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Juventus, el aliento del tetracampeón

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Sin las arrancadas de talento de potrero de Tévez entre líneas, las caídas profundas de Morata hacia los costados perdieron su efecto. Sin el lápiz privilegiado de Pirlo para regalar una ventaja previa al gol en los carriles, el área dejó de ser cargada con efectividad. Sin la aleación de garra, punch y juego de Arturo Vidal en la zona ancha, los centrales, desprotegidos, comenzaron a ser hostigados intramuros de su propia fortaleza. Y con los tres tenores fugados, Pogba llenó en exceso su mochila con la responsabilidad propia del jugador franquicia que es sin serlo, Allegri se rascó la cabeza hasta casi el espasmo intentando reconstruir el puzzle pero mirando el dibujo de la tapa del rompecabezas anterior ya deshecho y, consecuentemente, la Juventus perdió parte de sus certezas y un considerable tanto por ciento de su trabajada aura de invencibilidad.

Reestructurar la riqueza táctica

Hasta cuatro esquemas de base diferentes (3-5-2, 4-3-1-2, 4-3-3 y 4-4-2) ha puesto en liza Massimiliano Allegri en la veintena de partidos que ha disputado su equipo desde que comenzase la temporada, en los que ha cosechado poco más del cincuenta por ciento de victorias. Números famélicos para un club como la Juventus. De la riqueza y variedad táctica sumamente equilibrada y provechosa, seña de identidad del técnico livornese durante el año pasado, la Vecchia Signora pasó a vagar hasta perderse por los muy diferentes dibujos utilizados a lo largo del inicio de la actual campaña. Una amalgama inestable que ha sido uno de los motivos principales del despiste generalizado.

La transición era inevitable y los desajustes si no lógicos, sí comprensibles hasta cierto punto. El transatlántico del Calcio aún no ha alcanzado su velocidad de crucero pero ha logrado revitalizar sus constantes de tetracampeón tras ser el único equipo capaz de enlazar cuatro victorias en las cuatro últimas jornadas de Serie A. Una racha que ha permitido a los bianconeri colocarse a rebufo de Roma, Fiorentina, Inter y Napoli, respectivamente. Un cuarteto que ha dejado de frotarse las manos y al que se le ha empezado a borrar la sonrisa burlona para empezar a mirar de refilón y con recelo a una Juventus que aparece ya, con paso firme, en sus retrovisores.

Hubo dudas y, en parte, las sigue habiendo, especialmente en ataque, pero con un mito orgulloso y vivaz bajo palos y una línea defensiva experta, identificada y arraigada en sus variantes, la Juventus ha restablecido sus cimientos de equipo vencedor, ha dejado de mostrarse desnortada, ha vuelto a negar con rotundidad su área y ha comenzado a comportarse como lo que nunca han dejado de ser: el candidato número uno al Scudetto.

A partir de los ladrillos puestos por la vieja guardia, todo empezó a aclararse. Marchisio recuperó la regia tras su lesión y pasó la bayeta al juego que hasta entonces trataban de canalizar, sin conseguirlo, Padoin o Hernanes. Pogba, a su izquierda, se liberó de tener que bajar a iniciar, potenció sus conducciones dinamiteras por el carril del diez hacia el arco adversario y demostró ser mejor futbolista como colíder que como estandarte único. Y junto al interior compacto en el otro costado, ya sea Khedira o el soldadito Sturaro, consolidaron tácticamente las dos primeras líneas de Allegri y supusieron la base para reinstalar el orden en la distribución de los espacios sobre el césped y potenciar nuevamente la presión efectiva en campo rival.

Un reajuste evidenciado tanto en el 3-5-2 como en el 4-3-1-2, aunque éste último haya sido menos usual desde el realce del nivel y, sobre todo, de los resultados. El previamente sospechado bajo rendimiento de Hernanes también como trequartista y su posterior lesión, así como la ausencia en el plantel de un recambio de garantías en la mediapunta, muy a pesar de las peticiones de Allegri, han propiciado que la Juventus, sin menospreciar su abanico de variantes, haya consolidado el primero de los dibujos como lienzo principal desde la alentadora victoria in extremis en el derby della Mole a finales de octubre. Una reforzada apuesta por los automatismos más clásicos e interiorizados por el grupo que ha tenido, además de un auge colectivo, sus consecuencias nominales colaterales, al menos momentáneamente.

