Alemania

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El bombardero Gerd Müller sufre de olvido

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El olvido es una de las acciones más frecuentes y más difciles de conseguir por voluntad propia. ¿Cómo olvidar el cabello rubio de tu primer amor? ¿Cómo olvidar el olor a pan recién hecho de una infancia feliz? ¿Cómo olvidar el dolor de la pérdida? Olvidar voluntariamente es casi imposible. Es un hecho que cuanto más se quiere olvidar, más vivos y brillantes parecen los recuerdos en la mente y el corazón de una persona. Sin embargo la gente olvida, no se acuerda de dónde se ha dejado las llaves, si en la calle tal o cual había o no una panadería, los nombres de los compañeros de la escuela. Olvidamos poco a poco y sin querer. Pero hay uno de los olvidos que es el más cruel, el más despiadado, es el olvido involuntario de las cosas más necesarias.

Una persona es el resultado de sus memorias y la manera más efectiva de destruir a una persona es arrebatárselo. Quitarle lo que le hace ser él mismo. Quitarle los recuerdos felices, los nombres de los seres queridos. Lo transporta a otra época, a otro mundo, donde su memoria es selectiva. Despertar y no recordar el nombre de tus nietos, mirar las pastillas y preguntarte porqué debes tomarlas a pesar de creer tener 30 años y ser deportista de élite -en tu cabeza. La manera más cruel que tiene el ser humano de dejar de ser es tener Alzheimer.
 

 

El bombardero. El torpedo. El símbolo de una nación -con el perdón del Kaiser Beckenbauer-. Gerd Müller sufre Alzheimer, sufre de olvido. Un icono de su generación y de muchas otras se pierde en los recuerdos. Se borrarán poco a poco todos esos goles, cada uno de los 633 tantos que antes de acabar en la red pasaron por él. Algunos de ellos tan importantes como el de la final del mundial del 74 contra la Holanda de Cruyff. Gerd acabará por olvidar todas las copas que ha visto levantar a su compañero y amigo Franz con él en el Bayern o en la selección. Los trofeos quedarán en vitrinas, sus camisetas serán conservadas, su bota se expondrá como un objeto de deseo y estudio pero para él no habrá significado. Quizás su memoria se quede atrapada en sus temporadas doradas, quizás en sus comienzos. Quizás decida que debe quedarse en el punto donde todo empezó a ir mal y cuando decidió retirarse. Se pierde un trozo de historia viva, una leyenda en carne y hueso, una de esas personas que escribieron historia con sus acciones en el campo, uno de esos hombres que consiguieron un promedio de 0.90 goles por partido antes de que llegaran a este fútbol moderno las figuras de Messi y Cristiano. Un futbolista con un tren inferior potentísimo, capaz de encontrar los huecos en la defensa contraria y penetrarla como un torpedo, como una potente arma militar creada para marcar goles y goles y goles y goles y goles…

Al fin y al cabo, Gerd Müller podría aparecer perfectamente como sinónimo al lado de la palabra gol en el diccionario. Quizás él olvide, pero, ¿cómo vamos nosotros a olvidar al bombardero de la nación?

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