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El aprendiz de mago ya domina los trucos en Roma

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Enrique JULIÁN GÓMEZ – Apenas 18 años contaba Miralem Pjanic cuando el Olympique Lyon le echó el guante sacándole del modesto club de la ciudad fronteriza de Metz. De origen bosnio, sus padres tuvieron que huir con él de la guerra balcánica y emigrar a Luxemburgo. Miralem ya había heredado el amor por el fútbol de su padre, se inició sobre el campo en ese pequeño país encajado entre Francia, Alemania y Bélgica y más tarde su calidad destacó enseguida entre los juveniles galos, ya con la camiseta del Metz.

El Lyon llegaba en 2008 de una racha de record, tras conseguir siete campeonatos de liga consecutivos. El gran líder, referencia y símbolo de ese equipo era Juninho Pernambucano, el mediocentro brasileño de clarividente toque y con un guante en el pie derecho para todo lo que tuviera que ver con el balón parado. Una temporada coincidió con él Pjanic en Gerland, lo suficiente para mejorar su capacidad técnica a su vera y adquirir una técnica de disparo, en juego y con la pelota parada, que recuerda mucho a la del mago de Recife.

[VÍDEO | 75 goles de falta directa de Juninho Pernambucano]

Comparado desde entonces de manera irremediable con la figura de Juninho, Miralem, que en ese Lyon no jugaba de mediocentro como Pernambucano sino más adelantado, en la mediapunta, se encontró quizás con una losa comparativa demasiado grande entonces para un futbolista que todavía no contaba 20 años. Aun así, le dio tiempo para eliminar con su gol al Real Madrid -como los que le hacía su 'maestro' Juninho en años precedentes- en los octavos de Champions League. Ya en el verano de 2011, tras un año en el que la clase de Pjanic quedó injustamente a la sombra del millonario y decepcionante fichaje de Gourcuff, la Roma anduvo hábil para hacerse con su traspaso por poco más de diez millones de euros.

El aprendiz dejaba la escuela de Lyon para marcharse con su magia a otro lado en el que poder explayarse con más libertad. Y a Pjanic le costó lo suyo en la capital italiana, en parte por una irregularidad e inconstancia que ya le había lastrado por épocas en Francia, también por un club a la deriva en el que ni Luis Enrique primero ni Zeman más tarde dieron en ningún momento con la tecla justa. Los trucos de Pjanic aparecían con cuentagotas hasta que la llegada de Rudi Garcia le ha servido, al igual que a todo el equipo, como revulsivo.

En una medular que representa a la perfección el equilibrio de la nueva Roma, con De Rossi de hombre-escoba y Strootman de motor, Pjanic encuentra libertad absoluta para echar mano de su repertorio. Reparte juego, dirige, conduce, engancha con el frente de ataque, perdiendo pocas veces la noción posicional y el equilibrio táctico que le reclama su entrenador.

En el decisivo partido con el Napoli, Miralem Pjanic, además de dominar el mediocampo, anotó dos goles, uno con un tiro libre perfecto a la escuadra, el otro con un penalty lanzado de manera impecable e imparable. Tres goles ya en lo que va de campeonato, además de cuatro asistencias y una influencia creciente en el juego. Ni siquiera la ausencia de Totti lesionado lastró su rendimiento contra el Napoli.

La Roma de Garcia, que ya se ha enfrentado con Lazio, Inter y el mismo Napoli, cuenta todavía todos sus partidos, ocho, por victorias -históricamente un inicio de Scudetto seguro- con 22 goles a favor y solo uno en contra. Pieza clave en ello está siendo Pjanic, que ya ha dejado su época de aprendiz para dominar los trucos que dirigen a esta exitosa, al menos de momento, Roma.

[Sigue toda la actualidad de la Roma en @ASRomaSphera]

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