 

Dybala, la respuesta

Con prácticamente todo reafirmado hasta llegar a tres cuartos de cancha, la zona donde las incertidumbres de Allegri y de la Juventus siguen en zozobra y en proceso de cambio, Dybala ha dicho por fin esta boca es mía y precisamente en esa parcela, el gran fichaje ha dado un gran paso al frente tras un inicio inquietante y falto de confianza por parte del míster. El argentino, tras alzar la voz mediante su fútbol, ha reclamado un espacio como el que más hasta conseguir un hábitat favorable y una disposición de los elementos sobre el rectángulo de juego que enfatice y convenga a su energía productiva. No en vano, es el máximo goleador de la Juventus en este inicio de campaña, con los mismos tantos en Serie A que los otros tres puntas de la plantilla juntos, y un creador constante de ataques de calidad y de asistencias.

Queda claro que Dybala necesita el carril central y que alcanza su mejor rendimiento en él. Es por el centro y ligeramente tirado a la derecha donde su zurda aglutina mucho del peso de la fase ofensiva y desde donde puede sacar lo mejor de sí de cara al arco aunque pululando siempre con libertad por detrás de la referencia de área. Un papel de nueve que, con el 3-5-2 imperante actualmente, está recayendo en un Mandzukic ideal para rematar lo que los carrileros, afilados como cuchillos, generan hacia la zona cero del gol desde el lateral, en detrimento de un Morata relegado últimamente a revulsivo desde el banquillo.

Alex Sandro y Cuadrado, filones por explotar

“Lo importante ahora son los resultados, no alcanzar nuestro mayor potencial técnico”. Con tal premisa no es extraño que Allegri no haya afianzado al unísono en el once a dos jugadores capaces de alcanzar picos tan altos de puro rendimiento individual como son Alex Sandro y Cuadrado pero sí que resulta sorprendente. El técnico ha optado por dos parejas de carrileros fijas y no permutables hasta ahora. Cuando juega Cuadrado como falso largo lateral por derecha, es Evra el titular en la izquierda. Cuando es, en cambio, Alex Sandro quien ocupa el puesto del francés, Lichtsteiner es el que deja al colombiano sentado en el banquillo. Una cuestión de puro equilibrio aunque el rendimiento, por separado, de Alex Sandro, que funciona a las mil maravillas cerca de Pogba en esa banda izquierda, y de Cuadrado ha sigo innegable en las últimas semanas y el curso natural de la temporada debería desembocar en una frecuente titularidad compartida.

Más aún teniendo en cuenta que Cuadrado, más difuso en su disciplina táctica, ha funcionado muy bien en ese 3-5-2 híbrido en el que es capaz de ejercer de carrilero en repliegue, de ala en construcción formando un 4-4-2 y de extremo por derecha en un 4-3-3 en fase ofensiva, con Barzagli como ocasional lateral diestro. Un recurso polivalente, plagado de la valiosa improvisación, desborde, regate, velocidad y peligro que aúna el sudamericano que, tiene como hándicap la exigencia de grandes dosis de intensidad prolongada y grupal y de un volumen muy alto de mando en la mitad de cancha rival pero que es demasiado valioso como para no tratar de consolidarlo con el tiempo, pese a que es evidente que Cuadrado no va a tener nunca en la Juventus un rol neurálgico como el que tenía en Florencia.

 

¿Sostiene Pereyra?

