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El alarmante número de muertes de futbolistas

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Enrique Julián Gómez – La muerte del delantero ecuatoriano Christian Benítez ha vuelto a golpear trágicamente al mundo del fútbol. Nada se pudo hacer por la vida del “Chucho” tras el paro cardiorrespiratorio que sufrió a causa de una peritonitis en su nueva casa en Doha. Uno de los mejores jugadores de Ecuador, goleador consumado en el América de México y que acababa de firmar el contrato de su vida con el Al Jash qatarí. Fallecía a la joven edad de 27 años.

Por desgracia, la repentina muerte de Christian Benítez no es ni la primera ni probablemente será la última que suceda en el fútbol profesional. Las cifras en los últimos años son alarmantes, ya que hasta 11 futbolistas profesionales han muerto a temprana edad durante la última década, a los que ahora se une Benítez.

El camerunés Marc-Vivien Foé durante la Copa Confederaciones de 2003; el húngaro Miklos Féher con el Benfica en 2004; el brasileño Serginho, del Sao Caetano, también en 2004; el internacional egipcio Mohammed Abdelwahab, del Al Ahly en 2006; el español Antonio Puerta, del Sevilla y el zambiano Chaswe Nsofwa, del Hapoel Beersheba  en agosto en 2007; el capitán del Motherwell escocés Phil O´Donnell en diciembre de ese mismo año; el capitán del Espanyol Daniel Jarque en 2009; el internacional japonés Naoki Matsuda, del Matsumoto Yamaga en 2011; Piermario Morosini, jugador del Livorno, en 2012 y el croata Alen Pamic, del Istria, el pasado mes de junio.

La incidencia de las muertes no traumáticas por fallos cardíacos en jóvenes futbolistas profesionales -de esta lista, solo dos superaban los 30 años de edad- es trágicamente alta, no solo más que la media normal, sino también que en otros deportes. No solo fallecimientos, sino también casos como los de Rubén De la Red o el más reciente de Fabrice Muamba, que por fortuna sobrevivieron.

¿Qué ocurre? Las dudas rodean las causas de estas muertes, ya que la mayoría de ellas queda poco clara. Se habla de pequeñas arritmias comunes que solo se manifiestan cuando se practica deporte de élite; también de enfermedades cardíacas congénitas, como la que se reveló tras la muerte de Antonio Puerta; o de simples causas naturales. Otras voces hablan del dopaje como causa, tanto sanguíneo, apenas controlado en el mundo del fútbol -de hecho solo se implantarán controles de sangre en partidos europeos de clubes desde la próxima temporada-  como por otras sustancias ilegales potenciadoras del rendimiento como hormona del crecimiento o esteroides anabolizantes. Esto último recuerda a la muerte repentina de ciclistas profesionales durante finales de los '80 y años '90, o en el bienio negro 2003-2004, cuando murieron 8 ciclistas profesionales por paros cardíacos, siempre vinculados al consumo masivo de EPO.

O simplemente, la incidencia de este tipo de muertes en el fútbol no sea más que una macabra y triste casualidad. Solo queda desear que se investiguen a fondo todas estas muertes y que se tomen el mayor número de medidas preventivas y controles posibles para evitar que casos como este sigan repitiéndose, o al menos no lo hagan en tal medida, en el mundo del fútbol.

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