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El Coliseum y el renacer del fútbol azulón

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Lejos quedan ya los días negros en los que el Coliseum Alfonso Pérez se encontraba vacío para recibir a su equipo. El descenso a la división de plata hace unos años supuso en Getafe un cambio de mentalidad. La plantilla realmente necesitaba a su afición, y los fans buscaban un cambio en la política de entradas por parte del club. Ambas partes tenían la urgencia de sellar un compromiso mutuo que devolviese a la grada y a los jugadores la pasión por el fútbol.

Y así ocurrió, desde las oficinas del Getafe CF se decidieron rebajar los precios de los abonos, y la ciudad respondió consciente de lo que habían dejado escapar en los años anteriores. Con el Fondo Azulón como director de orquesta, todo el estadio se unió para devolver al equipo a la mejor liga del mundo. La marea azul creció con miles de seguidores que en los partidos decisivos llenaron el Coliseum para defender a muerte a sus jugadores. Y así, con una victoria frente al Tenerife el 26 de junio, consumaron el ansiado retorno.

En ese momento volvió el vértigo a los aficionados más casuales. Si la vuelta a la máxima categoría iba a traer consigo los precios desorbitados de las últimas campañas, la grada iba a presentar otra vez el deprimente aspecto de antaño. Pero no fue así. El club devolvió el favor a sus hinchas y mantuvo unos precios muy bajos, con ofertas especiales para los abonados la temporada pasada, abonos muy baratos para los jóvenes, universitarios y parados… La respuesta fue inmediata. El 97% de los abonados el pasado curso renovaron su estancia en el Coliseum, y a ellos se les sumaron entorno a cinco mil nuevos azulones que llenan las gradas cada fin de semana. En agosto el club consiguió llegar al límite de abonados que se había impuesto, los 12.000.

La entidad también quiso darle un lavado de imagen al estadio, y cambió los asientos por unos nuevos de color azul más oscuro, renovó toda la instalación eléctrica y de riego, puso un nuevo césped… Un aspecto mucho más “coqueto”, según palabras del propio entrenador Bordalás, que por fin convertía al Coliseum en un estadio de Primera División. Un estadio en el que afición y jugadores se han hermanado para conseguir el objetivo de la salvación. Porque todos son conscientes de que la plantilla debería ser, a priori, una de las más débiles de la tabla.

Pero al Getafe no le importa esa condición de cenicienta, y con apenas tres jornadas para llegar al parón invernal, el equipo está situado nada más y nada menos que en el octavo puesto. La presión que ejerce la marea azulona ha sido clave, llevando al equipo en volandas en los buenos momentos, y empujándolo en los más difíciles. Por el Coliseum han pasado ya rivales de la talla del Real Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Villareal o Real Sociedad. Y ninguno de ellos ha conseguido sacar puntos sin sufrir. Los tres primeros ganaron por la mínima anotando en los instantes finales, el submarino amarillo vio cómo les pasaban por encima (4-0), y txuriurdines y chés fueron testigos de que la grada también juega, haciendo del Getafe un equipo grande capaz de remontar a los vascos y de doblegar con uno menos a los valencianos.

Porque la afición confía en los suyos, y los jugadores devuelven esa confianza. El partido frente al Valencia fue el último ejemplo. Con la expulsión de Arambarri en el 25′, la grada decidió convertirse en la pieza que les faltaba a los de Bordalás. Hinchas y jugadores se defienden a muerte, como pudo verse ayer con Guaita. Justo antes del gol de Bergara, Zaza había desaprovechado una ocasión para deshacer el empate en favor de los visitantes. El fondo norte festejó el error, ante lo que el futbolista replicó bajándose los pantalones en dirección a la grada. Esta posible ofensa fue presenciada por Guaita, que no dudó en correr a reprocharle el gesto. Con su afición no se juega.

Aunque haya hecho falta un amargo descenso, Getafe vuelve a tener ambiente de fútbol. Equipo y afición son uno solo, están juntos en esto, y los resultados le están dando la razón. 19 puntos en 14 jornadas, solo 2 puntos por debajo de las posiciones europeas. Unos números increíbles para un equipo que sigue teniendo los pies en la tierra y sueña con salvarse de la mano de sus fans.

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