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El Barça de Martino y el frágil hilo de la victoria

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Fermín SUÁREZEl Barça naufraga en Ámsterdam y encaja un mensaje demoledor: si crees en una idea y la ejecutas con compromiso, ambición, ganas e intensidad, el aficionado te aplaudirá en la victoria y en la derrota. Los azulgrana han vivido muchas veces en el alambre durante la temporada, parapetados en las intervenciones mayestáticas de Valdés y en su atronadora pegada ofensiva.

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Éste es el poso que me queda tras haber visto al Barça jugar en el alambre tantas veces, encomendado a su salvador (no a un pequeño argentino, sino más bien a un mayúsculo portero) y a su demoledora artillería. Ajax (partido de ida), Rayo, Sevilla, Madrid, Celta, Espanyol o Betis atestiguaron las nuevas pero conocidas deficiencias del Barça: desgobierno de los partidos, falta de concentración, circulación rutinaria, cesión del control territorial e incapacidad de anestesiar al rival. Esta derrota ante el Ajax no me sorprende, y tampoco cómo se ha producido, lo que denota que el rumbo del equipo estaba tomando una deriva preocupante, fundamentada en las sensaciones, y no en los resultados (igual de inmaculados tras el bache).
Y éste no es un argumento oportunista: sólo hay que consultar el resto de artículos que he hecho para darse cuenta de que llevo reclamando un punto más de compromiso en el juego desde el inicio de temporada.

Precisamente, el Barça claudicó ante el Ajax, su hermano futbolístico de leche, un equipo que comulga a pie juntillas con las virtudes que en su día elevaron al Barça a la cima, un conjunto jovial y atrevido edificado en torno a las 4P: principio del juego, pase, presión y precisión, tal y como reflejó Jordi Quixano en su artículo de El País sobre la escuela del Ajax.

Dudo que pueda haber un mensaje más contundente, lanzado a los pesos pesados azulgranas (Puyol, Piqué, Iniesta, Xavi, Cesc y Pedro), que el que ofrecieron ese puñado de bisoños descarados sobre el césped: si se cree en una idea de juego (que encima te ha dado la gloria), y se ejecuta con intensidad, compromiso, ambición y ganas, se puede perder, pero nadie te reprochará nada y nunca te faltará el aliento de la afición. Ése es el mensaje. Los estudiantes han aleccionado a los doctores. Veltman, Serero, Klaassen, Fischer, Hoesen, Cillessen y, sobre todo, el pedazo de proyecto/realidad que es Daley Blind han barrido a un Barça de 6 campeones del mundo, que encima contaba con Neymar (60 millones).

Aparte, y sin que sirva de precedente, el Tata Martino falló estrepitosamente al no intervenir en la zozobra. No hizo ningún cambio al descanso, su primera substitución fue la de Patric (un futbolista carente de talento para ofrecer alternativas en ataque, justamente lo que necesitaba generar el Barça), entró Sergi Roberto en el 73’ y, encima, su charla técnica al descanso no dio ningún fruto puesto que el Barça saltó en la segunda parte con la misma pasividad inicial al terreno de juego.


Carles Puyol y Daley Blind pugnan un balón | Getty Images

Ni rastro de ímpetu, agallas o coraje para defender el orgullo herido por unos cachorros bien adoctrinados por un Frank de Boer que, a diferencia del Tata, sí fue plenamente intervencionista y atrevido, capaz de meter a Daley Blind como volante de contención para ganar fluidez en detrimento del oficio y la pierna dura de Christian Poulsen. Y, encima, al Ajax le faltaban sus tres buenos (o, mejor dicho, sus tres más consagrados): Sightórsson, Bojan y Siem de Jong. En resumen, como reza la crónica del partido de Ramón Besa para El País, “lección histórica”.

¿Y ahora qué? ¿Es lícito que el Barça se reserve juego o que pelotee con el freno de mano cuando el calendario le estorba? ¿No sería mejor meter a muchachos como Sergi Roberto o Bartra, más dispuestos a comerse el césped? ¿Por qué juegan las vacas sagradas por inercia, creyendo que a su ritmo parsimonioso se puede ganar a cualquiera sólo ateniendo a la calidad individual? ¿Por qué el Tata Martino se pliega tanto ante el vestuario, incapaz de sentar a los pesos pesados cuando no rascan bola? Es que da la sensación que el técnico argentino sólo ejecuta cambios predeterminados (hechos con su documento Excel) y no substituciones para corregir deficiencias durante los partidos.

La derrota es lo de menos. El Barça, aunque no lo parezca por su historia reciente, está compuesto por humanos, y los futbolistas pueden tener un mal día y perder ante cualquier rival. Es normal. Lo que no es lógico es trasladar al aficionado esa atonía, esa falta de interés, esa falta de compromiso y esa falta de ganas para enderezar un naufragio colosal ante unos chiquillos que te han sacado los colores. El Barça se sustentaba en el frágil hilo de la victoria, en vez de en el consistente colchón de la convicción y determinación. Y, lógicamente, tanto encomendarse a Valdés y a la providencia (palos de Nono, Benzema, Piti, gol anulado de Cala) que al final el hilo se rompe.

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