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El Bayern sigue vivo

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No eran ni las diez de la noche y el ambiente en Múnich era parecido al de un funeral. La Juventus, en una primera parte prodigiosa, se marchaba 2:0 al descanso. El Bayern, que tan implacable se había estado mostrando en el Allianz Arena, no existía. Erraba pases, no creaba y jugaba con un nerviosismo impropio. Nada estaba saliendo bien. Para colmo, en las cabezas de los jugadores, retumbaba un mensaje que se fue haciendo poco a poco más punzante e hiriente: El gran objetivo de la temporada se terminaba en marzo. De quedarse así el resultado, nadie se iba a escapar de dos meses incesantes del azote de la prensa, nacional e internacional. Los fantasmas de la noche fatídica contra el Madrid sobrevolaban el Allianz Arena: Nadie quería volver a revivir lo de aquel día. Salir machacado y eliminado por goleada de tu propio estadio era lo que menos querían. Por lo tanto había que derramar hasta la última gota de sudor.

No comenzó mejor la segunda parte. Pese a los quince minutos de receso, el Bayern seguía igual. La Juventus seguía acercándose y el tercer y definitivo gol parecía mucho más cerca que el primero de los bávaros. La noche empezó a teñirse del color de la tragedia. Douglas Costa y Ribery lo intentaban, pero siempre encontraban respuesta del muro italiano. Daba la sensación que nada iba a poder traspasarlo… Pero faltando un cuarto de hora para el final del partido, Costa tuvo tiempo y espacio para pensar y pasar por primera vez en el partido. Centró y Lewandowski despertó la ilusión. El gigante bávaro despertó de su letargo. El Allianz rugía y volvía a intimidar. Era posible.
 

 
Pasaron los minutos y la insistencia del Bayern parecía que no iba a encontrar premio. Faltando un solo minuto, Coman puso otro centro. Mientras el balón llegó a la cabeza de Müller, por la mente de todo aficionado bávaro pasó aquel gol de Javi Martínez en la final de la Supercopa contra el Chelsea. El imprevisible, el de siempre, rescató a su equipo cuando el partido estaba a escasos minutos de terminar

Thomas pidió cabeza nada más marcar. Lo más difícil estaba hecho, pero ahora no podían volver a fallar… Y no lo hicieron: Thiago y Coman sentenciaron en la prórroga. El Bayern, que agonizó, se aferró a una mínima esperanza de vida y el destino le recompensó. La temporada del Bayern pasó del posible fracaso al sueño.

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