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El delantero ‘tanque’, una especie en peligro de extinción

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El fútbol, como todo en la vida, progresa, avanza y deja atrás antiguos conceptos o costumbres que se acaban perdiendo con el tiempo. En la actualidad dentro de los terrenos de juego aspectos como la velocidad, la asociación, el cambio de posiciones continuas o la variabilidad del sistema en función del rival o el resultado, se han convertido en imprescindibles para cualquier equipo y entrenador que quiera estar en la picota del fútbol mundial. Ese espíritu rudimentario que siempre ha atesorado el fútbol para llegar por la vía rápida al área rival, sin intermediarios, cada vez es menos frecuente. Tener un referente incrustado en la defensa contraria al que poder recurrir mediante balones aéreos, es algo que cada vez se ve menos dentro de un campo de fútbol.

El papel que tenían estos jugadores normalmente altos, fornidos y con una habilidad especial para rematar cualquier balón que cayese por sus dominios dentro del área, era relevante, de importancia suprema para su equipo. Era una época en la que los centros desde los costados eran algo común y muy utilizado por todos los entrenadores. El clásico fútbol británico siempre partía de la base de que al ‘football’ se juega por las bandas. En ese estilo, el delantero ‘tanque’ encontraba su razón de ser, su protagonismo, su trascendencia vital en el devenir de un partido. Míticos son los delanteros como Oliver Bierhoff, Gabriel Batistuta, Mario Jardel, Ismael Urzaiz, Jan Koller, John Carew, Thomas Skuhravy, Hakan Sukur, Emile Heskey, David Trezeguet, Martín Palermo, Mario Kempes, Carsten Jancker, Jürgen Klinsman, Darko Kovacevic, Christian Vieri, Meho Kodro, Oleg Salenko, Lubo Penev, Gerd Müller, Alan Shearer, Ruud Van Nistelrooy o Duncan Ferguson.

Jugadores dotados de un físico robusto, a veces no tanto por la altura, sino más por la capacidad que tenían de imponer su presencia constante en todas las jugadas de peligro y por ser el clavo ardiendo al que se podía agarrar el equipo entero. Arietes a los que podías confiar el balón para que lo bajasen de cara o a los que podías poner ante situaciones excepcionales de remate pero que ellos se encargaban de solucionar por lo civil o por lo criminal. Oportunistas, estiletes necesarios en un tipo de fútbol que suena a antiguo. Sistemas de juego hechos para que esos depredadores del área pudiesen sacarle todo el jugo a cualquier balón perdido en las tierras del guardameta.

Normalmente limitados técnicamente, este aspecto ha sido determinante a la hora de que su papel en la actualidad haya ido a menos. El fútbol moderno exige algo más, ya no vale sólo con ser un buen rematador. Caer a banda, hacer diagonales, realizar paredes a velocidad de vértigo, bajar a recibir al centro del campo para ayudar en tareas organizativas, son cosas que los grandes delanteros del momento están obligados a cumplir. Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar, Karim Benzema, Wayne Rooney, Luis Suárez, Olivier Giroud, Sergio Agüero, Carlos Tévez, Robert Lewandowski, Marco Reus, Gonzalo Higuaín, etc., son la demostración de la nueva generación de delanteros totales que se desenvuelven con facilidad en cualquier posición del ataque por el bien del equipo.

Si echamos un vistazo al panorama futbolístico actual encontramos todavía bastantes delanteros ‘tanque’ pero casi ninguno ha llegado a significar lo que significaron en su día, tanto para su equipo como para el fútbol mundial, los anteriormente mencionados. Hugo Almeida, Luca Toni, Edin Dzeko, Romelu Lukaku, Fernando Llorente, Aritz Aduriz, Lacina Traoré, Emmanuel Adebayor, Amauri, Marc Janko, Andy Carrol, Alessandro Matri, Dimitar Berbatov, Lucas Barrios, Jo, Stefan Kiessling, Peter Crouch, Miroslav Klose, Daniel Osvaldo, Santa Cruz, Óscar Cardozo o Mario Gómez, son algunos de los que forman un grupo de arietes en extinción.

Entre los futbolistas en activo a los que podríamos denominar híbridos, porque se sitúan entre la nueva generación y los más clásicos, encontramos algunos grandes nombres como los de Radamel Falcao, Didier Drogba, Edinson Cavani, Diego Milito y sobre todo y ante todos, Zlatan Ibrahimovic. El goleador sueco es un delantero tanque por corpulencia y remate a portería, además de un prodigio con el balón en los pies. Juega de espaldas, combina, asiste, marca goles y va bien por arriba, y a todo esto hay que sumarle que mide 1,95 metros.

El delantero ‘tanque’, una especie en peligro de extinción en el césped de los terrenos de juego que se sigue aferrando a su historia y a su forma de supervivencia entre las defensas y las áreas rivales. Se niega a desaparecer. Reclama su papel protagonista dentro del fútbol moderno. Sabe que su rol, aunque menos determinante que hace años, sigue siendo necesario para los momentos en los que el toque y la sutileza no alcanzan para ganar al contrario. Es consciente de que su presencia será imprescindible para cuando en las mentes de todos los aficionados, nerviosos y agónicos al ver como una victoria se les escapa de las manos, surja el pensamiento de: “balón a la olla”.

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