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El circo mediático y sus consecuencias

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No se sostiene. Este periodismo. No hay por dónde cogerlo. Tras vivir un clásico antológico en el que casi todos estamos de acuerdo en que podía habérselo llevado cualquier equipo, aparecen una vez más aquellos que despiertan el odio entre los aficionados. Los mismos que luego osan escandalizarse cuando pasa algo grave, y tuitean desde una supuesta incredulidad que no se traga nadie.

Igual habría que hacer limpia. Pero los medios que pagan no están por la labor. La polémica, el enfrentamiento dialéctico, y los excesos camuflados son la salsa del fútbol, el condimento que incita al consumidor. Si no, ¿de qué se iba a hablar en los bares, en las oficinas? ¿Y en las redes sociales?

Manolo Sanchís, un estandarte de la casa blanca, asegura que el codazo de Marcelo a Messi no fue una agresión. Él lo llama protección. Y ahora vendrán en manada aquellos con vendas en los ojos, alegando que todo un referente, un hombre de fútbol, ha sentado cátedra. Sanchís, en mismo que dijo aquello de que Neymar se estaba pasando de la raya, y que demasiado poco se estaba llevando, en relación a las patadas que recibía el brasileño en otro clásico reciente. Es gravísimo. Porque ha sido futbolista de élite. Y por encima de los colores, cuando se opina, debería existir responsabilidad. Cualquier niño que lo haya escuchado pensará que cuando no pueda con un adversario más habilidoso la solución pasa por intimidarlo a golpes. Eso, y no mejorar. ¡Un fuerte aplauso para Manolo! Y ya que estamos, otro para Isidoro San José, también ex del club de Chamartín, quien afirma que el gesto de Messi (celebrando su gol) estimula la violencia.

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En las afueras del Santiago Bernabéu espera Álvaro Ojeda. Un espécimen único. Un ultra al que dejan escribir y hacer vídeos en medios de dudosa reputación. Un ultra, por decir algo suave. Ultras son otros. Micro en mano, incita a la multitud a despotricar del árbitro, osando calificar de robo un duelo en el que el equipo supuestamente perjudicado bien podría haber comenzado la segunda parte jugando con nueve. Que sí, que Umtiti toca a Cristiano en una jugada puntual y estás en tu derecho de reclamar pena máxima. Pero… ¿Una valoración global es mucho pedir? Aunque yendo más allá están las formas. La educación es algo que no se estudia, y eso se nota. Sus gestos mano en nuca son tendencia entre cabezas huecas y fanáticos que validan lo que sea. ¡Hala Madrid y nada más! Un lema que en muchos casos ha mutado en intimidación. Ya de paso, este domingo aprovechó el momento para hacer gala una vez más de su acusada xenofobia. Entiendo perfectamente la iniciativa de reportar a este impresentable en Twitter. Hay límites, y este individuo los sobrepasa un día sí y otro también.

Claro que todo esto, como hemos comentado antes, vende. Vende Juanma Rodríguez en el programa deportivo nocturno para elementos ávidos de validar tesis que justifiquen una defensa exorbitante de sus colores. Juanma se indigna, y entre gritos y malos modos reclama que los suyos eleven las protestas cada vez que se les coloca un micrófono delante. Que, por lo visto, Piqué lo hace y le funciona. Igual al central catalán se le olvida la entradilla tan usada por otros: “Yo no hablo de los árbitros, pero…” Pero. Gerard, la próxima vez, no olvides el ‘pero’. Si tiras de esta fantástica herramienta, ya no podrán acusarte de nada. Haciendo memoria, atrás quedan otras perlas como las de “hay que parar a Messi por lo civil o por lo criminal”, de ese genio llamado Eduardo Inda. Asunto menor si lo comparamos con un tuit cualquiera del central blaugrana. ¡Claro que sí! Vende Tomás Roncero, que alude a Messi en términos como dictador. Vende verter acusaciones de dopaje sobre el astro argentino.

Vende Poli Rincón, vende Alfredo Duro, vende Manu Sainz. Venden chiringuitos y manolos… Luego cerramos cuentas de quienes protestan ante canalladas manifiestas. Vende una periodista que a pie de campo pregunta intencionadamente esperando una reacción en caliente como la de Illarramendi en Anoeta. Venden las mentiras. Vende decir que un jugador rival está en la agenda del club al que se quiere favorecer si estos tienen una cita en el horizonte. Por cierto… ¿Ya ha sonado esta semana el nombre de Griezmann? Venden periódicos que se autodenominan “diario de todas las aficiones” desde la hipocresía, o los que titulan “Remontada con reparos” cuando se trata del eterno rival y no se miran el ombligo cuando los suyos avanzan con dudas arbitrales. Venden editoriales malintencionadas.

No vende el VAR. No vende la mesura. No vende la sensatez. No vende el decoro.

Y mira que hay programas fantásticos, profesionales entregados y loables, buenas intenciones. Agradezco poder contar con ellos, aprender de ellos, disfrutar de ellos… Es solo que hacen menos ruido. O directamente no lo hacen, porque no lo necesitan. Saben perfectamente qué público quieren captar, qué quieren ofrecer, de qué manera quieren llegar. Les honra.

Cualquiera que lea este texto pensará que lo escribe un culé. Cierto. Jamás lo he negado. Aunque añado: tampoco me gustan los medios que hacen lo mismo en mi acera. No me río con Cristóbal Soria, que ha elevado el personaje hasta lo ridículo. No me gusta el circo que monta el Lobo Carrasco, y cómo justifica cualquier cosa que haga un jugador vestido de azulgrana. Me envenena que menosprecie equipos que luego te dan una lección táctica abrumadora, cura de humildad necesaria en determinados casos. No me va que un periódico no critique a una directiva, un técnico, o un jugador, porque el amiguismo impera y no se quiere perder la posición de privilegio. Que soy del Barça, pero pensar lo hago solo.

En fin, que sería muy bonito que los periodistas hicieran periodismo, y que los opinadores fueran conscientes de la responsabilidad de conlleva cada una de sus palabras. No pido que dejen los sentimientos a un lado. La objetividad es una ilusión imposible de alcanzar. Simplemente reclamo cierta cordura. Y es que, como decía un sabio, el individuo es inteligente; las masas, no tanto. Y son estas las que están pendientes de todos nosotros.


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