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El día que el Bernabéu aplaudió a Iniesta

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Minuto 77 del clásico en el Estadio Santigo Bernabéu, un partido que siempre tiene un aura especial y es que los clásico siempre nos han dejado escenas, momentos, situaciones, goles, jugadas y celebraciones memorables. Desde un Raúl González Blanco celebrando un gol que mandaba callar a todo un Camp Nou a ese mismo estadio siendo invadido por una lluvia de objetos, entre los que destacó cabeza de cochinillo, todo ello provocado por el regreso del tránsfuga Luis Figo.

Una de esas escenas que todos recordaremos para siempre es la tremenda ovación que se llevó Ronaldinho del Santiago Bernabéu tras una auténtica exhibición en el feudo madridista. El brasileño se encargó de bailar a un equipo que solo pudo asistir impotente a una de las mejores actuaciones de la carrera del jugador. De ese episodio se cumplieron 10 años el pasado jueves, una década después, ese mismo estadio volvió a ovacionar sumido en la mayor impotencia a un jugador del mayor rival.

Volvamos a ese minuto 77, Munir El Haddadi tras realizar los ejercicios pertinentes de calentamiento está preparado en la banda para entrar al terreno de juego, el cuarto árbitro muestra el dorsal del jugador sustituido y es el número 8, el de Andrés Iniesta. El centrocampista entrega el brazalete de capitán a Leo Messi, su mejor aliado en el terreno de juego tras la marcha de Xavi Hernández y se marcha hacia la banda para ser sustituido. El público Bernabéu, dolido tras un duro 0-4 en el marcador, se da cuenta de que el que se marcha hacia el banquillo visitante no es un cualquiera y le aplaude.

Ese que se marcha es aquel chaval de Albacete que de pequeño era “Del Madrid a todo poder” pero La Masía consiguió teñir su corazón de blaugrana. El que no dejó de luchar por ganarse la confianza de sus entrenadores en busca de una oportunidad en el Barça que le acabaría llegando y aprovechando. Esa confianza la usó para marcar un golazo en semifinales de Champions ante el Chelsea que serviría para meter al equipo blaugrana en una final que ganarían al Manchester United y acabaría siendo la guinda de un triplete antológico.

El que se marcha es aquel que en Johannesburgo consiguió levantar a un país entero y hacer que saliera a la calle a celebrar un Mundial con épico gol en el minuto 116. Un gol que pasaría a la historia del fútbol no solo por significar un Mundial, sino por su celebración, una de las celebraciones más sentidas de la historia de este deporte y dedicada a un amigo fallecido, Dani Jarque.

 

El que se marcha no es un cualquiera, es aquel que esa misma tarde ha dado juego, pases y fútbol al encuentro del Bernabéu. El que se ha vuelto a salir en el clásico con un gol y una asistencia que han sido determinantes para la victoria blaugrana en la casa del equipo blanco. El que de los 69 pases que ha intentado en el partido ha conseguido finalizar 66 exitosamente (tan solo ha fallado 3) durante los 80 minutos que estuvo sobre el verde de Concha Espina. El que se va es Don Andrés Iniesta, un jugador diferente, que el Bernabéu conoce y con este aplauso también reconoce.

La afición madridista reconoce que Iniesta es fútbol y el Real Madrid no, que su equipo no juegue a nada, no transmite, no emociona; que los jugadores no sienten los colores, no se esfuerzan y ni si quiera tiene un poco de amor propio; que Iniesta es sinónimo de juego colectivo, solidaridad y su equipo es sinónimo de individualidades y egoísmo. Por eso fue por lo que el Bernabéu se levantó a aplaudir a Iniesta.

Andrés se marchó sorprendido, ni en el mejor de sus sueños podría imaginarse ser reconocido por el público del mayor rival, marcharse del Bernabéu con aplausos. Cuando más lejanos veíamos que el Bernabéu aplaudiera a un rival como hizo en su día con Ronaldinho, Iniesta se encarga de volver a hacernos vivir esa sensación, de hacernos cambiar al señor con bigote que aplaudía por el chaval de bufanda. En definitiva, el Bernabéu aplaudió a Iniesta porque Iniesta creó fútbol y eso mismo es lo que más echa en falta en su equipo esa grada.

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