A la espera de lo que puedan traer o no los Reyes Magos en el mercado invernal, Allegri se ha echado en brazos del 3-5-2, siendo Álvaro Morata el gran sacrificado. El español no es el mismo que terminó la temporada pasada, parte, de momento, como la segunda opción en la punta del ataque y ha quedado desplazado a la banda izquierda cuando la Juventus ha jugado con tres atacantes. Una posición en la que el ex madridista no se encuentra cómodo, que le obliga a un énfasis defensivo demasiado artificial para él y que le aleja del epicentro propicio para explotar de forma mucho más eficaz sus desmarques de ruptura y sacar a relucir su refinada pólvora. Pese al ostracismo circunstancial, Morata no ha dejado, ni mucho menos, de contar para su entrenador y es posible que su suplencia sea únicamente transitoria.

La prolongada ausencia de Pereyra y la nula incidencia de Hernanes en la mejoría bianconera, han sido factores determinantes para dejar ligeramente de lado el 4-3-1-2 que ciertamente casa mejor con la esencia de Allegri como entrenador y con la búsqueda esgrimida durante el curso anterior. Con Pereyra a punto de regresar a los terrenos de juego, la Juventus podría recuperar con garantías la segunda de sus alternativas de juego, volver a ponerla en ristre y tener de este modo, una doble punta que ofrezca dos preciadas vías de pase y desmarque y que genere corrimientos en la zaga enemiga para que penetre la segunda línea. Es decir, sumar al aleteo perspicaz de Dybala los fantásticos movimientos a espaldas de la defensa de Morata y acercar al gol a más elementos.

Una delantera Morata – Dybala era y sigue siendo la esperada por todos pero para mantener el ansiado y requerido equilibrio, la figura del mediapunta estajanovista inventada por la Juventus y representada por Pereyra puede ser crucial, tal y como es el argentino una pieza perfecta para ser vertical y, al mismo tiempo, trabajarse los apoyos y permitir las necesarias subidas de los laterales, pese a que éstos estén integrados en una línea defensiva de cuatro en lugar de cinco miembros. Es ese dibujo, que no ha cuajado sin Pereyra en el once, el gran aliado para que Morata vuelva a tener más minutos, recupere su puesto y se acerque a su mejor juego sin que el equipo pierda un ápice de su actual calibrado balance y gane, quizá, un punto de chispa y frescura. Y es que pese a la consolidación actual del 3-5-2 como necesario tranquilizante para corregir el confuso maremágnum inicial, Allegri seguirá apostando a buen seguro por continuar haciendo más fuerte y variopinto a su equipo en lo táctico, dotándolo, en definitiva, de capas de recursos mudables, sólo que, ahora, puntuales y escogidas en lugar de desconcertantes.

 

La perenne mentalidad ganadora

Volver a ganar para seguir ganando. Seguir ganando para continuar creciendo. No hay un mejor caldo de cultivo que la victoria. Ni tampoco un mejor bálsamo. Y en un club donde ganar es lo único que cuenta, acumular triunfos es, si cabe, mucho más importante. La Juventus tiene una plantilla envidiable nombre por nombre, la mejor de Italia sin lugar a dudas, a pesar de que algunos de los fichajes del pasado verano se han evidenciado como tácticamente superfluos o descompensados, y atesora como envidiado suplemento todo el carácter ganador del mundo, una mentalidad de hierro que es la principal fuerza motriz del equipo.

Con la idea de fondo recompuesta, cada eslabón ha reforzado la cadena de lo colectivo, que siempre ha primado sobre lo individual, y aunque quizá falte todavía dar una mayor rienda suelta a la calidad y al talento de algunos jugadores y el dilema en la parte de arriba del equipo siga encima de la mesa de Allegri a la espera de ser gestionado sabiamente, la Juventus ha apretado los dientes, ha repuesto su orgullo herido y pese a que no transmitido todavía sus mejores vibraciones, ha reajustado sus hábitos, su solidez y su propuesta y ha vuelto a infundir respeto, convencida de que la remontada ha comenzado a tiempo y de que es totalmente posible. Con cuatro campeonatos consecutivos bajo el brazo y una vez encauzado su potencial, solamente un loco o un temerario o un loco temerario se atrevería a descartar a la Vecchia Signora de cara a la lucha por el Scudetto. Es la propia Juventus la única capaz de hacerlo y no parece, en absoluto, dispuesta a ello.

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