Fútbol italiano

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El doble tirabuzón de Pablo Armero

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El otro día en San Siro disputaban Milan y Udinese un partido como otro cualquiera. De repente, alterando la cotidianeidad de quien cada domingo a las 15 horas va a ver a su equipo, canta contra Galliani y apoya incondicionalmente a Niang, apareció por la banda izquierda del campo un hombre cuya cara resultaba extrañamente familiar para los aficionados de ambos equipos.

Entonces ocurrió. Gianluigi Donnarumma, cada vez más querido y asentado en la portería del Milan con sus 16 años, realizó una doble parada espectacular frente a sendos tiros a bocajarro de Thereau y Kuzmanovic -otro viejo conocido en San Siro-. De la nada, llegando desde un punto indeterminando del terreno de juego, apareció él. Con un extraño escorzo en el que estuvo a punto de romperse los ligamentos de la rodilla, consiguió empujar el balón a la portería, anotando un gol que a la postre supondría un punto para su equipo. Pablo Armero ha vuelto.

 

Parece lejano en el tiempo pero no ha pasado tanto. O sí. Pablo Armero, vistiendo la misma camiseta de Udinese, llegó a ser durante un tiempo uno de los mejores carrileros izquierdos de Italia. El premio que recibió en enero de 2012 de la AIC (Asociación Italiana de Futbolistas) como mejor jugador en su posición fue del todo merecido. Paradójicamente, fue en ese mismo momento cuando comenzó la inexplicable caída libre en su carrera.

Armero es otro fruto del maravilloso trabajo de scouting del Udinese y llegó al club de los Pozzo en el verano de 2010 por alrededor de un millón de euros procedente del Palmeiras brasileño. Enseguida se hizo un hueco como titular: de vocación ofensiva, descontrolado tácticamente, con enorme recorrido y llegada para centrar o disparar, se adaptó a la perfección al inmutable 3-5-2 de Guidolin. Casi dos años a pleno rendimiento, en los que el equipo se clasificó para la Champions League dos veces, le hicieron merecedor del mencionado premio.

A partir del verano de 2012, tras la extraña eliminatoria perdida contra el Sporting Braga en la previa de Champions, Armero dejó de contar con confianza. De hecho, ni siquiera forma parte de la extensa lista de ventas exitosas del club. Se fue al Napoli, primero cedido y luego en copropiedad, sin llegar nunca ni a vislumbrar un nivel decente, incómodo como lateral. Llegó a irse cedido al West Ham medio año, luego Udinese rescató su mitad en la copropiedad y en el verano de 2014 se fue al Milan cedido.

 

Más de lo mismo como rossonero. Tras actuaciones impropias de un jugador que había alcanzado semejante blasón con Udinese, estuvo solo hasta el pasado mes de abril, cuando volvió a Brasil, al Flamengo, siempre cedido por el club friulano. Lo último que se sabía de Armero es que apenas estaba jugando con el equipo brasileño y un escándalo después de que, según la prensa local, su mujer le pillara con dos prostitutas en su casa.

Quizás por eso poca gente se fijó en que, entre los innumerables fichajes que, como en cada Calciomercato, se realizan en Italia, aparecía él en la lista de altas de Udinese, tres años después de la última vez que había vestido la camiseta bianconera. Colantuono decidió quedárselo -más por falta de ofertas que por necesidad de plantilla- y Armero fue titular en San Siro. Contra otro de su ex equipo. Su sino estaba marcado, un doble tirabuzón en su carrera para volver a donde todo empezó. Habrá que ver hasta cuándo.

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