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El cuento de hadas de la niña adoptada por sus abuelos

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El brillo de su atuendo y sus cuatro oros iluminaron la sonrisa de la gimnasta Simone Biles en Río de Janeiro. Sin embargo, en la vida no siempre sonrió. La suya es la historia de una niña de infancia difícil, adoptada por sus abuelos.

La escena lo decía todo el lunes inmediatamente después de que se le escapara uno de los cinco oros a los que aspiraba y terminara en bronce en la barra de equilibrio de los Juegos Olímpicos.

Mientras sólo un puñado de periodistas buscaba declaraciones de Sanne Wevers, la holandesa ganadora de oro, muchísimos se agolpaban para hablar con Biles. Los voluntarios de los Juegos tuvieron que darle un micrófono para que se la pudiera oir.

A los 19 años, la adolescente negra, que mide 1,45 metros, es toda una figura. En sus primeros Juegos Olímpicos se ha convertido en la quinta gimnasta en la historia que logra cuatro oros olímpicos en una sola edición.

Podrían haber sido cinco, es cierto, si no se hubiera tambaleado en la barra, pero eso no le quita méritos a la ganadora de Río en las pruebas de equipo, concurso general, salto y suelo.

Desde su primera aparición en un campeonato del mundo, Biles llamó la atención. Todos los diarios estadounidenses se volcaron a contar la historia de esta joven enviada en su infancia a hogares de niños en Ohio por las adicciones de su madre.

Cuando tenía seis años su abuelo materno Ron tomó cartas en el asunto. Adoptó a Simone y su hermana y, con su segunda esposa Nellie, les dio todos los cuidados. Biles le dice papá.

En el suburbio de Spring en Houston, la lujosa villa estilo toscano de Ron Biles, que junto a su esposa acumula un importante patrimonio, acogió a Simone. Son casi 6.000 metros cuadrados con garage para seis automóviles, aunque Biles, que hasta antes de su jubilación trabajaba como controlador aéreo, no es persona de alardes.

Cuando la entrenadora Aimee Boorman identificó el talento de Simone para la gimnasia en la escuela, su abuelo no escatimó recursos para darle el mejor entrenamiento. Los asuntos financieros los maneja Nellie, que empezó como enfermera y ahora es copropietaria de 14 asilos de ancianos.

Pero el camino hacia el equipo de gimnasia de Estados Unidos al principio fue difícil. “Puede volar como una mariposa, pero no logra pararse derecha de manos“, dicen que comentó la entrenadora del equipo, Martha Karolyi, que antes trabajó con la gran Nadia Comaneci. Biles no tardó mucho en mostrar lo que valía.

Después de ganar por segundo año consecutivo el concurso general individual en 2014, Ron Biles le regaló un gimnasio. No un gimnasio cualquiera, sino uno de 56.000 metros cuadrados, que ahora deja grandes ganancias, el World Champion Centre.

Biles acumuló diez títulos mundiales en los últimos tres años y es la única gimnasta que ganó tres veces seguidas el título del concurso completo. Y el camino todavía no se acaba: “Me puedo imaginar activa todavía en 2020 en Tokio“, dijo en Río. En realidad, mientras no haya lesiones, Biles apenas empieza.

(DPA)

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