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El Barça y la búsqueda del norte por el desierto

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El Barça parece perdido. Todo lo que hace una década le hizo grande –valores, cantera, fútbol, etc.- ahora se evapora al tiempo que su eterno rival se instala en el reino del cielo. El Real Madrid tiene el mejor centro del campo del mundo y se hace fuerte a través de él. La juventud de sus integrantes garantizan, además, su hegemonía futura. El Barcelona lo contempla con cierto anhelo.

La junta de Sandro Rosell, impulsada después por Bartomeu, llegó para continuar la obra creada por Laporta, mantener el legado. Lejos de la realidad, ha conseguido lo contrario: destruirla. O, como mínimo, estar en proceso de ello. Las malas decisiones han matado el proyecto. No solo en lo deportivo, sino también en marketing (dinero de Qatar o el espectáculo vivido en la ida de la Supercopa de España, donde se ganaron 10 millones de euros a cambio de ver, entre otras cosas, al Camp Nou celebrar un gol de Cristiano Ronaldo) y, por supuesto, en lo ético (Johan Cruyff, Eric Abidal y Pete Mickeal, nadie os olvida). Todo ello pasando por alto el tema judicial.

La última jugarreta hecha a Samper, que a 14 de agosto se le ha comunicado que no se cuenta con él, un niño que lleva desde los seis años en el club y que ha rechazado grandes ofertas de la Premier por triunfar en Barcelona, tampoco la olvidaremos fácilmente. ¿Dónde están los valores humanos?

Si nos centramos en lo estrictamente futbolístico, Rosell-Bartomeu heredaron la mejor plantilla de la historia del Barça. Un equipo ‘Made in La Masia’, con el mejor centro del campo del mundo y un fútbol exquisito. Pero, poco a poco, eso fue desapareciendo. La marcha de Thiago fue la primera muestra de que algo iba mal. El que estaba llamado a ser el pilar del centro del campo culé en un futuro decía adiós por tan solo 25 millones de euros, muy inferior a lo que se podría haber sacado por él si no fuera por la famosa cláusula del mínimo de partidos. El equipo, años después, tocó definitivamente hondo en 2014.

La llegada de Luis Enrique revivió al club. Dotó al equipo de verticalidad y logró entre enero y junio de 2015 exprimirle el máximo jugó al Barça. Llegó el triplete y gracias a ello Bartomeu logró salir presidente. No nos engañemos, las elecciones se llegan a celebrar post-Anoeta y difícilmente habría salido elegido. El resultadismo en estado puro. El ahora por encima del futuro.

Las consecuencias no tardaron en llegar. Desde entonces dos Champions del Real Madrid, que lleva tres en cuatro años, y una Liga en dos temporadas. La mayoría estaremos de acuerdo en que los blancos cuentan actualmente con la mejor plantilla nunca vista. Eso se debe a una gestión 10 en la que Florentino Pérez ha logrado juntar dos jugadores de primer nivel por posición. Solo le falta gol en el banquillo. Algo importante, pero relativo visto el conjunto. Tal es su superioridad que la mayoría de sus suplentes (Kovacic, Asensio, Ceballos, etc.) serían titulares en el Barça. La juventud, el talento y el desparpajo auguran una generación de oro.

El club blaugrana, mientras, navega por el mar sin un rumbo fijo. En busca del trono perdido, pero rehuyendo del estilo que le hizo grande. El famoso ADN Barça queda en entredicho cuando el que llega es Paulinho y no un Verratti o cuando Samper es invitado a largarse. Que Luis Enrique dotara al equipo de verticalidad estaba bien como complemento pero no como idea inicial. El Barça ha sido grande cuando ha juntado el talento en el centro del campo y ha apostado por el control. Ese debería ser el camino y el resto complementarlo.

Para explicar esta transformación qué mejor que remitirse a hechos. Un tuit de la cuenta ‘Breaking The Lines’ nos explica que en 2014 el Barça optó por Rakitic antes que Kroos (a finales de ese año también se confirmó el acuerdo Asensio-Madrid), en 2016 a André sobre Pjanic y en 2017 Paulinho sobre Seri o Verratti. Toda una declaración de intenciones.

Evidentemente, ahora pueden llegar Coutinho y Dembélé y el Barça ganarlo todo. O incluso plantar cara sin ellos. Hay una gran plantilla, pero eso nunca quitará que podría haber ido mucho mejor si se hubiera continuado con la línea establecida por la junta de Laporta: apostar por los peloteros. Y eso no quitará tampoco que el club ha vivido su verano más caótico y confuso en años. Ni tampoco hará, sobre todo, que la imagen del club vuelva a ser lo que en 2010 era.

Por muchos momentos, el Barça ha parecido un club perdido. Y al final no hay que olvidar, que si hoy aguanta, y en los últimos años ha ganado tanto/plantado cara, también es en gran medida por haber contado con un animal competitivo como Leo. ¿Qué será del Barça en la era post-Messi?

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