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El arco y las flechas de Javi Gracia

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Miguel Ángel GUTIÉRREZ | En América, la existencia de una tribu como los yanomami depende fundamentalmente de dos utensilios que crean y moldean ellos mismo. Son productores de su propios recursos. El arco y las flechas son sus únicas armas ante la frondosa Amazonia y los grandes peligros que divagan por la selva. Precavidos y silenciosos, los yanomami son cautos cuando se deciden a cazar. Su arco, sinónimo de equilibrio, es preciso y artífice e inicio de lo que vendrá. Sus flechas, elaboradas con minuciosidad y esmero, son lanzadas por el imperial arco en el momento idóneo. Un chasquido que da pie al vertiginoso camino —y a veces inesperado— que recorren las puntiagudas y escurridizas flechas. Una combinación mortífera que se ve extrapolada en la capital de la Costa del Sol, en el arco y las flechas de Javi Gracia.

El Málaga CF es una de la revelaciones de la temporada a estas alturas del año. Con una plantilla confeccionada desde la directiva para asegurar la salvación, el equipo campea en una séptima plaza que puede garantizar —si las quinielas aciertan el transcurso de la Copa del Rey— un puesto para la próxima edición de la Europa League.

Javi Gracia ha perfilado sus propios utensilios y herramientas que recogió allá por el 30 de mayo del pasado año. Una plantilla joven, aún muy verde y que todavía debía ser tratada para su evolución. Él no tuvo dudas, creía en aquella ‘madera’ que recibió y que podía ser pulida y tratada para la guerra que se le venía. Un plantel largo, con muchas piezas que encajar pero con un modelo visible, con el que podía elaborar su propio estilo. La paseó por Australia, Alemania y Suiza para calibrar que debía apuntalar y afilar. Tras nueve meses en Málaga, el técnico navarro ya tiene su arco y sus flechas.

Tras una fatídica cuesta de enero que se prolongó más de lo deseado, las dos últimas jornadas del Málaga han sacado a relucir la mejor versión de los blanquiazules, frente al FC Barcelona en el Camp Nou y frente al Getafe en La Rosaleda. Gracia ha tensado su arco y ha afilado sus cuatro flechas.

Sergi Darder (21 años) se ha convertido en el arco de Javi Gracia. Es el principio de la función creativa que han desarrollado los pupilos del navarro. Las dos fases principales, la transición ofensiva y la defensiva, las abandera el jugador de Artà. El canterano es el tercer máximo recuperador (133) del conjunto malagueño —por detrás de Camacho (230) y Weligton (197)—. Él desencadena el mecanismo certero y veloz que dispara a las jóvenes flechas que preparó el pamplonica. Cae al suelo, roba y da el primer pase de una tromba protagonizada por Samu Castillejo (20), Ricardo Horta (20), Samu García (24) y Juanmi (21).

El 4-4-2 ha terminado por imponerse en la armonía táctica de este Málaga. Más compacto por dentro y más propicio para la contra desbocada. La solidez y serenidad de Ignacio Camacho en el centro del campo permite a Darder ser un arma más, ser parte de la función y no el director de la orquesta. Capacidad para ser el preámbulo del compás frenético que supone un contragolpe boquerón, y a la vez, el cierre de oro de una latigazo a más de 110 kilómetros por hora. Y no lo digo yo, lo dice Del Bosque: “Lo está haciendo francamente bien”.

El baile de flechas que acorrala y despista a cualquier zaga tiene a Juanmi como punta más venenosa. Son seis las dianas que acumula el coíno en un total de 23 disparos. Principal baluarte goleador de este ‘Baby-Málaga’. El canterano es el ‘9’ en funciones tras la marcha de Roque Santa Cruz, el devenir de Nordin Amrabat y las tortuosas molestias de Javi Guerra. Juanmi ha sabido adaptarse al área y entender la exigencia, en kilómetros, que sufrirá en cada partido con sus idas y venidas constantes. Él es la primera línea de presión en transición defensiva, e incluso la más importante, de la que un robo puede depender el salto automático al último eslabón que les conduzca al gol.

