventos, el nuevo contrato de publicidad suscrito por Krohn un año antes con la multinacional japonesa HITACHI (1,5 millones de marcos por 3 años) también ayudó a financiar el fichaje del astro británico.

¿Héroe o villano?

Tanto en su papel de Presidente del Hamburger SV, como posteriormente en su labor de Manager Deportivo, Peter Krohn ha pasado a la historia como un personaje controvertido y excéntrico al que su papel de showman ha tapado su eficacia como directivo, pero no hay que olvidar que cuando él llegó en 1973, el HSV acumulaba una deuda de 3,5 millones de marcos, y que su gestión económica se tradujo en unos ingresos de nada menos que 16 millones de marcos. De esta manera, sentó las bases de los futuros éxitos del equipo. Por ejemplo, 9 de los 11 titulares que integraban aquel HSV que logró la Bundesliga en 1979 fueron fichados por Krohn, entre ellos el gran Felix Magath, que jugaba en Segunda División con el 1.FC Saarbrücken y al que descubrió en 1976 viendo los resúmenes televisivos de la cadena ARD…

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Sin embargo, su salida del Hamburgo en noviembre de 1977 no resultó precisamente airosa. Su destino estuvo estrechamente ligado al de Rudi Gutendorf, el técnico que había llegado aquella temporada pasa sustituir a Kuno Klötzer. Tras unos inicios ilusionantes, los malos resultados comenzaron a debilitar la posición del entrenador a partir del mes de octubre, cuando se sucedieron sendas derrotas ligueras ante el Eintracht Braunschweig y el Saarbrücken, unidas al doloroso 1-2 sufrido ante el Anderlecht en la Recopa de Europa. Gutendorf se justificó diciendo que “¡debemos concentrarnos en jugar al fútbol y acabar de una vez con las tonterías! No necesitamos sastres ingleses ni concentrarnos en hoteles de lujo”.

Era un claro ataque hacia los métodos de Krohn, pero la crisis en el seno del HSV se hizo cada vez más grande y se extendió hacia otros estamentos. Los jugadores decidieron apoyar a Peter Nogly, a quien Gutendorf había destituido como capitán, y ninguno de ellos quiso asumir la capitanía del equipo. Se trata de un pulso en toda regla al entrenador. Y para redondear las cosas, Krohn achacó al presidente Paul Benthien una evidente falta de liderazgo para resolver la situación. Finalmente, el problema se resolvió con la destitución como entrenador de Gutendorf y, pocos días más tarde, con el cese de Peter Krohn como Manager del HSV.

Como ya hemos visto, más allá de su labor directiva, Peter Krohn demostró ser un auténtico visionario, todo un adelantado a su época en lo que a la concepción de aspectos tales como el showbusiness y el marketing dentro del fútbol se refiere. Y lo hizo con la creación de una “marca” –en este caso HSV- que permitiese difundir y explotar la imagen del Club; con la captación del público femenino para atraer a más aficionados al estadio; con la innovación en lo que al diseño de las camisetas se refiere (el Hamburgo llegó a usar 3 o 4 modelos diferentes por temporada, algo impensable por aquellos años); o con la contratación de jugadores mediáticos, tal y como hemos visto, y todo ello con el único objetivo de generar ingresos para poder disponer de mejores jugadores y, por ende, de un equipo más competitivo. O lo que es lo mismo: supo poner en marcha hace ya 40 años muchas de las técnicas actuales para generar nuevos recursos, y eso es algo que se le debe reconocer. No sería justo encasillarle únicamente como “el tipo que introdujo las camisetas rosa en el fútbol…”.

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