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El caos defensivo sitúa a Rafa Benítez contra las cuerdas

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El gol que hacía subir al marcador el 2-2 del Palermo en San Paolo el miércoles pasado define a la perfección el estado actual de un engranaje defensivo del Napoli repleto de errores colectivos e individuales. Inler, totalmente pasivo en la primera marca. Los cuatro miembros de la línea de atrás, desplazados a coro hacia su portería con el desmarque de Belotti y el ‘Mudo’ Vázquez, desde el punto de penalti, perforando la red ante la impasible mirada de un Gargano estático.

No es un caso aislado. Es el enésimo paradigma de una problemática que el conjunto partenopeo lleva arrastrando desde el inicio mismo de la temporada y que le ha llevado, como causa primera, a cosechar una única victoria -en el último minuto ante el Genoa en Marassi- en los seis encuentros oficiales que ha disputado y a atravesar una crisis demasiado profunda para estar todavía en una parte tan superficial e inicial de la campaña. Dos derrotas ante Chievo y Udinese y un empate ante el Palermo son números impropios para un equipo construido para estar en el grupo de cabeza sí o sí.

Las bajas de dos fijos como eran Reina y Fede Fernández no explican, ni por asomo, la pérdida de seriedad y empaque de una zaga napolitana en la que Albiol y Koulibaly han disputado todos los partidos –más por obligación y falta de sustitutos de mayores garantías que por merecimiento- cometiendo fallos de bulto en todos y cada uno de ellos. Sin excepción. Encuentros en los que Rafael, sin ser el máximo culpable, tampoco ha ayudado a ofrecer seguridad. El Napoli es, hoy por hoy, una colección interminable de errores posicionales, de marcaje, de concentración o de conceptos tan básicos como el fuera de juego. Impropios de una línea defensiva de un equipo de élite.

Siendo ésta la principal explicación a los males napolitanos, no es la única. El Napoli sigue acusando el mazazo de la eliminación en la previa de Champions ante el Athletic y parece empeñado en aparentar ser un equipo mediocre, cada vez más alejado de su postulación como tercer candidato en ciernes al Scudetto por detrás de Juventus y Roma.

Pese a que han aumentado su porcentaje de posesión con respecto al curso pasado, el Napoli es denso, lento y previsible en elaboración, incapaz de controlar los partidos, de reaccionar ante los goles rivales y de administrar sus ventajas en el marcador. Dentro de su 4-2-3-1 inamovible, su otro gran hándicap está en la falta de creación en la medular, donde Jorginho –alejado de su mejor estado de forma- no puede hacer carburar todo el engranaje en solitario. Los robos ahora se producen más atrás y con menos cadencia, circunstancia que merma las fulgurantes transiciones por banda de Mertens y Callejón, siendo éste último, el único elemento del plantel que parece conservar las luces y la peligrosidad.

A ello, se suma la apatía general que parece haberse instalado para siempre en Insigne, la inoperancia de un Hamsik a quien solo le está quedando la pegada como reminiscencia de su calidad, un Higuaín aislado hasta la desesperación y falto de pólvora y un doble pivote –sin Jorginho- demasiado tosco en fase creativa y a su vez, despistado en el que debería ser su punto fuerte: las ayudas y la contención. Sin filtro para dar el primer pase, sin toque para el manejo – la salida desde los centrales tampoco está ayudándoles- y generador de grandes y aprovechables espacios detrás de sus lentas espaldas.

Es cierto que están echando de menos algo tan primario como es la puntería, que el flujo de ocasiones no se ha detenido y que con una mayor pizca de acierto debería haber bastado para llevarse buena parte de los ocho puntos que el Napoli se ha dejado ya, en apenas cuatro partidos, por el camino en esta Serie A. Cuatro menos de los doce que perdieron en toda la primera vuelta durante la pasada temporada. Los de Benítez, como sucedió contra el Chievo, no vencen ni cuando lo merecen.

Una ligeramente elevada presión rival causa estragos y si además los contrarios saben manejar sus posesiones con cierto tino y precisión, el Napoli pasa directamente a convertirse en un equipo pequeño, de insuficiente capacidad en el balance defensivo, incapaz ni siquiera de lucir por banda con menos metros para poder correr e incómodo cuando es obligado a atacar en estático, donde se difuminan.

Por si aun fuese poco, ni uno solo de los fichajes está respondiendo hasta el momento. El proyecto napolitano de Benítez se tambalea y aunque el técnico madrileño conserva la confianza de De Laurentiis, un nuevo resultado negativo el domingo en Reggio Emilia contra el Sassuolo, podría suponer la confirmación de una carta de despido sobre su mesa. El Napoli, impotente, falto de ideas y sin imaginación aparente para hacer variar situaciones adversas; busca y necesita una reacción que sigue sin encontrar y que parece no estar cerca.

Mientras todos en el seno del Napoli se han apresurado a desmentirlo, incluido el propio interesado, el nombre de Mancini –y también el de Spalletti- ya ha saltado a la palestra como posible sustituto de un Rafa Benítez todavía convencido de poder darle la vuelta a la difícil coyuntura pero muy cuestionado por la evidente mala racha de resultados y el escaso bagaje futbolístico de su equipo.

La decepción ha dado paso al enfado en San Paolo. Un volcán en erupción que ya ha comenzado a señalar culpables y que, como el equipo sobre el césped, está cayendo en un nerviosismo agitado e impaciente. Benítez ha pedido serenidad, sin embargo, el tiempo para él ha comenzado a descontar. Ley del fútbol: la ratificación es el primer paso para la destitución. Benítez está en el disparadero y su Napoli en una crisis innegable cuya urgente paliación ya no puede esperar más allá del próximo partido. Tic, tac.

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