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El cuervo negro y ‘la soledad del portero’

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‘El fotógrafo de la boda, el indefenso patito feo en el majestuoso lago de los cisnes y el incómodo lunes en el conjunto de la semana. Ese es el portero, una figura tan necesaria como marginada en un mundo tan cruel e insensible como es el del fútbol.

Héroe ocasional y cabeza de turco recurrente, hay tres motivos que pueden llevar a un niño a querer ser portero: la locura, el vivir al límite o la ineptitud para hacer con los pies lo que hacen el resto de sus compañeros. Pocos, muy pocos, son porteros por vocación, y es que el portero no nace, se hace. Será más tarde, cuando ese niño crezca, se entrene y tome conciencia del rol tan importante que desempeña, que empezará a amar el hecho de ser el guardián del muro, el cuervo negro.

El portero suele ser el villano de la película con carácter general. El que históricamente vistieran de negro tampoco hacía mucho por cambiar esa percepción tan arraigada aún a día de hoy. Es el sujeto cuya misión sobre el verde no es otra que la de frustrar los sueños de millones de personas. Se podría afirmar por lo tanto que su acción esencial, la de parar (atajar que dirían en Latinoamérica), supone un coitus interruptus en toda regla a la propia naturaleza del juego, aquella que pregona que se debe alojar un esférico en la red, despertando todo tipo de emociones y sentimientos en tan apasionante trayecto.

Escribió el charrúa Eduardo Galeano en su día: “el portero siempre tiene la culpa. Y si no, paga lo mismo”, y es que tras la denostada figura del árbitro, el segundo hombre más señalado en un equipo suele ser el portero, en un empate técnico con el entrenador de marras.

Es por todo ello, que una obra como la que ha elaborado Santy supone un balón de oxígeno para todo un colectivo que debe reivindicarse. Este libro no es más que una reparación histórica a los desagravios reiterados que ha sufrido la figura del portero a lo largo de muchas décadas.

Ha llegado el momento en que al portero se le empiece a considerar como un pintor y no como el mayordomo. Ojalá, tras la lectura de estas páginas que siguen, muchos puedan concluir en que el portero es un genio incomprendido y no un sospechoso habitual. Ojalá se arroje algo de luz sobre el cuervo negro.’

Este es el prólogo del libro ‘La soledad del portero’, del periodista asturiano Santy Menor.

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