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El día en el que todos fuimos de Goran Ivanisevic

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Gonzalo DE MELOSin competición hasta las primeras semanas de enero, el circuito descansa; por fin para los tenistas y por desgracia de los aficionados. Por eso nos permitimos el lujo de abrir en Sphera Sports un serial sobre finales vintage y partidos y detalles para el recuerdo.

No nos iremos demasiado lejos en el tiempo en esta primera entrega. Nos trasladaremos al año 2001. Wimbledon. Pero no el de ahora, en el que el techo retráctil de la pista central protege a los tenistas de las lluvias británicas de los meses de junio y julio. Sino a aquel Wimbledon de hierba rapidísima, del saque y volea tradicional y en el que triunfaban los sacadores y sufrían los que querían largos peloteos. El Wimbledon de hace no mucho, el del jardín privado de Pete Sampras, aunque éste se lo cedió, a partir de 2003, a un tal Roger Federer.

Sin techo retráctil y con lluvia. Y la lluvia era sinónimo de suspensión del partido. Paraguas, los chicos de la lona y a proteger el inmaculado césped verde con el que empieza el torneo y el castigado y amarillento tapete con el que finaliza. De suspensiones le vamos a hablar a Goran Ivanisevic.

El croata llegaba a la edición de ese 2001 con una carta pobrísima y con un ranking que, visto su potencial, daba vergüenza ajena. Era el número 125 del mundo. Muchos aseguraban que se le había pasado el arroz. Que su oportunidad llegó en su día y se topó con el rey del momento. Había disputado tres finales: en 1992 la perdió ante André Agassi. Perdió en cinco sets; en 1994 se enfrentaba ante Pete Sampras, que lo barrió en tres sets, aunque disputando el tie-break en las dos primeras mangas; y en 1998 se las volvió a ver ante Sampras, que le volvió a ganar, aunque esta vez en cinco sets.

Tres finales y tres derrotas ante tenistas estadounidenses. Y siempre con la miel en los labios. Pero Goran lo volvió a intentar. Y la organización del torneo, visto su pasado como finalista y a pesar de su pésimo ranking, decidió otorgarle una wild card. A Ivanisevic lo invitaron. Lo invitaron como al que invitan a comer a su casa y termina quedándose con la casa entera.

El balcánico empezó a ganar partidos y se plantó en la final. El rival, por fin, no era norteamericano. Era un australiano que venía de perder en el año 2000 ante, como no, Pete Sampras. Patrick Rafter, por cierto, eliminó en semifinales a André Agassi.

La final fue rara, emotiva y especial. Como casi todo lo que rodea a Wimbledon. Pero la carga emotiva era aún más fuerte. ¡Estaba en la final un tipo al que habían invitado y que, según el ranking, era el número 125! Ivanisevic iba a hacer historia. Y vaya si lo hizo: fue el tenista con peor ranking y con wild card en ganar Wimbledon.

El último juego del partido dice mucho del partido en sí, y de la forma de ser de Ivanisevic: negro-blanco, alto y bajo. Sin matices, sin grises. Goran comete tres dobles faltas y hace dos ace… ¡en un solo juego!


Wimbledon 2001, Goran Ivanisevic levantó su único Grand Slam | Getty Images 

El dato es que levanta su primer y único Grand Slam a la cuarta pelota de partido que se le presenta; las mismas finales que había disputado. En esa misma hierba, en ese mismo escenario.

Con una invitación del torneo, con una lluvia que fue especialmente constante en esa edición y con la historia que tanto nos gusta: la del perdedor que, tras intentarlo una y otra vez, consigue levantar su primer gran torneo.

Ese mes de julio de 2001 todos fuimos, aunque sea un poco, de Goran Ivanisevic.

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