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Real Madrid

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El día que Portillo silenció el Westfalenstadion

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A comienzos de siglo, 2003 para ser exactos, el Real Madrid se encontraba en un contexto muy parecido al de hoy día. El club blanco venía de ganar tres Champions League en tan solo cuatro años, además de una Liga. También lo entrenaba un ex jugador del club  nombrado a mitad de temporada y que subía de dirigir al Castilla. Casi calcado a 2017. Incluso el “7”, cómo ahora, era el ídolo del club. Calcadísimo.

Tras la séptima, octava y novena Copa de Europa del club, el Real Madrid estaba viviendo una época envidiable tanto deportiva cómo económicamente. Habían llegado superestrellas mundiales cómo Figo y Zidane, que junto a los Raúl, Hierro, Roberto Carlos o Casillas estaban llamados a formar parte de un equipo para la historia. Tanto, que por momentos fue así. La volea de todos los tiempos, la de  ‘Zizou’ en Hampden Park así lo prometía.

Paralelamente a estos hechos, Vicente Del Bosque, entonces entrenador ‘merengue’ había creado un plan alternativo para el Real. El salmantino, hombre del club y antiguo director de la cantera madridista, no podía olvidarse de sus “cachorros”. En mitad del revuelo mundial del Madrid de “los galácticos” aparecerían los Miñambres, Raúl Bravo, Rubén, Portillo o Pavón. Este último, por ser el primero de ellos en debutar, renombraría aquella plantilla. Nacía el Madrid de los ‘Zidanes y Pavones’.

Comenzaba la temporada 2002/2003 y lo hacía con la llegada del brasileño Luis Nazario da Lima “Ronaldo” o como años después diría Mourinho, “el Ronaldo de verdad”. Con su fichaje el Madrid parecía poner la guinda al pastel de lo que parecía la mejor plantilla que se había visto jamás. Nunca antes se había visto tantos balones de oro jugando juntos con la misma camiseta. Mientras tanto, los “pavones” seguían ganando minutos y obteniendo buenos resultados en el campo. Aunque verdaderamente sus únicas aspiraciones pasaban por ser jugadores de rotación. Aquel año, hasta el mismísimo Fernando Morientes, apenas contaría pocos minutos en el campo.

La temporada transcurría en aquella tónica. Muchas rotaciones, minutos para los canteranos y más protagonismo para las grandes estrellas. El Madrid estaba haciendo una relativamente buena  campaña en una liga en la que la Real Sociedad era protagonista y en Champions había llegado a segunda fase como líder de grupo. Cabe recordar que durante aquella temporada y las tres anteriores, no existieron las eliminatorias de octavos de final en Champions, sino que los 16 mejores equipos jugaban una segunda fase de grupos repartidos en cuatro grupos de cuatro, dónde los dos primeros de grupo pasaban a las eliminatorias de cuartos de final. Y el Madrid sufriría sudor y lágrimas para llegar hasta allí.

Después de liderar la fase previa en un grupo que les enfrentó con la Roma, el AEK  y el Genk, al Madrid le tocaba la difícil tarea de buscar los cuartos ante el poderosísimo Milan, el Borussia Dortmund reciente campeón de Alemania y Lokomotiv de Moscú.

El Madrid comenzaría cayendo en San Siro por 1-0 y le seguiría un empate en casa ante el Lokomotiv. Llegarían las dos jornadas clave. El Madrid, tras los dos primeros tropiezos y el buen arranque del Milan, se veía en la casi segura única posibilidad de jugarse el segundo puesto con el Borussia de Dortmund. Difícil tarea. La primera eliminatoria llegaba antes de tiempo. El Madrid llegaba a la tercera jornada en el duelo del Santiago Bernabéu cómo tercero de grupo, por debajo de los alemanes. Pero con una sensacional actuación de Ronaldo y un gol de “pillo” de los que tanto gustaban a Raúl, el Madrid se llevaría la victoria en casa ante los renanos. Quedaba lo más difícil.

A esto que tocaba visitar el Westfalenstadion, actual Signal Iduna Park. Entonces al Madrid también se le daba igual de mal que ahora. Aquel Borussia además contaba con un plantillón: el gigantón Koller, Rosicky, Amoroso, Sebastian Kehl… en casa eran invencibles. Era momento de sufrir y el Madrid por supuesto, sufrió.

El partido tuvo un claro dominio alemán.  Al Madrid parecía haberle entrado el miedo escénico y el equipo se mostraba impotente. Además sufrían la baja del capitán, Fernando Hierro. Koller se encargó de dejar pronto las cosas claras en el marcador. Se encontró solísimo con una pelota botando en el área y machaco delante de Iker Casillas. Quedaban casi 70 minutos por delante. El Madrid llegaba confuso al descanso y en la segunda parte la cosa parecía no mejorar mucho. Necesitaban el gol. Una derrota suponía esperar a que los alemanes pudiesen pinchar en Moscú o en casa contra el Milan. El Madrid no podía tirar a la basura la opción de depender de sí mismo.

Y aquí es donde aparece nuestro protagonista. Javier Portillo, un “chavalín” de Aranjuez y de apenas 20 años  estaba llamado a ser el nuevo Raúl. Canterano, de los de toda la vida, había sido el máximo goleador histórico de la cantera del Madrid con más de 700 goles. Un joven llamado a la gloria, pero que emergió en el momento equivocado. Aun así, aquella temporada conseguiría ponerse por delante incluso de Morientes. Portillo dejaría su minuto de gloria en la historia del Real Madrid.

Y volviendo al partido, cuando todo parecía perdido, el milagro ocurrió. Corría el minuto 90 y con tres de descuento, Portillo saltaba al campo. Minuto 92 y el partido agonizaba. Zidane con la pelota en tres cuartos de campo, y cómo hiciera con el de Aranjuez en aquella mágica jugada contra el Valencia en el día de Reyes, “Zizou” encontró a Portillo y el joven canterano la enchufó al primer toque. El silencio fue tan silencio, que en la industrial ciudad de Dortmund, sólo se escucharon los gritos de un canterano que celebraba el gol soñado durante toda su vida. Al Madrid de los “Zidanes” lo salvaba un “Pavón”.

El gol cobraría mucha más importancia al finalizar aquella segunda fase, ya que el Dortmund ganó sus dos partidos restantes. El Madrid aquel año no ganaría la Champions. La Juve con Pavel Nedved a la cabeza, reventaría el primer intento de ganar “la décima”. Portillo nunca triunfaría en el Madrid, pero dejó uno de los goles más celebrados e importantes de la historia blanca en  Champions League.

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