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El día que Murphy se cebó con España

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Cuatro italianos, un alemán, un francés, un belga, un suizo y un británico. Hasta seis banderas diferentes se alzaron sobre el podio de Losail. Por primera vez en casi una década, la española no estaba entre ellas.

No sucedía algo semejante desde el Gran Premio de China de 2005, contando con la excepción de Laguna Seca, donde sólo corría la categoría reina. Aquel día, bajo la lluvia de Shanghai, se produjo el penúltimo naufragio del motociclismo español, que todavía no se había convertido en dominador absoluto de las dos ruedas. De hecho, aquel año, el título de Dani Pedrosa en 250cc fue la única presencia española en los podios de final de temporada. El siguiente mejor clasificado final fue Jorge Lorenzo, quinto en el mismo cuarto de litro.

También aquel día Valentino Rossi gobernó el podio de la categoría reina, escoltado en el mismo por Olivier Jacque y Marco Melandri. Sete Gibernau, cuarto, se quedó a dos segundos y medio de salvar la papeleta. En 250cc se impuso Casey Stoner, por delante de Andrea Dovizioso e Hiroshi Aoyama. Pedrosa sólo pudo ser sexto. Mattia Pasini se impuso a su compatriota Fabrizio Lai en la categoría pequeña, con el húngaro Gabor Talmacsi cerrando el cajón. El séptimo puesto de Aleix Espargaró fue el tope de los nuestros.

 

 

Desde entonces, la bandera española había sido una constante en el podio del Mundial. Diez temporadas consecutivas viendo elevarse un trozo de tela rojo y amarillo hacia el cielo del motociclismo. Nada hacía presagiar que en Qatar se acabaría la racha; pero así fue. ¿Un presagio del fin del dominio español? Para nada.

En el desierto catarí, la Ley de Murphy se cumplió, punto por punto. Todo lo que podía salir mal, salió muy mal. En las tres categorías, los españoles salieron con la medalla de chocolate: En Moto2, se escapó por 79 milésimas. En Moto3, por 146. En MotoGP, por 457. Sumando las tres, menos de un segundo. Cuando Murphy se pone el traje de faena, su influencia puede resultar imperceptible.

Todo empezó en la categoría pequeña, donde un grupo de casi 20 pilotos tuvo opciones de victoria durante gran parte de la carrera, con abundante representación española. Isaac Viñales pudo hacer podio, Jorge Navarro también. Jorge Martín se codeó con los mejores en su primer día, y Juanfran Guevara se vio lastrado por sus problemas de visión, incompatibles con los focos de Losail. De nuevo, la opción más clara era Efrén Vázquez, metido en la pomada hasta el último suspiro. Entró tercero en recta de meta, pero no pudo hacerse con el rebufo de Alexis Masbou, a la postre vencedor. Por el contrario, su compañero Danny Kent se hizo con el suyo y le superó.

Aun así, las grandes bazas estaban por venir. Pocos valores tan seguros como Tito Rabat, que en 2014 subió al cajón en 14 de las 18 carreras. Un problema mecánico le sumergió en el pelotón; y cuando remontaba posiciones, una (otra) fea maniobra de Simone Corsi le llevó al suelo. Viendo lo que pasó después, parece evidente que, sin la intervención del transalpino, y conociendo la maestría de Tito en las segundas partes de carrera, el podio no se le hubiera escapado.

 

 

No quedó ahí la mala suerte en Moto2. Otras dos bazas españolas se fueron al traste cuando a Axel Pons se le quedó la moto en punto muerto y se llevó por delante a Luis Salom. Ahí sí parecieron esfumarse todas las opciones, pero apareció Álex Rins. En su primera carrera en la categoría, el catalán cuajó una remontada memorable y llegó a recta de meta pegado al rebufo de Thomas Luthi. La tercera posición de Rins ya se cantaba en todos los hogares españoles, pero no acertó a salirse de la aspiración del suizo y tuvo que conformarse con la cuarta plaza.

Cero de seis. Sin embargo, no había lugar a la histeria. El trío de ases de MotoGP saltaba a la parrilla para salvar el día. Un escenario en el que Marc Márquez, Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa se quedasen fuera del ‘top 3’ era, sencillamente, inimaginable. Y ahí fue cuando Murphy puso a funcionar toda su pérfida maquinaria, con el gran Gigi Dall’Igna como cómplice de lujo.

El buen hacer del ingeniero italiano en Borgo Panigale ha convertido lo que era un ‘Valentino Rossi contra el trío español’ en una batalla mediterránea en igualdad de número. No obstante, un escenario en el que los tres transalpinos coparan el podio, perseguidos por los tres españoles era, a todas luces, altamente improbable. Y exactamente eso fue lo que sucedió. En tres golpes maestros, Edward Murphy se hizo italiano.

Marc Márquez cometió un error de novato y se vio en el fondo del pelotón en la primera curva. Su increíble remontada alcanzó como tope la quinta posición, algo que también se le puede atribuir a Dall’Igna. Es evidente que, de haberse producido la misma situación un año atrás, Márquez hubiese culminado la machada en el tercer escalón del podio, detrás de la dupla de Yamaha.

Con Pedrosa utilizó la ya conocida técnica del síndrome compartimental. El de Castellar, que había realizado un fin de semana intachable, se vio impedido para seguir el ritmo del grupo de cabeza. Su antebrazo le dejó incapacitado para luchar en plenitud física, algo imprescindible para pelear a esos niveles.

 

 

Solamente quedaba una bala en la recámara, la más fiable del motociclismo español en la última década: Jorge Lorenzo. Esta vez, con los papeles cambiados. Si en las dos últimas temporadas era su compañero el único bastión italiano, esta vez le tocaba a él defender la presencia de la rojigualda.
Murphy tampoco estaba por la labor. Se coló dentro de su casco y desprendió la espuma de la visera, reduciendo notablemente la visión del balear, que lo dio todo para salvar la tercera posición, sucumbiendo ante Andrea Iannone. El banderazo a cuadros consumó el cero de nueve. Las banderas españolas se quedaron en la caja.

Viñales, Vázquez, Navarro, Rabat, Pons, Salom, Rins, Márquez, Pedrosa, Lorenzo. ¿Qué probabilidades hay de lanzar diez tostadas al aire y que caigan todas por el lado equivocado? Solamente Murphy sabe cómo consiguió cubrir de mantequilla el asfalto de Losail. También sabe que difícilmente podrá repetirlo. Que en Austin la racha se reiniciará, y que tiene una década por delante para preparar su próxima actuación.

 

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