Fútbol italiano

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El cerdo talismán de Leo Pavoletti

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Leonardo Pavoletti se ha convertido en poco tiempo en uno de los goleadores más queridos del Calcio. Trabajador y humilde representa ese punto de normalidad que tantas veces falta en un fútbol tan mediatizado. “Me comparan con Diego Milito, pero él era el príncipe del gol, yo solo soy un obrero”, respondía a los elogios cuando empezaba a perforar redes en el Genoa.

A Pavoletti el éxito le llegó tarde. De hecho, no debutó en Serie A hasta los 26 años y solo durante el último año y medio ha conseguido, no solo asentarse, sino convertirse en uno de los goleadores más prolíficos de Italia. A punto de cumplir los 28 años, tras la Eurocopa le llegó también su primera convocatoria con la selección nacional, aunque todavía no ha llegado a debutar.

Denominación de origen livornese, Pavoletti, hasta 2011 era uno de tantos trabajadores del área que vagan por los campos de las divisiones inferiores italianas: Viareggio, Pavia, Juve Stabia, Casale… La Virtus Lanciano le echó el lazo en Serie C y con 16 goles fue uno de los grandes artífices del ascenso a Serie B como capocannoniere. Nunca tuvo oportunidades en Sassuolo, pero sí en sus cesiones a Varese (24 goles en Serie B) y en el Genoa, desde enero de 2015, primero cedido y luego traspasado definitivamente.

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Seis goles en diez partidos en su primer medio año en el Grifone; 14 goles en 25 partidos la pasada temporada. Ya era O Pavoloso. Esta temporada, pese a la lesión, mantiene su ritmo de prácticamente un gol cada dos partidos. Cuando volvió de la lesión, entró al campo de Marassi, le rompió la cadera a Romagnoli y colocó con maestría el balón en la red para rematar al Milan. Un bomber de toda la vida, que vive por y para el gol, un deprededador del área, oportunista con el pie y excelso con la cabeza.

Mou, el cerdo vietnamita

¿Y su talismán? Tenía que haber algo extraño en su normalidad. Y es un gigantesco cerdo vietnamita. ¿Cómo? “Me lo trajo la ex novia de mi hermano. Era pequeño, pero luego se comió todo el jardín y ahora pese cien kilos. En el primer año con él gané el campeonato con el Lanciano y desde entonces sigue conmigo”. Se llama Mou -ojo, no por el entrenador-, según él por una traducción de ‘cerdo’ al vietnamita. Para que luego digan de la gallina de Gigi Meroni

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