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El descenso y las malas costumbres

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La última noche de fútbol en el Camp Nou dejó algo más que un merecido homenaje al astro que se ha hecho dueño de más de 500 goles a través de sus botas. Algo más que el primer gol de Mascherano desde los 11 metros en su séptima temporada vistiendo la camiseta azulgrana, que ante la guasa de muchos, era algo muy esperado para otros tantos, por respeto y admiración. Ante un marcador arrollador, Osasuna caía una vez más. En esta ocasión para afirmar un descenso que ya estaba cantado.

También el Granada ha ratificado su caída en Anoeta. A diferencia de otras temporadas, donde la pelea y la emoción se citan hasta el final, dos equipos ya han descifrado su futuro en la categoría de plata. Y Sporting de Gijón, va en camino. La última derrota de los ‘sportinguistas’ en la actual jornada, le da la oportunidad al CD Leganés de dar otro paso hacia la continuidad de Primera, y ampliar su ventaja de puntos. Será, sin embargo, en Ipurua, un escenario en el que es difícil puntuar.

Observando los puntos de la zona de descenso, sin duda, se trata de una salvación barata, que dista de aquel objetivo de los 40 puntos, el claro referente en el planteamiento de temporada de los equipos de la zona media-baja para lograr la permanencia.

Se habla mucho de esos que pierden finales, y poco de los que pierden su lugar en Primera. Y si se comparan las derrotas, el dolor que siente cada uno tiene la misma importancia. Las consecuencias, no.

Ojalá ninguno tuviera que pasar por eso, pero sin los ascensos y descensos el fútbol no sería lo mismo. Las competiciones perderían gran parte de su sentido, el de la victoria y la lucha. Porque ganar una liga y sumar trofeos es sinónimo de éxtasis, pero si a ese triunfo puedes sumarle el logro de subir de categoría, es un plus que sabe a gloria. La misma que acarician aquellos que, tras sufrir y sufrir, alcanzan la ampliación de sus días en la categoría que militan.

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Con los presagios de una zona de descenso tan esclarecida, un año más se suman la perversidad de las alegrías ajenas. Algunos se acogen al raciocinio de la venganza, pagan con la misma moneda. Otros, viven tan alejados de esta realidad que su soberbia acomodación les permite juzgar algo que no conocen. En ambos casos, son cuestiones de malas costumbres.

Sin embargo, a muchos otros que respetan el fútbol y viven las rivalidades de una manera sana, empatizan con el significado del descenso. Quizás saben lo que es perder a sus jugadores más buenos, o aunque sus estrellas se renueven a base de contratos millonarios y cláusulas que se convierten en cerrojos, se identifican en lo que sería que sus máximos ídolos dejaran de representar sus colores. Y es que en estos equipos que se despiden de La Liga hay algunos jugadores por los que probablemente suspiren algunos clubes de Primera

También deben saber que a algunos el disgusto les quitó las ganas de dejarse la voz en el campo, y que tal vez asistir a cada encuentro haya dejado de ser una férrea prioridad.
Asimismo, que los que sienten su escudo hasta la médula tuvieron que cambiar de operador para seguir a los suyos cada semana, porque la LFP anunció cambios en verano que, además de trasladarles a otra liga, les exigió cambiar de canal.

De igual modo, conocen o imaginan los problemas económicos a los que desembarca tal situación, que lastran la gestión deportiva. La diferencia de ingresos es la cúspide de este monte tan difícil de culminar. Además, bajar a segunda también arrebata los beneficios de jugar contra ‘los grandes’, que es siempre apuesta segura.
Comprenden la dificultad de la Segunda División, una durísima competición donde reina una competitiva pugna, los proyectos con la clara finalidad del ascenso y la pelea del playoff, la esperanza de aquellos que no llegaron a tiempo de hacerse con un billete directo al destino. El abismo de segunda, que con sus peligros, puede alejarte del lugar deseado.

Así lo deben percibir clubes como el Racing de Santander, Unión Deportiva Salamanca, Club Deportivo Logroñés, Real Zaragoza, RCD Mallorca, Real Oviedo, Recreativo de Huelva, Albacete Balompié, Cádiz CF, y a otros tantos que, de manera intermitente, han escrito una parte de su historia en Primera División.
En los recientes descendidos, el Levante ha sabido mantener su estatus, directo al ascenso con total superioridad. Ya ha tomado su vuelo a Primera. Mientras unos están bailando, otros se sienten abatidos en otro rincón de la fiesta.

El Getafe se sitúa en posición del playoff. Sin embargo, el Rayo Vallecano es otro de los clubes que no han podido levantar cabeza en Segunda, con tan sólo una ventaja de dos puntos de la zona de descenso.

Y sobretodo, esos mismos conectan con las lágrimas que se desbordan en la grada cuando el árbitro marca el final del partido que todo lo decide. Aunque siempre es algo anunciado, sucede en ese preciso instante, y la tristeza de una plantilla, un club y una afición llega a cualquier aficionado que siente el fútbol del mismo modo. Ante tal estampa no puede ser posible hallar placer, sino compasión y respeto.

A todos esos a los que les hurgan en la herida, no hagan caso, todo es cuestión de malas costumbres. De comparar su puesto de trabajo de traje y corbata en el despacho de una oficina asemejada a un rascacielos, con el de uno que resta horas de sueño para lograr llegar donde desea. No es comparable, no se atisba la realidad en ello. Son dos mundos paralelos.

Son malas costumbres. Las de la vendetta sentida por aquellos que pasaron por lo mismo. Porque desafortunadamente, el fútbol suele tener memoria para las rencillas, y no sabemos vivir sin ese resentimiento.
Los jóvenes, animen a los más longevos, porque en sus corazones late la historia de sus clubes, y ahora lo sienten dañado. Muchos minutos de desesperaciones y alegrías, del sonido de goles y lamentos.

No hagan caso, levanten sus cabezas, luzcan sus colores y cojan impulso para lo que viene. Probablemente no sea fácil, pero en la lucha es donde más se cultiva, y un retorno tan anhelado el que más se goza.

En ese sentimiento contrariado, los que se van que vuelvan pronto, y los que vengan, que peleen por quedarse. Y sobretodo, que sea donde sea, todos podamos seguir disfrutando del fútbol, aquello que a nosotros nos hace sentirnos más vivos.

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