Las dos últimas jornadas hemos vuelto a ver a Samu García en la posición donde creció y despuntó en el Atlético Malagueño, en Tercera División. Volvió a ser la pareja del ‘9’, o en este caso, la otra referencia. Frente al Barça y al Getafe se ha podido apreciar la asociación con su paisano y facilidad con la que se intercambiaban los papeles. Uno conducía la contra —siempre a la carrera, sin frenos, salga bien o mal— y otro aguanta hasta el último paso que recula el rival para lanzar el desmarque. O viceversa. Tras un arranque dubitativo, el del barrio de La Luz lleva media temporada escorado a banda donde ha podido explotar su sacrificio defensivo (71 recuperaciones y 33 de 73 tackles efectivos), su facilidad para aparecer por dentro, sus desmarques de ruptura y la exquisita diestra que posee (16 pases de gol).

Ricardo Horta, el extremo que llegaba de Setúbal el pasado verano lleva dos jornadas consecutivas partiendo como titular. Ha venido siendo una pieza de refresco para Javi Gracia pero con el cambio de dinámica se ha instalado en la banda derecha que dejó Samu huérfana. Una vez interiorizado el chip táctico que exige la competición española, se está empezando a ver ahora a un jugador resolutivo, sobre todo, en los últimos metros. Pese a ser el jugador que menor número de minutos ha disputado de las cuatro ‘flechas’ (1.056), es, con diferencia, el que más veces ha disparado (30) en esta liga. Ya lo decía Husillos en su presentación: “Es un futbolista que va a levantar a la gente del asiento”, y así lo hizo el pasado fin de semana en Getafe con un remate acrobático tras el pase del ‘canío’.

Ese es Samu Castillejo, una de las revelaciones de esta temporada. El de Huelín ha vivido los nueve meses más frenéticos y radicales de la evolución y transformación que representa la ‘madera’ de Javi Gracia. Tremenda la confianza del técnico navarro en un jugador que se salió en 3ª División con el Atl. Malagueño. Su escueta complexión y su adulterada gambeta por el ‘fútsal’ le hacen ser un jugador diferente, algo vintage. Recuerda a los clásicos extremos, siempre te encaran y no paran de intentarlo. Es el jugador de toda la plantilla que más intentó el drible (70), sí es cierto que su efectividad (28) está por mejorar. Sus 1.647 minutos —más que cualquiera de las otras ‘flechas’—, han sido suficientes para su presentación. ‘Casti’ es un jugador inesperado, vertiginoso e incómodo en la conducción del esférico y capacitado técnicamente para finalizar cada acción que elabora. Junto a Amrabat, es el máximo asistente del cuadro blanquiazul (3) y que pese a su falta de puntería de cara a puerta en esta temporada (un gol), ya demostró en el filial blanquiazul que el término goleador va con él (16 tantos en fase regular y ascenso).

Expuestos sobre el tapete, el arco y las flechas de Javi Gracia se basan en unos principios básicos. En transición defensiva, el equipo repliega con celeridad y junta mucho las líneas en un 1-4-4-2 muy retrasado. La idea principal es evacuar el juego rival de la zona interior y expulsarla a los extremos dónde se suceden ayudas constantes. La anticipación de Camacho, Weligton o Angeleri y la presión inicial de las cuatros ‘flechas’ tras pérdida, son otros de los factores que desencadenan la fase ofensiva. Normalmente, suelen dar prioridad al contragolpe como atajo hacia al área en una galopada de cualquiera de los estiletes. Buscando siempre al compañero más ‘despejado’ o aquel que tire el desmarque. En ese punto, no hay orden. El rival pierde el norte ante la incesante cambio de demarcaciones que ejecutan en tres cuartos. Samu puede reaparecer por derecha, Casti por dentro, Juanmi a izquierda y Horta en el punto de penalti. Cualquier combinación que imaginéis, no hay ley.

La temporada de los de Javi Gracia está siendo sorprendente. Tras el 3-2 ante el Getafe, el discurso ha cambiado y Europa es el nuevo reto. “El objetivo de la temporada ya está cumplido. El equipo va a seguir siendo ambicioso hasta el final” decía el propio entrenador. El equipo blanquiazul tiene dos meses y medio para confirmar el estado alegre y desenfadado actual o dejarlo en un simple espejismo. La pelota está en su tejado.

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